Autor anónimo del Corpus Dionysiacum (Los nombres divinos, La teología mística, La jerarquía celeste y La jerarquía eclesiástica), escrito con toda probabilidad en ambiente sirio entre finales del siglo V y comienzos del VI. Bajo el pseudónimo del ateniense convertido por san Pablo (Hch 17,34), creó la síntesis entre neoplatonismo y teología cristiana que fundó la teología apofática y la mística de la deificación en Oriente y Occidente.
El autor real no es el Dionisio del Areópago del siglo I: es un anónimo, casi con seguridad sirio, cuya obra se data entre c. 485 y 528 (primera cita segura: Severo de Antioquía). Se han propuesto identificaciones (Pedro el Ibero, Damascio, Sergio de Resaina, Severo) sin ninguna certeza; se desconocen por completo su nombre, fechas y lugares.
Obrar mal es salirse del buen camino; es que uno contradiga su verdadera intención, su naturaleza, su causa, su principio, su fin, su definición, su voluntad; en una palabra, su esencia misma
Como hemos dicho, ninguna imaginación tiene lugar de ser ante Dios. Pues Dios está sencillamente, de una vez para siempre, más arriba que todo y más allá de todo pensamiento
El principio de todo perfeccionamiento y de toda santificación
[Gracias a la] enérgica tensión de su querer hacia el Uno, todo lo que en el hombre era desorden se ordena
Si bien es cierto que la Santa Trinidad está presente en todos los seres, no todos los seres residen en Ella. Pero, suplicándole con santas oraciones..., nosotros también residiremos en Ella
[La actividad circular del espíritu] es su actividad más excelente y más propia
[En el movimiento circular, el espíritu] no se expande hacia fuera, sino que entra en sí mismo
Del amor Él es la causa y, en cierto sentido, el productor y engendrador