Monje y luego higúmeno del monasterio del Sinaí en los siglos VI-VII, autor de 'La escala del paraíso' (Klimax), tratado en treinta peldaños sobre las virtudes y los vicios. Es el manual clásico de la ascesis oriental, leído íntegramente en los monasterios durante la Cuaresma y fuente capital para la terapéutica de las pasiones.
Su origen se desconoce: la tradición lo hace sirio o palestino y la crítica moderna sugiere la región de Gaza; también se discuten sus fechas (c. 579-649 o c. 525-606).
La castidad es unión íntima con Dios
Es casto quien destierra el eros sensual con el eros divino y apaga el fuego de la tierra con el fuego del cielo
Que el amor carnal nos sirva de modelo para nuestro deseo de Dios
Dichoso aquel que no siente por Dios una pasión menos violenta que la del enamorado por su amada
He visto almas impuras que se entregaban con furia al amor carnal; cuando su experiencia de este amor les condujo al arrepentimiento, trasladaron todo su amor al Señor y, superando entonces todo temor, se aguijoneaban insaciablemente para amar a Dios. Por eso el Señor, al hablar de esta casta pecadora, no dice que hubiera tenido miedo, sino que había amado mucho, y que pudo fácilmente expulsar el amor con el amor (Lc 7, 47)
[Es casto] aquel que posee permanentemente una perfecta insensibilidad a la vista de los seres sensibles y corporales, sea cual sea su diferente belleza o sexo
La regla y la característica de una castidad perfecta y muy pura es mantenerse casi en las mismas disposiciones frente a los cuerpos animados o inanimados, las criaturas racionales o las que están desprovistas de razón
Dichoso en verdad aquel que ha logrado una insensibilidad perfecta ante cualquier cuerpo, cualquier tez y cualquier belleza
Me han contado un hecho que denota una pureza soberana y extraordinaria. Me han dicho que un hombre, viendo un cuerpo de una belleza singular, halló en ello ocasión de adorar y glorificar con sus alabanzas la soberana belleza de la que aquella no era sino la obra, y por esta sola visión se sintió transportado por entero del fuego del amor divino, y se volvió un mar de lágrimas. Y era una maravilla asombrosa ver que, lo que podría haber hecho caer a otro en un precipicio, procuraba coronas a este