Tres cosas constituyen al hombre perfecto: la carne, el alma y el Espíritu
La inteligencia debe disponer de todas las cosas que tenemos en nuestro interior y utilizar conforme a su fin propio y con vistas al bien cada una de estas potencias del alma que el Creador ha fabricado para que nos sirvan de instrumentos y de utensilios
En efecto, no se puede amar al mismo tiempo a la propia alma y al dinero
[La] caridad es el fruto de la reunión y unión de las potencias del alma -es decir, racional, irascible y concupiscible- juntas alrededor de las cosas de Dios
La virtud es el estado natural del alma
La potencia (δύναµις) que produce esta actividad [de la mente] no está purificada más que cuando las otras potencias también lo están. Pues el alma es una esencia con múltiples potencias; cuando de una de sus potencias se deriva algún mal, se mancha toda entera, pues todas están comunicadas en la misma unidad. Debido a que cada potencia tiene su actividad, es posible, con cierta aplicación, purificar por algún tiempo una actividad cualquiera. Pero la potencia no por ello estará purificada, pues se comunica con las demás y está, por tanto, más impura que pura
[Las pasiones] se fortalecen por el uso desordenado de nuestras propias potencias: racional, irascible y concupiscible