Monje y teólogo bizantino del siglo VII, antiguo secretario imperial de Heraclio, fue el gran adversario del monotelismo, por lo que sufrió mutilación y destierro. Autor de las 'Centurias sobre la caridad', las 'Ambigua', las 'Cuestiones a Talasio' y la 'Mistagogia', es una de las cumbres de la síntesis entre dogma y ascesis, y una de las fuentes principales de Larchet.
Las fuentes griegas lo hacen nacer en Constantinopla; una Vida maronita siríaca lo sitúa en Hesfin (Hisfiyya), en Palestina/Golán, hipótesis discutida por la crítica.
Al organizar la naturaleza humana, Dios dotó a su espíritu con una potencia de placer que le hacía capaz de gozar inefablemente de Él
Solo hay una felicidad: la vida común del alma con el Verbo... El único placer es acceder a las cosas divinas
[Adán] orientaba hacia Él [Dios] toda su capacidad de amar
Dios, el Verbo, que creó la naturaleza de los hombres, no estableció con ella el placer sensible
El diablo, mediante un engaño persuadió al hombre para que trasladara el deseo de su alma de lo que estaba permitido a lo que estaba prohibido, y para que se volviera hacia la transgresión del mandamiento divino
[Dios creó a Adán como] la criatura última, como una especie de laboratorio donde se concentra todo
[Dios introdujo a Adán] providencialmente en medio de los seres como un vínculo natural entre los extremos [de la creación]
[Adán poseía] por naturaleza, en su situación intermedia, toda facultad de unificación por la relación de sus partes con todos los extremos
[Dios encargó al hombre como tarea] manifestar el gran misterio del plan divino, conduciendo armoniosamente a buen fin la unificación recíproca de los extremos entre los seres, de los más próximos a los más lejanos, y de los menores a los más excelentes, mediante una tensión cuyo resultado culminaría en Dios
[Adán] se movió en contra de su naturaleza, de su propia iniciativa y locamente (άνοήτως), haciendo mal uso de la facultad natural que se le había confiado en su constitución, con vistas a la unificación de los que estaban separados, para obrar, en cambio, la separación de los que estaban unidos
[Adán quiso] apoderarse de las cosas de Dios sin Dios, y contra Dios y no según Dios
El deseo, mediante la dulzura del placer de los sentidos, aparta al espíritu de la percepción divina de los inteligibles que le es connatural
El placer [sensible] no es sino una especie de sensación formada en el sentido por un objeto sensible, dicho de otra manera, un modo de actividad sensitiva que corresponde a un deseo irracional; y el sentido puesto en marcha en la línea del deseo produce placer cuando percibe lo sensible
El mal es dejar de dirigir hacia su fin el neto de las facultades innatas. Y absolutamente nada más. O también: el mal es el movimiento irracional de las facultades naturales hacia algo distinto de su fin, según un juicio erróneo. Yo llamo fin a la Causa de los seres, hacia la cual se dirigen todas las cosas por un deseo natural
[El placer sensible] no puede tener otro origen para formarse que la dimisión del alma, cuando esta se desprende de las cosas que son conformes a su naturaleza
Cuanto más se dirigía el hombre hacia las cosas sensibles a través únicamente de sus sentidos, más lo agobiaba la ignorancia de Dios; cuanto más encadenado estaba por la ignorancia de Dios, más se entregaba al disfrute de las cosas materiales conocidas empíricamente, más se impregnaba de este disfrute y más excitaba la filautía que se derivaba de él; cuanto más cultivaba la filautía, tanto más inventaba múltiples medios para obtener el placer, fruto y objetivo del amor a sí mismo
Buscando obtener el placer y evitar el sufrimiento, empujado por la filautía, el hombre inventa diversas e innumerables formas de pasiones corruptoras
Los vicios se presentan bajo formas múltiples y variadas, dependiendo del vínculo de cada uno con la naturaleza humana... Obligan al hombre, sujeto al deseo del disfrute y al miedo al sufrimiento, a servirlos y a inventar numerosas formas de pasiones, según las posibilidades ofrecidas por las circunstancias y los medios
