Sacerdote, monje y, según la tradición, higúmeno del monasterio de la Madre de Dios de la Zarza Ardiente (Batos) en el Sinaí, autor del tratado Sobre la sobriedad y la virtud (Sobre la vigilancia y la santidad), en 200 capítulos dirigidos a Teódulo. Es uno de los textos fundamentales de la Filocalia sobre la nepsis, la guarda del corazón y la oración de Jesús como remedio de los pensamientos.
Datación muy discutida: posterior a san Juan Clímaco (siglos VI-VII), se le sitúa entre los siglos VII y IX, con preferencia por el VIII-IX; no se conservan datos de su nacimiento y a menudo se le ha confundido con Hesiquio de Jerusalén.
[La vigilancia] libera por entero al hombre de los pensamientos apasionados y de las malas acciones, si se persigue larga y ardientemente..., proporciona, en la medida de lo posible, un conocimiento seguro de lo Incomprensible, y... abre los misterios divinos y ocultos
Procura no tener en tu corazón ningún pensamiento, ni irracional ni racional
Preserva tu corazón de todo pensamiento, incluso aunque parezca bueno
Que se llame a la custodia del espíritu con sus nombres propios, que le dan todo sus sentido: fuente de luz, fuente de los resplandores, efusión luminosa, portadora de fuego... Por estas luces llameantes que nacen de ella, hay que... llamar a esta virtud con nombres preciosos... Quienes la aman pueden... contemplar los misterios y convertirse en teólogos. Al volverse contemplativos, nadan en esta luz totalmente pura e infinita, la tocan con roces inefables, permanecen y viven con ella, pues al fin han gustado qué bueno es el Señor
Cuando el espíritu se ha despojado por completo de todos los pensamientos y de las formas que estos le imponen, entonces lo ilumina la bienaventurada luz de la Divinidad si es que, gracias al vacío de todos los pensamientos, este resplandor se revela de pronto a la inteligencia pura
La virtud de la atención hace que abunde todo bien en [el] corazón
[La atención permite al hombre ver] claramente en espíritu a Cristo... con su Padre consustancial y el Espíritu Santo adorable
O más bien es nuestro Señor Jesucristo, sin el que nosotros no podemos hacer nada, quien te dará estas cosas