Monje de los siglos IV-V, formado en Belén y en el desierto egipcio, fundador de monasterios en Marsella. Sus 'Instituciones cenobíticas' y sus 'Colaciones' transmiten a Occidente la doctrina de los Padres del desierto, en particular el análisis de los ocho pensamientos o vicios capitales heredado de Evagrio.
Su origen escita (Dobrudja) es el más aceptado, pero algunos investigadores defienden un nacimiento en la Galia.
Hay aquí tres focos de enfermedades del alma tanto más temibles cuanto que son numerosos
[El espíritu del glotón] está como borracho, vacilante, inestable
La gastrimargía y la lujuria... necesitan para consumarse un objeto externo, y no se llevan a efecto sino mediante un acto del cuerpo
El placer que se obtiene de forma natural al comer no es un mal esencial
[El placer,] si no va acompañado de intemperancia... o de algún otro vicio, no se puede decir que sea malo
La regla general que hay que seguir respecto a la templanza es permitirse... el alimento necesario para sustentar el cuerpo, no lo bastante para saciarlo
La sentencia de los Padres está profundamente justificada y demostrada por la experiencia: la medida... de la templanza consiste en la privación que nos imponemos sobre la cantidad de comida; y la perfección de esta virtud, a la que debemos tender, es la misma para todos: parar de comer lo que estamos obligados a tomar para sostener nuestro cuerpo quedándonos con hambre
Que nadie... coma hasta saciarse. En efecto, no solo es la calidad, sino también la cantidad de los alimentos lo que embota la vivacidad del corazón, vuelve más pesados tanto al espíritu como al cuerpo y atiza el fuego de los vicios
El espíritu, entorpecido por la comida, no puede ya guardar la regla del discernimiento..., ya que todos los excesos de comida lo vuelven vacilante e inestable
[Debemos] buscar la templanza... en primer lugar en el testimonio de la conciencia
[El hombre debe] extinguir la concupiscencia del comer [mediante el deseo de la perfección]
En efecto, nunca podremos despreciar el placer de los alimentos terrenos, si nuestro espíritu no se apega a la contemplación divina y no encuentra su felicidad más bien en el amor a la virtud y en la belleza de los alimentos celestiales
[Las pasiones corporales] no se curan sino con un tratamiento doble
La gastrimargía y la lujuria..., que muchas veces se despiertan sin que la voluntad intervenga, a instigación y por el prurito de la propia carne, necesitan un objeto externo para consumarse, y no se llevan a efecto más que mediante un acto del cuerpo... Precisamente, por el hecho de que no se consuman sino por el ministerio de la carne, estos dos vicios requieren especialmente, además de la terapéutica espiritual del alma, la práctica de la templanza corporal
El segundo combate, según la enseñanza recibida de nuestros Padres, es contra el espíritu de lujuria. Dura más tiempo y es más tenaz que todas las demás, y raros son aquellos que logran una victoria completa. Es un combate terrible
La ciencia de los médicos espirituales se aplica primero a considerar la causa primera de semejantes enfermedades, que consiste en el exceso de alimentación