Juan Crisóstomo — 33 quotes

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JuanCrisóstomo

Patristicc. 347 – 407
Born Antioquía de Siria (actual Antakya, provincia de Hatay, Turquía)
Died Comana del Ponto (actual Gümenek, provincia de Tokat, Turquía), camino del destierro
Tradition Padre griego

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Predicador de Antioquía y arzobispo de Constantinopla entre los siglos IV y V, apodado 'Boca de Oro' por su elocuencia; murió desterrado. Sus centenares de homilías, el tratado 'Sobre el sacerdocio' y su enseñanza sobre las pasiones, la limosna y la penitencia hacen de él una de las autoridades más citadas de la tradición ascética oriental.

Algunas fuentes antiguas adelantan su nacimiento a c. 344-349.

On ira · 33 quotes

Poco le importa el daño que el alma se hace a sí misma, se conforma, y lo convierte en una especie de placer que tiene que satisfacer a cualquier precio. Sí, esta agitación del corazón no carece de placer, y llega a ejercer sobre el alma una tiranía más imperiosa que cualquier otro placer

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Tratado del sacerdocio, III, 14

[La ira] es una enfermedad que repugna tanto a nuestra naturaleza como una enfermedad del cuerpo

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre los Hechos de los apóstoles, XXXI, 4

Entre la ira y la locura no hay ninguna diferencia

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Juan, XLVIII, 3; IV, 5

El hombre airado se parece absolutamente a un loco

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Juan, XLVIII, 3; IV, 5

La ira corrompe el cuerpo

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Juan, XXVI, 3; Homilías sobre los Hechos de los apóstoles, VI, 4

He conocido a muchos a quienes la ira ha hecho enfermar

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Juan, XXVI, 3; Homilías sobre los Hechos de los apóstoles, VI, 4

[La ira] arruina el alma

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Tratado del sacerdocio, III, 13; Comentario a san Juan, XLVIII, 3; Comentario a san Mateo, IV, 9

[La ira] trastoca de pies a cabeza el estado normal [del alma]

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Tratado del sacerdocio, III, 13; Comentario a san Juan, XLVIII, 3; Comentario a san Mateo, IV, 9

[La ira vuelve al alma deforme] al atacar lo que tiene de más sano y corromper lo que tiene de más puro

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Tratado del sacerdocio, III, 13; Comentario a san Juan, XLVIII, 3; Comentario a san Mateo, IV, 9

[La] razón [del hombre airado] está entonces sepultada en la embriaguez y las tinieblas

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Juan, IV, 5; Marcos el Monje, A Nicolás, 8

Nada turba la claridad de la inteligencia, nada ofusca la penetración de la mente como la ira

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Tratado del sacerdocio, III, 14

En verdad, la ira no es menos loca que el delirio: ved como este demonio arroja a sus víctimas en el delirio, las priva absolutamente de la razón y las persuade de todo lo contrario de lo que les aconsejan sus ojos. Ellos no ven nada, no hacen nada de forma razonable, se diría que ya no tienen sentido ni juicio...; la ira los subyuga

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Tratado del sacerdocio, III, 14

[La embriaguez no es sino] el extravío de la mente fuera de sus caminos naturales, la desviación del razonamiento, la pérdida de la conciencia

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, LIII, 5; Catequesis bautismales, V, 4-5

Quienes montan en ira y están ebrios de ira ¿no se hallan en una situación tan grave como la de quienes están ebrios de vino? Dan muestras, en efecto, de tal desmesura que se abalanzan igualmente contra todos, sin controlar sus palabras ni saber distinguir a las personas. Lo mismo que los locos (µαινόµενοι) y los frenéticos se arrojan a los precipicios sin darse cuenta, así ocurre con los que se encolerizan o son presa de la ira

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, LIII, 5; Catequesis bautismales, V, 4-5

Creéis que os vengáis de vuestro enemigo, pero más bien os atormentáis a vosotros mismos

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre las estatuas, XX, 2

Vuestro resentimiento es un verdugo que lleváis dentro de vosotros a todas partes, es un buitre que desgarra vuestras entrañas

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre las estatuas, XX, 2

El que está furioso no puede disfrutar de la paz; quien tiene un enemigo y conserva odio contra él, tampoco gozará de ella

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre las estatuas, XX, 2; Comentario a san Juan, XLVIII, 3

El hombre agitado se hace digno de mil suplicios: perpetuamente agitado por pensamientos tumultuosos, con el alma trastornada y angustiada noche y día, llega a sufrir aquí abajo unos tormentos precursores del infierno

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre las estatuas, XX, 2; Comentario a san Juan, XLVIII, 3

Para las enfermedades del alma, nuestros discursos tienen que cumplir dos acciones: primero curar la enfermedad; luego, tras la curación, impedir las recaídas. Actualmente buscamos un método para una terapéutica difícil; no se trata aún de alcanzar la plena salud. ¿Cómo cortar por lo sano este defecto deplorable? ¿Cómo calmar esta fiebre cruel de la ira? Veamos de dónde procede y destruyamos la causa. ¿De dónde suele proceder? De un exceso de arrogancia y de orgullo. Suprimamos esta causa, y la enfermedad desaparecerá

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre los Hechos de los apóstoles, XXXII, 3

[Cristo] sabía que esta pasión necesitaba un remedio rápido. E igual que un médico hábil no proporciona solo profilaxis contra las enfermedades, sino que también las cura cuando ya se han formado, Jesucristo hace lo mismo

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, XVI, 10

¿Cómo combatir [la ira]?... Mediante la mansedumbre; combatir es estar del lado contrario

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, XVI, 10

La mansedumbre quiebra la ira

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, XVI, 10

La ira es un fuego, es una llama que agarra, muerde y abrasa. Apaguémosla con la mansedumbre y la paciencia

Juan Crisóstomo

La ira destruye la paciencia

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la Epístola a los hebreos, XXII, 3; Juan Clí- maco, Escala, VIII, 36; Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 47; Juan Casiano, Conferencias, XII, 6; Instituciones cenobíticas, XII, 3, 2; Conferencias, V, 23
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