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Predicador de Antioquía y arzobispo de Constantinopla entre los siglos IV y V, apodado 'Boca de Oro' por su elocuencia; murió desterrado. Sus centenares de homilías, el tratado 'Sobre el sacerdocio' y su enseñanza sobre las pasiones, la limosna y la penitencia hacen de él una de las autoridades más citadas de la tradición ascética oriental.
Algunas fuentes antiguas adelantan su nacimiento a c. 344-349.
La cenodoxia es un tipo de locura (µανία τίς έστιν ή κενοδοξία)
[El demonio de la cenodoxia] perturba la razón [del hombre] hasta el delirio
[La gloria que viene de Dios es] la gloria propia de la dignidad del hombre
Tras haber perdido la gloria propia de la dignidad del hombre, busca por doquier una gloria desdeñable y digna del mayor desprecio
¿Por qué corres tras una sombra en lugar de atrapar la verdad? ¿Por qué buscas lo que es perecedero, y no lo que permanece?... Abandona el humo, la pura sombra, la hierba vil, las telarañas. Es imposible encontrar una palabra que exprese como es debido esta miserable inconsistencia
Las cosas humanas no son más que ceniza y polvo; un polvo que el viento disipa; sombra, humo, una hoja que es juguete del viento; una flor, un sueño, un ruido que pasa, un aire ligero que se desvanece por casualidad; la pluma ligera que sale volando, el agua que se escurre, menos que todo esto
La gloria es un nombre y nada más que un nombre... ¿Quién es, entonces, el hombre insensato que se apegara a nombres sin realidad, a fantasmas de los que tendría que huir?... Por eso gime el profeta, al ver tanta sinrazón en nuestra vida. Igual que un hombre, viendo a uno que huye de la luz y busca las tinieblas, le diría: ‘¿Por qué haces esta locura?’, así el profeta nos pregunta: ‘¿Por qué amáis la vanidad y buscáis la mentira?’
Quien está afectado por esta pasión pierde, por decirlo así, la lucidez de las percepciones, y no está menos dañado que los locos
El deseo de honores es fuente de los mayores males
Esta pasión [la cenodoxia] es singularmente peligrosa
Hermanos, tengamos cuidado de no hablar presumiendo de nosotros, pues esta vanidad nos hace odiosos a los hombres y abominables ante Dios
[La cenodoxia es] la última y más miserable de las servidumbres
Tras censurar la vanidad..., proporciona el remedio para un alma afectada de este mal [ordenando]...: ‘Que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu mano derecha’ (Mt 6, 3)
Si no perdemos de vista nuestros pecados, los bienes externos no podrán nunca hinchar nuestras almas. Las riquezas, el poder, el rango supremo, las dignidades y los honores no tendrán ninguna influencia sobre nosotros