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Monje athonita y arzobispo de Tesalónica en el siglo XIV, defensor de los hesicastas frente a Barlaam de Calabria. En las 'Tríadas en defensa de los santos hesicastas' formuló la distinción entre la esencia y las energías increadas de Dios, fundamento teológico de la oración de Jesús y de la deificación del hombre.
Algunas fuentes dan 1357 o 1358 como año de su muerte; la fecha más aceptada es el 14 de noviembre de 1359.
¿Cómo va a tener salud el alma racional, cuando está enferma en su facultad de conocer?
[El hombre que no ama a Dios con toda su alma] revolotea a través de este mundo y agota a favor de éste todo o casi todo el amor del que su alma es capaz
[En quienes han elevado su espíritu hacia Dios, la carne] no posee ya deseos contrarios al espíritu
El hombre atrapado y dirigido por los malos deseos tiende hacia lo que le parece bello, y manifiesta con sus acciones que ignora lo que es lo Bello de verdad. El hombre, poseído por una ira mal empleada, lucha por lo que le parece que es el Bien. Todo hombre, sin excepción, se ha apegado a la mala vida, se dedica a lo que le parece lo Mejor, y no a lo que realmente lo es
Quienes se entregan a los placeres sensibles y corruptibles, agotan todo el deseo de su alma en la carne y, por consiguiente, se vuelven por entero carne
[Algunos carismas del Espíritu] actúan por medio del cuerpo
[El cuerpo] participa también en la santificación
¿Qué alegría y qué movimiento del cuerpo hay que no sean una actividad común al alma y al cuerpo?... Existen, en efecto, pasiones bienaventuradas, actividades comunes que no encadenan el Espíritu a la carne, sino que atraen a la carne hasta una dignidad cercana a la del Espíritu y la obligan a volverse ella también hacia lo alto. ¿Cuáles son? son las actividades espirituales, que no van del cuerpo a la inteligencia...y sino que descienden de la inteligencia al cuerpo, para transformarlo en algo mejor y deificarlo por sus acciones y sus pasiones... En los hombres espirituales, la gracia del Espíritu, transmitida al cuerpo por medio del alma, le proporciona a éste también la experiencia de las cosas divinas, y le permite sentir la misma pasión del alma que tiene la experiencia divina; esta alma, puesto que experimenta la pasión de las cosas divinas, posee sin duda una parte apasionada, digna de elogio y divina... Cuando ella prosigue esta actividad bienaventurada, deifica también al cuerpo; entonces el cuerpo ya no se mueve empujado por las pasiones corporales y materiales, [...] sino que se vuelve sobre sí mismo, rechaza cualquier relación con las cosas malas e inspira él mismo su propia deificación, una deificación inalienable