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Anacoreta palestino del siglo VI, llamado «Juan el Profeta» o «el otro anciano», recluso en el monasterio del abad Serido junto a Gaza y compañero de san Barsanufio. Su correspondencia espiritual con Barsanufio, dirigida a monjes y laicos, es uno de los grandes tratados prácticos de discernimiento y curación de las pasiones.
No se conservan datos sobre su nacimiento; se ha propuesto identificarlo con Juan de Bersabé, pero la identificación es discutida. La fecha de su muerte (c. 543) es aproximada.
Si aumenta la cenodoxia, sobreviene el orgullo
El maestro y médico de nuestras almas, Jesús, el Señor
A los pecadores que se acercan como heridos que necesitan socorro, el Señor los cura
Si alguno tiene la idea de hacer algo bueno por sí mismo y no preguntando a los Padres, está fuera de la ley y no hace nada legítimo. El que, por el contrario, lo hace preguntando, cumple la Ley y los Profetas. Pues preguntar es signo de humildad. Y este es imitador de Cristo, que se humilló hasta convertirse en esclavo. En efecto, se dice que un hombre sin consejero es su propio enemigo
Pregunta a los padres espirituales, haz lo que te digan. No sigas tu propio juicio, no sea que, por ignorancia, te halles en peligro
Solicita [a los santos], como quien está enfermo y necesita un médico... Y sírvete de ellos, hasta que Dios te lleve a la salud perfecta
Conviene solicitar la oración de nuestros Padres. Pues se ha dicho: ‘Rezad unos por otros’ (Sant 5, 16). Y también: ‘No son los sanos quienes tienen necesidad de médico, sino los enfermos’ (Lc 5, 31)... Y para pedir la oración, di esto: ‘Abba, estoy mal, te lo ruego, reza por mí; tú sabes cuánto necesito la misericordia de Dios’
No es necesario preguntar por todos los pensamientos que germinan en el corazón, pues los hay pasajeros. Se debe interrogar a propósito de los pensamientos que permanecen y luchan contra el hombre