Higúmeno del monasterio de Studios en Constantinopla y gran reformador del monacato bizantino, defensor intransigente de los iconos durante la segunda crisis iconoclasta, por lo que sufrió destierros y azotes. Sus Catequesis, su Testamento y sus cartas fijaron el ideal cenobítico y una pedagogía muy concreta de la lucha contra las pasiones.
Murió el 11 de noviembre de 826, según la Vida en el monasterio de San Trifón, en el cabo Akritas; algunas fuentes sitúan su muerte en la isla de Prínkipo (Príncipes). Sus reliquias fueron trasladadas a Constantinopla en 844.
No existe otra vía segura de salvación, si no es que cada uno confiese sus propios pensamientos a aquellos Padres que están dotados de discernimiento
Sepan todos que, para alcanzar la salvación (comprendida la perfección), no existe un medio más eficaz y rápido que el de manifestar los pensamientos
Sabéis qué numerosas son las trampas y las artimañas del diablo. Nadie escapará de ellas si no es por la manifestación de los pensamientos
¿De dónde proceden en vosotros... las acciones irracionales? ¿No es acaso de que no descubrís vuestros malos pensamientos, sino que más bien los escondéis?
El principio y la raíz de las faltas que cometemos es el mal pensamiento
Si te ves asediado por pensamientos impuros, no los escondas, sino cuéntaselos enseguida a tu padre espiritual... Pues en la medida en que uno oculta sus pensamientos, se multiplican y toman fuerza... Y, como un gusano en la madera, así el mal pensamiento corrompe el corazón
Os exhorto a que, según la palabra de la Escritura (1 Cor 14, 26), deis a conocer los secretos del corazón. Pues es imposible que una planta que tiene un gusano no perezca, lentamente roída por él; ni que un alma que encierra una serpiente, quiero decir cualquier cosa no manifiesta, no se pudra ni se llene de gusanos, y no termine totalmente corrompida. Por tanto, os lo suplico, echad fuera al roedor escondido en vosotros