Higúmeno de un monasterio próximo a Ancira en la primera mitad del siglo V, conocido como Nilo el Asceta, discípulo y defensor de san Juan Crisóstomo. Dejó una vasta obra ascética —tratados sobre las virtudes, los vicios y la oración, sentencias y más de mil cartas— que influyó hondamente en el monacato oriental y occidental.
Biografía muy discutida: los datos tradicionales (prefecto de Constantinopla retirado al Sinaí con su hijo) proceden de los «Relatos» sobre el Sinaí, hoy considerados legendarios, y su identificación con Nilo del Sinaí es rechazada por la crítica moderna; su discipulado directo de Crisóstomo es probable pero no está probado.
[Hay quienes] se lanzan a dirigir a otros, mientras aún no se han curado de sus propias malas inclinaciones, y no podrían, por tanto, guiar a nadie a una victoria que aún no han conseguido ellos mismos
La oración es el antídoto de la tristeza y del desánimo
La lamentación por los pecados comporta una tristeza muy suave y una amargura parecida a la miel, porque está sazonada con una esperanza buena y excelente. Por eso nutre el cuerpo y hace brillar de alegría el fondo del alma
La oración es el germen de la ausencia de ira