Escritor ascético del siglo V, contemporáneo de Nestorio, autor de La ley espiritual, Sobre los que creen justificarse por las obras y Sobre el bautismo, recogidos en la Filocalia. Su análisis de los pensamientos (logismoi), del consentimiento de la voluntad y de la relación entre gracia y esfuerzo es una de las claves de la terapéutica espiritual oriental.
Datación y lugares discutidos: murió después de 430 y probablemente antes del concilio de Calcedonia (451). Según la Enciclopedia Católica habría sido superior de una laura en Ancira (Galacia) y después ermitaño en el desierto al este de Palestina; la tradición hagiográfica bizantina lo hace natural de Atenas y monje en Nitria, discípulo de san Juan Crisóstomo.
Tras el bautismo, ni Dios ni Satán obligan a la voluntad
La purificación operada por el bautismo y realizada místicamente, se muestra eficaz por la práctica de los mandamientos... Estamos dominados por el pecado a causa de nuestra negligencia respecto a los mandamientos de aquel que nos ha purificado
[Quienes están sometidos a las pasiones] han sido liberados por Cristo, pero se han entregado ellos mismos como esclavos a los vicios, descuidando cumplir todos los mandamientos, y así se han vuelto de nuevo dependientes
Nuestro Señor Jesucristo..., tomando para la salvación de todos unas disposiciones conformes con lo que El sabía que era digno de Dios, fundamentó la ley de la libertad en diferentes prescripciones y fijó un solo objetivo conveniente para todos cuando dijo: ‘Arrepentíos’, a fin de que pudiéramos entender así que toda la diversidad de los mandamientos se acaba para reducirse a uno solo: el de la penitencia
Nadie puede ser hallado inocente durante días, nadie puede no haber incumplido nunca los preceptos [del Señor]
[La penitencia es] necesaria para todos