Apóstol y evangelista, hijo de Zebedeo y hermano de Santiago, identificado por la tradición con «el discípulo amado» y con el autor del cuarto evangelio, las tres cartas joánicas y, según muchos padres, el Apocalipsis. Su teología del amor, de la luz y de la vida eterna es la base escriturística de toda la mística cristiana oriental.
Fechas tradicionales y aproximadas: la crítica moderna discute mayoritariamente que el apóstol sea el autor material del evangelio y de las cartas, y la localización exacta de Betsaida sigue siendo objeto de debate arqueológico (et-Tell frente a el-Araj).
En el amor no hay temor, sino que el amor perfecto destierra el temor, pues el temor supone un castigo, y el que teme no es perfecto en el amor
Como Él es, así también somos nosotros en este mundo: en esto el amor es perfecto en nosotros
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único
Sabemos que amamos a los hijos de Dios cuando amamos a Dios y practicamos sus mandamientos
El amor de Dios llega verdaderamente a su plenitud en aquel que guarda Su palabra. Esta es la prueba de que estamos en Él
Porque el amor consiste en guardar sus mandamientos
Si alguno dice ‘yo amo a Dios’ y odia a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano a quien ve no puede amar a Dios a quien no ve. Y nosotros hemos recibido de él este mandamiento: que el que ama a Dios ame también a su hermano
[El amor] es de Dios
Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a nuestros hermanos
Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros
El que permanece en el amor permanece en Dios y Dios permanece en él
Dios es amor