Los monjes de los desiertos de Egipto, Palestina y Siria de los siglos IV y V, cuyos dichos y hechos se recogieron en los Apotegmas de los Padres. Bajo este nombre se agrupan aquí los dichos anónimos y los de abbas de los que apenas queda otra noticia.
Registro colectivo: reúne dichos de «un anciano», «los ancianos» y de abbas homónimos difíciles de identificar (Teodoro, Serapión, Elías, Santiago).
Le preguntaron a un Anciano: ‘¿Por qué tengo miedo cuando marcho por el desierto?’. Y él respondió: ‘¡Porque todavía estás vivo!’
Un hermano preguntó a un Anciano: ‘¿Por qué el miedo se apodera de mí cuando voy a salir solo por la noche?’. El Anciano dijo: ‘Porque la vida de este mundo tiene aún valor para ti’
Le preguntaron a un Anciano: ‘¿Por qué me da temor ir por el desierto?’ Él dijo: ‘Porque crees que estás solo, y no ves que Dios va contigo’
Un anciano decía: ‘Estés dormido o despierto, hagas lo que hagas, si Dios está ante tus ojos, el enemigo no puede asustarte. Si tu pensamiento permanece en Dios, la fuerza de Dios permanece también en ti’
[Si el hombre] está atento a [Dios] y lo teme en todo momento, no puede temer nada del enemigo
Por mi parte, temo tres cosas: el momento en que mi alma salga del cuerpo, cuando deba aparecer ante Dios, y cuando se dicte sentencia contra mí
Igual que una lámpara pone claridad en una habitación oscura, así el temor de Dios, cuando penetra en el corazón del hombre, lo ilumina y le enseña todas las virtudes