Monje egipcio del siglo IV, fundador de la colonia monástica de Escete y uno de los grandes Padres del desierto, llamado 'el Grande' o 'el portador del Espíritu'. Bajo su nombre circulan las célebres Homilías espirituales (macarianas), fuente capital de la doctrina sobre el corazón, la gracia y la lucha contra las pasiones.
La atribución de las Homilías espirituales a Macario es discutida (corpus pseudo-macariano, quizá siro del siglo IV-V); su aldea natal, Shabsheer, procede de una tradición tardía.
Si queréis creer lo que es más claro -añade, con la intención de reconducir a los pecadores a quienes se dirige al camino del conocimiento verdadero-, debéis creer más a las cosas invisibles que a aquellas que veis con vuestros ojos. Esto parece una paradoja y, sin embargo, es una verdad
A causa de la transgresión del mandamiento, el alma se ha vuelto un juguete de todas las potencias adversas. En efecto, estas le han hecho abandonar su sensatez, han embotado su inteligencia de las cosas celestiales hasta el punto... de que cree que esto ha sido así desde el principio
Es como si ella [la bondad del Verbo encarnado] ordenara al alma vivir en su dignidad, alcanzar la vida inmortal, gozar del placer incorruptible y de la gloria inefable
Cuando las pasiones se levantan, las gentes sensatas no las escuchan, sino que se irritan contra los malos deseos y les declaran la guerra
Si no le atribuyes una naturaleza dotada de libertad, vuelves al hombre absolutamente indigno de alabanza. En efecto, lo que es por naturaleza bueno y excelente no merece ser alabado... Pues no es digno de alabanza... el bien que no procede de una opción libre
Desde la caída y la expulsión del paraíso terrenal, el hombre está encadenado por una doble serie de ataduras. Unas proceden de la vida misma, de los asuntos que comportan, del amor a las cosas visibles. En su interior, el alma está envuelta, embaucada, encarcelada por los espíritus maléficos que la mantienen en las tinieblas
El cristiano tiene que acordarse siempre de Dios
El espíritu que rechaza el recuerdo de Dios sucumbe a la ira o a la concupiscencia
Lo mismo que Dios creó el cielo y la tierra para que el hombre habitara allí, también creó el cuerpo y el alma del hombre para que sean su morada, para que él habite y descanse en el cuerpo como en su casa, teniendo por esposa llena de belleza al alma amada
[Cuando el apóstol habla del ‘hombre viejo’] entiende por tal un hombre entero que tiene otros ojos además de nuestros ojos, una cabeza además de nuestra cabeza, unos oídos además de nuestros oídos, unas manos además de nuestras manos y unos pies además de nuestros pies. Pues el Maligno ha manchado y trastocado al hombre entero, alma y cuerpo; y ha revestido al hombre con un ‘hombre viejo’... que no se somete a la ley de Dios..., de modo que el hombre ya no ve como quiere, sino que ve y oye de forma perversa, sus pies se apresuran a hacer el mal, sus manos cometen la iniquidad y su corazón alberga malas intenciones