Juan Casiano — 13 citas

Volver

JuanCasiano

Patrísticac. 360 – c. 435
Nacimiento Escitia Menor, región de Dobrudja (actual Rumanía, cerca de Constanza) (aproximado)
Muerte Marsella, Galia Narbonense (actual Francia)
Tradición Monje latino
Mapa Marsella, donde murió

Monje de los siglos IV-V, formado en Belén y en el desierto egipcio, fundador de monasterios en Marsella. Sus 'Instituciones cenobíticas' y sus 'Colaciones' transmiten a Occidente la doctrina de los Padres del desierto, en particular el análisis de los ocho pensamientos o vicios capitales heredado de Evagrio.

Su origen escita (Dobrudja) es el más aceptado, pero algunos investigadores defienden un nacimiento en la Galia.

Sobre castidad · 13 citas

[La terapéutica de la lujuria] requiere especialmente, además de los remedios espirituales, la práctica de la templanza [corporal]

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, V, 4. Cf. Juan de Gaza, Cartas, 248

La ciencia de los médicos espirituales se aplica primero a considerar la causa primera de semejantes enfermedades, que consiste en el exceso de alimentación

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XXII, 6. Cf. Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, V, 11; 20; Conferencias, V, 10; XXII, 3

Es necesario sustraer a la concupiscencia los objetos que la inician, no vaya a ser que ella se precipite a saciarse

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, V, 4; Instituciones cenobíticas, VI, 3

Esta enfermedad [la lujuria], aparte de la mortificación del cuerpo y la contrición del corazón, exige también la soledad y la calma para poder hacer que decaiga la malvada fiebre de las pasiones y sanar por completo. Igual que a aquellos que padecen una determinada enfermedad les resulta útil que no les dejen ver siquiera los alimentos que les sentarían mal, para evitar que conciban un deseo que sería fatal, lo mismo la calma y la soledad son muy útiles para combatir esta particular enfermedad, a fin de que el espíritu enfermo deje de ser estorbado por múltiples imágenes y logre una mirada interior más pura, y desarraigar más fácilmente la hoguera pestilente de la concupiscencia

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, V, 4; Instituciones cenobíticas, VI, 3

[El enemigo] nos ataca en dos frentes; debemos, pues, resistir en ambos. Y lo mismo que él extrae su fuerza o su debilidad tanto del cuerpo como del alma, no puede ser repelido más que por aquellos que luchan en los dos planos

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VI, 1

Si estamos decididos... a luchar con las reglas del combate espiritual, concentremos todos nuestros esfuerzos en dominar este espíritu impuro poniendo nuestra confianza, no en nuestras fuerzas, pues la actividad humana no sería nunca capaz de ello, sino en la ayuda del Señor. Pues el alma será atacada necesariamente por este vicio mientras no reconozca que lleva a cabo una guerra por encima de sus fuerzas, y que el esfuerzo y la aplicación que pone en ella no pueden obtener la victoria si el Señor no acude en su ayuda y lo protege

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VI, 5; Conferencias, XII, 4 (cf. 15-16)

En medio del trabajo continuo, hay que aprender de la maestra que es la experiencia, que [la castidad] es un don generoso de la gracia divina

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VI, 5; Conferencias, XII, 4 (cf. 15-16)

Cuanto más se crece en mansedumbre y paciencia, más se aumenta en pureza del cuerpo

Juan Casiano Cf. Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, V, 10-11; VI, 1; 23. Cf. Juan Casiano, Conferencias, XII, 4

Para vencer en los combates que la pasión suscita en nuestra carne, hemos de pertrecharnos con las armas de la mansedumbre

Juan Casiano Cf. Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VI, 18; VI, 23; Conferencias, XII, 6

El remedio más eficaz para el corazón humano es la paciencia

Juan Casiano Cf. Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VI, 18; VI, 23; Conferencias, XII, 6

Mientras queda alguna atracción por la voluptuosidad, no se es casto

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XII, 10. Cf. Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, XV, 162

Así es la consumación de la verdadera castidad: ya no tiene que combatir contra los movimientos de la concupiscencia carnal, sino que los detesta con un horror total, y se conserva en una constante e inviolable pureza

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XII, 11. Cf. Basilio de Cesarea, Cartas, II

En la misma medida en que podemos fácilmente mantenernos en guardia contra [esta enfermedad] y rechazarla, así también, si por negligencia, la dejamos entrar en el corazón, se vuelve más peligrosa que todas las demás enfermedades y más difícil de rechazar

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VI, 2 (cf. VI, 21)