Monje y teólogo bizantino del siglo VII, antiguo secretario imperial de Heraclio, fue el gran adversario del monotelismo, por lo que sufrió mutilación y destierro. Autor de las 'Centurias sobre la caridad', las 'Ambigua', las 'Cuestiones a Talasio' y la 'Mistagogia', es una de las cumbres de la síntesis entre dogma y ascesis, y una de las fuentes principales de Larchet.
Las fuentes griegas lo hacen nacer en Constantinopla; una Vida maronita siríaca lo sitúa en Hesfin (Hisfiyya), en Palestina/Golán, hipótesis discutida por la crítica.
Cuando logres la caridad y la benevolencia hacia el prójimo, eliminarás de tu alma todo rastro de pasión
El amor al prójimo... vuelve indiferente la gloria
Los amigos de Cristo aman sinceramente a todos los hombres
Haz lo posible por amar a todos los hombres
Una solicitud total por la totalidad del género humano
Bienaventurado el hombre capaz de amar a todos los hombres por igual
La caridad perfecta no admite entre todos los hombres... ninguna distinción basada en la diferencia de características... Ama igual a todos los hombres, los buenos a título de amigos, los malos a título de enemigos, para hacerles bien, soportarlos, aguantar con paciencia lo que recibe de ellos, negándose obstinadamente a ver en ello maldad, y llegando incluso a sufrir por ellos si se presenta la ocasión
No tiene aún caridad perfecta aquel cuyas disposiciones cambian en función de las del prójimo; que, por ejemplo, ama a este y detesta a aquel por cualquier nadería, o bien hoy ama y mañana detesta a la misma persona por los mismos motivos
Detestas a uno; a otro ni lo amas ni lo odias; a este lo amas, pero moderadamente; a aquel lo amas intensamente... En estas diferencias reconoces que te hallas lejos de la caridad perfecta, que se propone amar a todos los hombres por igual
Debemos amar a todos los hombres con toda nuestra alma
Los amigos de Cristo perseveran hasta el final en su amor
[Por caridad] el propio autor de nuestra naturaleza... revistió nuestra naturaleza
‘Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, rezad por los que os calumnian’ (Mt 5, 44). ¿Por qué da el Señor estos preceptos? Para arrancarte del odio, de la amargura, de la ira, del rencor; para hacerte digno de este bien supremo que es el amor perfecto, un bien que no podemos poseer mientras no amemos por igual a todos los hombres, a ejemplo de Dios, que ama por igual a todos los hombres y ‘quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad’ (1 Tim 2, 4)
Nuestro Señor Jesucristo, mostrando el amor que nos tiene, sufrió por toda la humanidad y dio la esperanza de la resurrección a todos por igual, aunque cada uno, por sus obras, atraiga sobre él la gloria o el castigo
La caridad perfecta no admite ninguna distinción basada en la diferencia de características entre todos los hombres, que tienen la misma naturaleza. No ve jamás sino esta única naturaleza y ama igualmente a todos los hombres
[La caridad consiste en honrar a todos los hombres] como lo exige la idea de la naturaleza, que prescribe un honor igual y excluye de la naturaleza cualquier desigualdad que estableciera el espíritu para con uno u otro, pues los incluye a todos como idénticos
Aquel que... posee la caridad perfecta ya no hace diferencias entre él mismo y el otro, esclavo y hombre libre, hombre y mujer... En los hombres ya no ve más que su única naturaleza: los ve a todos en un plano de igualdad, experimenta los mismos sentimientos hacia todos
[Abrahán, por la caridad, fue elevado hasta Dios] abandonando la particularización de lo que está dividido y puede ser dividido, dejando de tener a ningún hombre como distinto de él mismo, sino considerando a uno como todos y a todos como uno
Quien posee la caridad perfecta, ya no hace diferencia entre él y el otro, esclavo y hombre libre, hombre y mujer
[La caridad no es,] distinta y separadamente, esta para con Dios y aquella para con el prójimo, sino única e idéntica a sí misma en su totalidad, debida a Dios
Quien ama a Dios, inevitablemente ama a cada hombre como a sí mismo
Quien ama a Dios ama también a su prójimo sin reserva
‘Aquel que me ama guardará mis mandamientos’, dice el Señor (Jn 14, 15). Pues bien, ‘mi mandamiento es éste: que os améis los unos a los otros’ (Jn 15, 12). Por tanto, quien no ama a su prójimo no guarda el mandamiento, y el que no guarda el mandamiento no podrá amar al Maestro
Quien alberga en su corazón una brizna de enemistad hacia alguien por cualquier ofensa, es completamente ajeno al amor de Dios