[Las cosas] que no llegaron al corazón del hombre, Dios las ha preparado para quienes le aman
Si uno dice: ‘Amo a Dios’, y odia a su hermano, es un mentiroso; pues el que no ama a su hermano al que ve, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ve?
[Nadie puede] ser hallado capaz de alcanzarlo [el amor] sino aquel a quien Dios le otorga su gracia
[La caridad es uno de los] lazos indisolubles de la salud y de la salvación
A partir de ahora yo no temo a Dios, lo amo; pues el amor echa fuera el temor
Aunque practique todas las virtudes, el alma que ama a Dios tiene por costumbre no imputarse nada a sí misma, sino atribuirlo todo a Dios... Pues todo lo que el hombre tiene, todos los bienes aparentes por medio de los cuales puede cada uno hacer el bien, la tierra y todo lo que hay en ella, el cuerpo y el alma mismos, todo es de Dios. Su mismo ser no lo tiene el hombre más que por gracia. ¿Qué le queda, por tanto, de lo que pueda razonablemente jactarse o justificarse? Sin embargo, Dios recibe de los hombres esta gracia inmensa, lo que más le complace de todo lo que nosotros le ofrecemos: que el alma refiera únicamente a Dios todo lo bueno que ella puede hacer, todo el trabajo que se toma por Él, todo lo que comprende, todo lo que conoce, y que se lo atribuya todo a Él
La caridad torna al alma sana
El amor de Dios no se enseña
[Amando a Dios] nos convertimos de alguna manera en aquello que él es
La caridad es hija de la impasibilidad
Hay que tener amor a Dios, y que sea este el que siempre nos mueva a actuar
La justicia será completa cuando sea completa la salud: la salud será completa cuando sea completa la caridad
[La tercera razón, el amor a Dios,] es propia de Dios y de aquellos que han adquirido su semejanza
Nadie puede amar a Dios de corazón, si no ha comenzado por temerlo con todo su corazón; en efecto, purificado por la acción del temor y como ablandada, llega el alma a practicar el amor. Pero no podría llegar completamente al temor de Dios de la forma antes mencionada, si no sale de todas sus preocupaciones temporales; pues, cuando el espíritu ha alcanzado una gran paz y un gran desapego, lo atormenta el temor de Dios, purificándolo con un sentimiento profundo de toda la espesura terrena, para conducirlo así a un gran amor de la bondad de Dios
La caridad es asiduidad junto a Dios en una acción de gracias perpetua
[Cristo] nos ha dado la gran cataplasma que aprieta todos los miembros, que cura toda enfermedad y toda dolencia (cf. Mt 4, 23), a saber, la caridad
Del amor Él es la causa y, en cierto sentido, el productor y engendrador
[Los santos] ya no realizan la voluntad de Dios por miedo a un castigo..., sino por amor..., temiendo hacer algo contra la voluntad de Aquel a quien aman... Los santos no actúan ya por temor, sino que temen por amor
Es casto quien destierra el eros sensual con el eros divino y apaga el fuego de la tierra con el fuego del cielo
Quien ama a Dios, no se entristece contra nadie por motivos de orden temporal. No inspira ni siente más que una tristeza, pero saludable
La caridad une a aquellos que aman con Dios y a los unos con los otros
El amor libera al alma de las enfermedades
(En el amor de Dios, el hombre recibe) la fuerza de la confianza (que vence cualquier temor)
Si amas a Dios de manera auténtica y permaneces en su amor, ninguna pasión te dominará nunca, ni la prisión del cuerpo te someterá a su merced; pues, así como el cuerpo no puede ya moverse hacia nada sin el alma, el alma unida a Dios por el amor no podrá nunca ser arrastrada hacia los placeres y los apetitos de cuerpo, ni tampoco hacia nada visible ni aun invisible, sea objeto o pasión, porque el sublime amor de Dios tiene sujeto el ímpetu de su corazón o, mejor dicho, toda la fuerza de su voluntad
El que ama a Dios, el que considera que no hay nada preferible a su amor y al amor al prójimo, ese conoce también las profundidades de Dios y los misterios de su Reino, como debe conocer aquel que es conducido por el Espíritu divino
Aléjate de [tu enfermedad] usando medicinas eficaces -las medicinas del amor y de la compasión- si te preocupas de cuidar de la salud de tu alma
Cuando tengas en tu alma el estado divino, poseerás realmente a Dios en el interior de ti mismo; y el verdadero estado divino es el amor a Dios, y no sobreviene más que por la práctica de los divinos mandamientos, puesto que él es su principio, su contenido central, y ocupa el primer lugar en ellos; pues el amor es Dios (cf. 1 Jn 4, 8.16) y solo en el amor ha prometido Dios venir, permanecer y manifestarse
¿Qué es lo que hace a los hombres verdaderamente vivientes, si no es la caridad?
