Los monjes de los desiertos de Egipto, Palestina y Siria de los siglos IV y V, cuyos dichos y hechos se recogieron en los Apotegmas de los Padres. Bajo este nombre se agrupan aquí los dichos anónimos y los de abbas de los que apenas queda otra noticia.
Registro colectivo: reúne dichos de «un anciano», «los ancianos» y de abbas homónimos difíciles de identificar (Teodoro, Serapión, Elías, Santiago).
Yo tenía en el alma una pasión que me dominaba. Al oír que Abba Zenón había curado a muchos de ella, quise ir a verle y abrirme a él... A menudo... acudía al Anciano para decírselo todo, pero el enemigo no me dejaba hablar, introduciéndome la vergüenza en el corazón y diciendo: ‘Puesto que sabes cómo curarte, ¿para qué hablar de ello? En efecto, no te descuidas, sabes lo que los Padres han dicho’. Esto es lo que me sugería el adversario para que no manifestara mi enfermedad al médico y no me curara... Finalmente, afligido y llorando, dije a mi alma: ‘¿Hasta cuándo, alma desgraciada, vas a persistir en no querer curarte? Los que viven lejos acuden al Anciano y son curados y a ti, que vives tan cerca del médico, ¿no te da vergüenza no hacerte cuidar?’
Quien oculta sus pensamientos enferma de orgullo
Lo mismo que una serpiente que sale de su madriguera huye corriendo al momento, así el mal pensamiento, en cuanto se manifiesta, se disipa
Por las oraciones del Anciano, Dios me ha curado
Dos hermanos... se encontraron un día y uno le dijo al otro: ‘Me gustaría ir a ver a Abba Zenón y confiarle un pensamiento’. El otro dijo: ‘Yo también quiero decirle un pensamiento’. Se fueron, pues, juntos y cada uno le manifestó sus pensamientos. El primero se prosternó ante el anciano y le suplicó con muchas lágrimas. El anciano le dijo: ‘Ve, no te desanimes, no hables mal de nadie y no descuides tu oración’. El hermano se fue y se curó. El otro le descubrió su pensamiento y le dijo: ‘Reza por mí’, pero no se lo pidió con insistencia. Algún tiempo después, tuvieron ocasión de volver a encontrarse y uno le dijo al otro: ‘Cuando fuimos a ver al anciano, ¿le manifestaste el pensamiento que decías que querías contarle?’. El otro le contestó: ‘Sí’. Él le dijo: ‘¿Te sentó bien revelárselo?’. El otro respondió: ‘Sí. Por las oraciones del anciano, Dios me curó’. Y él dijo: ‘Yo, por más que confié, no experimenté ningún resultado de la cura’. El que había obtenido provecho le dijo: ‘¿Y cómo suplicaste al anciano?’. El otro dijo: ‘Reza por mí, pues tengo este pensamiento’. ‘Pues yo -dijo el otro-, mientras hacia mi confesión, bañaba sus pies con mis lágrimas, suplicándole que rezara por mí; y gracias a sus plegarias, Dios me devolvió la salud’
Os lo ruego, hermanos, reprimamos los pensamientos igual que reprimimos los actos
[El hombre debe] contar con la tentación hasta su último suspiro
Los pensamientos tienen solo una cabeza... Si no reconoces desde el principio la cabeza misma para expulsarla de ti, serás apresado y engañado por los demás pensamientos subsiguientes... Por tanto, si quieres vencer las pasiones, observa siempre la cabeza de los pensamientos y, cuando hayas descubierto cuál es, lucha contra ella sola
Bienaventurado aquel que tiene siempre ante los ojos sus pecados, pues tal hombre siempre permanece vigilante
Los malos pensamientos, si tú les hablas y les das gusto, no dejarán de poner su raíz en tu corazón, crecerán y no se irán de él. Si, por el contrario, no hablas con ellos y, lejos de complacerlos, los odias, perecerán y saldrán de tu corazón