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Monje de los siglos IV-V, formado en Belén y en el desierto egipcio, fundador de monasterios en Marsella. Sus 'Instituciones cenobíticas' y sus 'Colaciones' transmiten a Occidente la doctrina de los Padres del desierto, en particular el análisis de los ocho pensamientos o vicios capitales heredado de Evagrio.
Su origen escita (Dobrudja) es el más aceptado, pero algunos investigadores defienden un nacimiento en la Galia.
[La acedia vuelve al hombre espiritual] blando y sin valor para las tareas que tiene que realizar allí donde vive, le impide permanecer en su morada y esforzarse en ella
[Bajo la influencia de esta pasión, la mente] se vuelve ociosa e incapaz de cualquier actividad espiritual
Sobre todo alrededor de la hora sexta es cuando [este adversario] perturba [a los solitarios], excitando su alma enferma a horas fijas mediante los ardores que enciende en ella, como una fiebre que retorna periódicamente. Algunos ancianos declaran que ahí está el ‘demonio de mediodía’ del que habla el salmo 90
[En la acedia] el espíritu se turba sin razón
El alma que ha sido herida por este trastorno está realmente adormecida respecto a toda contemplación de las virtudes y a toda visión de los sentidos espirituales
Quien quiera acometer la lucha de la perfección con todas las de la ley, debe... combatir en todos los frentes el pernicioso espíritu de la acedia
Tiene que apresurarse a extirpar esta enfermedad de lo recóndito de su alma
Si el hombre la reconoce [a la acedia] como lo que es, obtiene el descanso
(El hombre debe combatir el espíritu de la acedia de modo que) no se deje expulsar como un fugitivo del recinto de su ermita bajo ningún pretexto, por muy piadoso que sea
La experiencia demuestra que no se escapa a la tentación de la acedia huyendo, sino que hay que superarla haciéndole frente
Acosada por... las trampas del enemigo, la desdichada alma, empujada por el espíritu de la acedia... es conducida bien a ceder al sueño, bien a abandonar los límites de su celda y a buscar remedio a su tentación en la visita de un hermano. Pero el remedio que utiliza ahora la volverá más enferma poco después, ya que el adversario atacará con más violencia a quien sabe que le volverá la espalda nada más entablado el combate, y a quien ve que espera la salvación no de la victoria o de la lucha, sino de la huida
Si se conceden la libertad de salir con demasiada frecuencia, suscitarán contra ellos una plaga más terrible precisamente allí donde piensan encontrar un remedio. Como algunos enfermos que imaginan apagar los ardores de la fiebre tomando agua fresca. Pero es evidente que lo que hacen, más que acabar con este fuego interior, es excitarlo; al alivio momentáneo lo seguirá un dolor más vivo