[La relación con la carne] divide el amor que debemos solo a Dios
Quien no sabe avanzar por el camino espiritual... concentra todos sus esfuerzos en la carne
[El hombre] quedó orientado, contra su naturaleza, hacia lo sensible atraído por el placer que actúa en él
[El deseo apartado de su objetivo divino es un] impulso antinatural que arroja a lo sensible al espíritu preso de la locura
En efecto, [el deseo trastornado] a los seres, que son inferiores a la Causa y Naturaleza única, solo ella deseable..., los vuelve más deseables que ésta
Así [el deseo trastornado] hace que la carne resulte más agradable que el espíritu; y el disfrute de lo visible, más agradable que la gloria y el resplandor de la inteligencia
Entregado solamente a las emociones de los sentidos, a ejemplo de los animales irracionales, el hombre alejado de la belleza espiritual y divina encuentra, a través de la experiencia de la parte exterior y corporal de su naturaleza, una creación que él eleva al lugar de Dios, porque responde mejor a las necesidades de su cuerpo
[El hombre] acumula en él un conocimiento confuso del bien y el mal producido por experiencia exclusiva de los sentidos
La vida [de los hombres caídos] se vuelve deplorable
[Los hombres que divinizan las pasiones] honran así a la causa misma del aniquilamiento de su existencia y persiguen, sin saberlo, la causa de su corrupción
Los hombres, como fieras, devoran su propia naturaleza
[El hombre] altera las facultades de su alma, que va en pos de las cosas perecederas sin discernimiento y sin ser consciente de la perdición, a consecuencia de su total ceguera respecto a la verdad
[El becerro de oro representa] la mezcla y la confusión de las facultades naturales entre ellas
[El becerro de oro] es una conjunción apasionada y estúpida, que determina la estúpida puesta en marcha de las pasiones antinaturales
El poder del pecado..., mediante el placer, arrastra al alma a la miseria de la carne, tan cercana
Engañados al principio por la ilusión del placer, preferimos la muerte a la vida
El placer es la madre de la muerte
El hombre aprende por experiencia que a cualquier placer le sucede el dolor
La tristeza (λύπη) es el final del placer de los sentidos, ya que la tristeza del alma es suscitada por este placer
La inteligencia actúa de forma antinatural cuando se apega a lo superficial, es decir, a lo sensible y a lo corporal; y, en consecuencia, comienza a generar tristeza de alma, fustigada como está sin tregua por el látigo de la conciencia
Como el placer desaparece junto con los medios que lo producen, y a la experiencia del placer sucede siempre el sufrimiento, el hombre se dirigía tanto más violentamente hacia el placer cuanto más intentaba evitar el sufrimiento. Mediante esta táctica pensaba que podría separar al uno del otro y conservar solamente el placer, unido a su amor por sí mismo (φιλαυτία) y totalmente desprendido del dolor. Pero, bajo el efecto de la pasión, ignoraba que por naturaleza es imposible que el placer vaya jamás sin el dolor. Pues la pena que engendra el dolor ha sido mezclada con el placer, aunque quienes lo experimentan parezcan olvidarlo, puesto que, bajo el efecto de la pasión, predomina el placer
De alguna manera, en efecto, al esforzarnos por aliviar este dolor mediante el placer, aumentamos la pena que, según la naturaleza, nos aboca al dolor. Queriendo escapar a la sensación del dolor, huimos hacia el placer, cuando intentamos aliviar la naturaleza oprimida por la violencia del dolor. Pero, al tratar de atenuar con el placer los movimientos del dolor, confirmamos aún más el aval que estos movimientos han dado al placer, incapaces como somos de tener en nosotros el placer libre del dolor y de las penas
Esta empresa de poseer los dones de Dios con independencia de Dios, con preferencia a Dios, no según la voluntad de Dios, era irrealizable