Monje y teólogo bizantino del siglo VII, antiguo secretario imperial de Heraclio, fue el gran adversario del monotelismo, por lo que sufrió mutilación y destierro. Autor de las 'Centurias sobre la caridad', las 'Ambigua', las 'Cuestiones a Talasio' y la 'Mistagogia', es una de las cumbres de la síntesis entre dogma y ascesis, y una de las fuentes principales de Larchet.
Las fuentes griegas lo hacen nacer en Constantinopla; una Vida maronita siríaca lo sitúa en Hesfin (Hisfiyya), en Palestina/Golán, hipótesis discutida por la crítica.
Quien ama a Dios, no se entristece contra nadie por motivos de orden temporal. No inspira ni siente más que una tristeza, pero saludable
A quien posee el amor a Dios no le cuesta trabajo seguir al Señor su Dios, como dice el divino Jeremías, sino que soporta con generosidad críticas y agresiones sin desearle mal a nadie
[La caridad no es,] distinta y separadamente, esta para con Dios y aquella para con el prójimo, sino única e idéntica a sí misma en su totalidad, debida a Dios
Quien ama a Dios, inevitablemente ama a cada hombre como a sí mismo
Quien ama a Dios ama también a su prójimo sin reserva
‘Aquel que me ama guardará mis mandamientos’, dice el Señor (Jn 14, 15). Pues bien, ‘mi mandamiento es éste: que os améis los unos a los otros’ (Jn 15, 12). Por tanto, quien no ama a su prójimo no guarda el mandamiento, y el que no guarda el mandamiento no podrá amar al Maestro
Quien alberga en su corazón una brizna de enemistad hacia alguien por cualquier ofensa, es completamente ajeno al amor de Dios
La caridad nace de la impasibilidad
No te ames a ti mismo y amarás a Dios
Llegar a la posesión habitual de [la] caridad es imposible mientras se mantenga una relación pasional con alguna de las cosas terrenas
Nadie puede amar en verdad a Dios y al prójimo si no renuncia a toda adhesión a las cosas del mundo. En verdad, es absolutamente imposible entregarse absolutamente a las cosas materiales y a la vez amar a Dios. Es lo que ha dicho el Señor: ‘Nadie puede servir a dos señores’ (Mt 6, 24)
No ama a Dios aquel que guarda su espíritu apegado a cualquier objeto terreno
[La mayoría de los motivos del amor está] viciada por la pasión y lejos, por tanto, de la verdadera caridad
Las pasiones grabadas en su alma [la del que no es impasible] oscurecen su juicio
Todas las virtudes ayudan al espíritu al amor por Dios, pero más que las demás, la oración pura
El que ama sinceramente a Dios ora también absolutamente sin distracción, y el que ora sin ninguna distracción ama también sinceramente a Dios
Ella sola [la caridad] hace ver que el hombre es a imagen del Creador
[Hay que] tener plenamente orientados hacia lo divino [las pasiones y los pensamientos]
Pasión de amor censurable es aquella que ocupa el espíritu en las realidades materiales; pasión de amor loable, la que lo entrega a las realidades divinas. Pues, de ordinario, cuando se detiene en un objeto el espíritu está cómodo y allí donde él está cómodo convergen su deseo y su amor; ya sea sobre las realidades divinas y espirituales que le son propias, ya sea sobre las realidades y las pasiones carnales
[Si el espíritu se ejercita largamente en abstenerse de los placeres y ocuparse de lo divino,] al final todo su deseo se tornará hacia lo divino
[El alma se sirve también] de su potencia irascible para defender amorosamente el objeto de sus búsquedas
[La] caridad es el fruto de la reunión y unión de las potencias del alma -es decir, racional, irascible y concupiscible- juntas alrededor de las cosas de Dios
[Las pasiones] se fortalecen por el uso desordenado de nuestras propias potencias: racional, irascible y concupiscible
Era necesario que la razón, en lugar de ignorarla, se orientase hacia Dios por la búsqueda exclusiva del conocimiento; que la concupiscible, por la de la filautía, dirigiera su deseo solo hacia Dios, que la irascible, vacía de tiranía, emprenda el combatir por Dios solo y que fuera creada la divina y bienaventurada caridad que se forma de ellos y por el que ellos son