Monje e higúmeno del monasterio de la Zarza Ardiente en el Sinaí, heredero de la tradición hesicasta de san Juan Clímaco y de Hesiquio el Sinaíta. Sus «Cuarenta capítulos sobre la sobriedad» (nepsis), incluidos en la Filocalia, son un manual clásico de vigilancia del corazón y de guarda de los pensamientos.
Datación muy discutida: no se conserva ningún dato biográfico seguro y solo puede afirmarse que vivió antes de 1100; los estudiosos lo sitúan con más probabilidad en el siglo IX, aunque también se han propuesto los siglos VII, X y XI. Se desconocen su nacimiento y las circunstancias de su muerte.
Jesús, al que se ha invocado, [es quien] expulsa a los demonios y sus fantasías
El recuerdo... de Jesús... disipa de forma natural todos los sortilegios de los pensamientos, las reflexiones, los razonamientos, las imaginaciones, las formas tenebrosas, en una palabra, todo aquello mediante lo que el malhechor se prepara para luchar contra las almas y se enfrenta a ellas... Si lo invocamos, Jesús consume todo fácilmente
Cuando [el alma] empiece a rezar a Dios y a velar gracias a la oración, entonces, gracias a la oración, se verá libre de las tinieblas. Es imposible liberarse de otro modo. Pues entonces el alma puede reconocer que dentro del corazón existe otra lucha, otra oposición escondida, otra guerra contra los pensamientos de los espíritus del mal
Hemos recibido la ley de la purificación del corazón solo por esta razón: cuando las nubes de la malicia hayan abandonado el espacio del corazón y hayan sido disipadas por una atención continuada, podremos con toda pureza, como en un cielo sereno, ver a Jesús, el Sol de Justicia
Si van juntas a lo largo de los días, la atención y la oración son semejantes al carro de fuego de Elías: elevan a lo alto del cielo a aquel a quien llevan... Si con un corazón dichoso él lleva a cabo o se esfuerza por llevar a cabo la vigilancia..., en el orden de la contemplación y de la elevación místicas, se convierte en el espacio de Dios que nada puede contener