Monje del desierto egipcio del siglo IV, discípulo de los capadocios y de Macario, primer gran sistematizador de la vida espiritual. En el 'Práctico', el 'Tratado sobre la oración' y el 'Antirrhetikos' elaboró la doctrina de los ocho pensamientos (logismoi) y de la apatheia, base de toda la terapéutica ascética posterior, transmitida por Casiano y por la Filocalía.
Condenado en 553 por su origenismo, se le venera sin título de santo en la tradición bizantina, aunque las Iglesias siríaca y armenia lo tuvieron por padre espiritual.
[El que sufre acedia] se ve llevado a desear otros sitios en los que pueda hallar más fácilmente aquello que necesita
El demonio de la acedia, al que también se le llama ‘demonio de mediodía’, ataca al monje hacia la hora cuarta y asedia su alma hasta la hora octava
A este demonio [de la acedia] no lo sigue inmediatamente ningún otro
Al pensamiento de la acedia no lo sigue ningún otro pensamiento, primero porque dura, luego porque contiene en él todos los pensamientos
Uno no debe abandonar la celda a la hora de las tentaciones, por muy plausibles que sean los pretextos que se haya forjado para ello, sino que debe resistir sentado en su interior, ser paciente y recibir con valentía a todos los asaltantes, principalmente al demonio de la acedia
Cuando te asalte el demonio de la acedia, no abandones la casa ni esquives la lucha
Cuando te asalte el espíritu de la acedia, no abandones tu casa, y no esquives en el momento oportuno la lucha provechosa, pues, igual que se blanquea la plata, así se volverá de brillante tu corazón
En el momento de las tentaciones no se debe dejar la celda..., sino recibir valientemente a los asaltantes, a todos ellos, pero sobre todo al demonio de la acedia que, puesto que es el más opresivo de todos, la pone a prueba en el más alto grado
La acedia es reprimida por la paciencia (ύποµονή)
Cuando tropecemos con el demonio de la acedia..., pronunciemos con David, sembrando en nosotros buenas esperanzas, este encantamiento: ‘¿Por qué estás triste, alma mía, por qué me perturbas? Espera en Dios, pues yo lo alabaré, a El, salvación de mi rostro y Dios mío’ (Sal 41, 6)
Derramar lágrimas es un gran remedio contra las visiones de la noche engendradas por la acedia. El rey David aplicaba este remedio sabiamente a sus pasiones, diciendo: ‘Estoy agotado de gemir, de llorar sobre mi cama cada noche e inundar mi lecho con mis lágrimas’(Sal 6, 7)
Nuestro muy santo y experimentado maestro solía decirnos: ‘El monje tiene que estar siempre preparado, como si fuera a morir al día siguiente... En efecto -decía él-, esto suprime los pensamientos de la acedia y vuelve al monje más celoso’
[El demonio de la acedia] le representa [al hombre] qué larga es la vida
[La] fe inflexible no admite ningún arrebato de temor