Juan Crisóstomo — 21 citas

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JuanCrisóstomo

Patrísticac. 347 – 407
Nacimiento Antioquía de Siria (actual Antakya, provincia de Hatay, Turquía)
Muerte Comana del Ponto (actual Gümenek, provincia de Tokat, Turquía), camino del destierro
Tradición Padre griego

Predicador de Antioquía y arzobispo de Constantinopla entre los siglos IV y V, apodado 'Boca de Oro' por su elocuencia; murió desterrado. Sus centenares de homilías, el tratado 'Sobre el sacerdocio' y su enseñanza sobre las pasiones, la limosna y la penitencia hacen de él una de las autoridades más citadas de la tradición ascética oriental.

Algunas fuentes antiguas adelantan su nacimiento a c. 344-349.

Sobre orgullo · 21 citas

Imaginando que se convertiría en Dios, perdió el estado que poseía

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, XV, 2; LXV, 6; Comentario a san Juan, IX, 2

Este ángel orgulloso los hace caer desde entonces en la misma impiedad, engañándolos con la ilusión de que se volverán semejantes a Dios

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, XV, 2. Cf. también Comentario a san Juan, IX, 2

Los otros males que hay en nosotros provienen de nuestra negligencia, mientras que este lo contraemos haciendo el bien

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre Ozías, III, 1

Lo que la inflamación es para el cuerpo, lo es el orgullo para el alma

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre 1 Timoteo, XVII, 1

El orgullo no es sino un trastorno de la mente, una enfermedad muy grave y cruel que procede únicamente de la demencia, pues no hay nada más insensato que un orgulloso

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Juan, XVI, 4

El que se halla preso de esta pasión no está menos afectado que los locos (µαίνοµένοι)

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Catequesis bautismales, V, 6

No es el conocimiento lo que conduce al vértigo del orgullo, sino la ignorancia

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre 1 Timoteo, XVII, 1

El que es presa de esta pasión pierde, por decirlo así, la lucidez de las percepciones

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Catequesis bautismales, V, 6

El que se eleva por unas cosas que no tienen nada de real, el que infla su corazón por una sombra, por la flor de la hierba (cf. 1 Pe 1, 24)..., ¿no es acaso el más ridículo de todos los hombres? Es como un pobre que padeciera hambre continuamente y se jactara de haber tenido una vez durante la noche un sueño agradable

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Juan, XVI, 4

Nadie se conoce más perfectamente que aquel que cree que él no es nada en absoluto

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, XXV, 4

El orgulloso se desconoce a sí mismo

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, XXV, 4

El diluvio de los males, que inunda toda la tierra, no tiene otra fuente que el orgullo

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre Ozías, III, 3; Comentario a san Juan, IX, 2; Nicetas Stéthatos, Centurias, I, 85

[A causa del orgullo, la vida del hombre] va acompañada de tantos dolores y miserias

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre Ozías, III, 3; Comentario a san Juan, IX, 2; Nicetas Stéthatos, Centurias, I, 85

Este vicio basta para echar a perder todo lo bueno que hay en un alma

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Juan, XVI, 4 (cf. Homilías sobre Ozías, III, 1; Homilías sobre 2 Tes, I, 2)

El orgullo es el mal culminante del hombre, y la raíz y la fuente de todos los pecados del mundo

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Juan, IX, 2. Lo afirma indirectamente Juan Clímaco, cf Escala, XXII, 4

Al que se encuentra poseído por esta pasión le sucede todo lo contrario de lo que desea

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre Ozias, III, 4; Comentario a san Mateo, LXV, 6

Tiene unos elevados sentimientos sobre sí mismo, quiere que todos le honren; por el contrario, todos le desprecian... Todos los hombres se convierten en enemigos suyos, nadie lo apoya

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre Ozias, III, 4; Comentario a san Mateo, LXV, 6

[El orgullo] hace del hombre un demonio

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre 2 Tesalonicenses, I, 2

Para las enfermedades del alma, nuestros discursos tienen que cumplir dos acciones: primero curar la enfermedad; luego, tras la curación, impedir las recaídas. Actualmente buscamos un método para una terapéutica difícil; no se trata aún de alcanzar la plena salud. ¿Cómo cortar por lo sano este defecto deplorable? ¿Cómo calmar esta fiebre cruel de la ira? Veamos de dónde procede y destruyamos la causa. ¿De dónde suele proceder? De un exceso de arrogancia y de orgullo. Suprimamos esta causa, y la enfermedad desaparecerá

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre los Hechos de los apóstoles, XXXII, 3

[El hombre, sin Dios, no es sino] polvo y ceniza, sombra y humo

Juan Crisóstomo Cf. Juan Crisóstomo, Homilías sobre los Hechos de los apóstoles, XXX, 3; Homilías sobre 2 Tesalonicenses, I, 2; Homilías sobre Ozías, IV, 4; Comentario a san Juan, XXXIII, 3

A esta humildad le otorga Cristo el primer puesto en sus bienaventuranzas, porque el diluvio de males que inunda la tierra no tiene otra fuente que el orgullo... Como el orgullo era, por así decir, el mal culminante del hombre y la raíz y fuente de todos los pecados del mundo, Jesucristo, para curarlo mediante un remedio contrario, estableció primero esta ley de la humildad como fundamento inamovible del edificio que quería construir. Cuando se ponga este fundamento, el que construya podrá elevar sin temor el resto del edificio; pero si falta, cuando el edificio se eleve hasta el cielo, necesariamente se tambaleará y se irá cayendo a pedazos

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, XV, 2