La sabiduría de Dios, misteriosa y oculta, que Dios, antes de los siglos, había predestinado para nuestra gloria [forma parte de] lo que Dios ha preparado para aquellos que lo aman
Si alguno posee bienes del mundo y, viendo que su hermano pasa necesidad, le cierra las entrañas, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios?
El que ama a Dios, se ama a sí mismo
Que el hombre busque ante todo el santo amor [de Dios], que es el primero y el más grande de los mandamientos... Por él es fácil cumplir el segundo mandamiento, quiero decir el amor al prójimo. En efecto, lo que es primero debe preferirse al resto y suscitar un mayor esfuerzo; de este modo, lo que es segundo seguirá a lo que es primero
[Podemos] permanecer adheridos al recuerdo [de Dios] como los niños al de sus madres
Por la impasibilidad habéis adquirido todos la caridad
[El amor de Dios y el amor del prójimo están] unidos y juntos como los eslabones de una cadena
El amor perfecto pertenece a aquellos que han sido ya purificados
Imaginad un círculo... Imaginad que ese círculo es el mundo; el centro del círculo es Dios, y los radios son los diferentes caminos o maneras de vivir los hombres. Cuando los santos, deseando aproximarse a Dios, van hacia el centro del círculo, a medida que penetran en su interior van aproximándose a la vez unos a otros cuanto más se van acercando a Dios. Y entendéis perfectamente que lo mismo pasa a la inversa, cuando se aleja de Dios retirándose hacia el exterior: es, pues, evidente, cuanto más se aleja de Dios más se alejan los unos de los otros, y cuanto más se alejan los unos de los otros más se alejan también y a la vez de Dios. Tal es la naturaleza de la caridad. En la medida en que estamos en el exterior y no amamos a Dios, en esa misma medida nos alejamos del prójimo. Pero si amamos a Dios, tanto nos aproximamos a él por la caridad para con él cuanto estamos unidos a la caridad del prójimo, y tanto estamos unidos al prójimo cuanto lo estamos a Dios
Que el amor carnal nos sirva de modelo para nuestro deseo de Dios
A quien posee el amor a Dios no le cuesta trabajo seguir al Señor su Dios, como dice el divino Jeremías, sino que soporta con generosidad críticas y agresiones sin desearle mal a nadie
Es hermoso y digno de alabanza el amor al prójimo, si la preocupación que ponemos en él no nos distrae del amor a Dios
A aquellos que dan prueba de amor hacia Él con la observancia de los mandamientos... [Cristo] se manifiesta, como él mismo dijo; por su manifestación les da el Espíritu Santo en persona y, a continuación, por el Espíritu Santo, Él mismo y el Padre moran inseparablemente con ellos
Sabemos que amamos a los hijos de Dios cuando amamos a Dios y practicamos sus mandamientos
Así que amémonos profundamente unos a otros; en efecto, el que ama a su prójimo, ama a Dios; y el que ama a Dios, se ama a sí mismo
[Los santos] están absoluta y totalmente orientados [hacia Cristo]
Por su misma naturaleza un alma sana experimenta tal sentimiento [el amor a Dios]
El amor de este mundo es enemigo de Dios (cf. Sant 4,4). Si nuestro Dios es amor (1 Jn 4, 8)... se sigue que el amor de este mundo malvado es enemigo de la caridad. Por tanto, no es posible adquirir la caridad si no odiamos el mundo
Es ella [la caridad] la que hace que el hombre sea hombre. Y no os sorprendáis que sea propio del hombre el ser caritativo, puesto que es lo propio del mismo Dios
Quien se ama a sí mismo no puede amar a Dios, y quien no se ama a sí mismo... ese ama a Dios
Dichoso aquel que no siente por Dios una pasión menos violenta que la del enamorado por su amada
[La caridad no es,] distinta y separadamente, esta para con Dios y aquella para con el prójimo, sino única e idéntica a sí misma en su totalidad, debida a Dios
Es dulce la relación que tenemos con nuestros hermanos espirituales, si al mismo tiempo podemos conservar la relación que nos une a Dios
No se puede adquirir y conservar el perfecto amor a Dios más que en la medida del conocimiento espiritual
El amor de Dios llega verdaderamente a su plenitud en aquel que guarda Su palabra. Esta es la prueba de que estamos en Él
[El hombre lleva] la ley del amor depositada en [su] naturaleza
[Los santos] no tienen ansiosamente ante los ojos otra cosa que no sea el propio Cristo
Lo que nos enseña a amar a Dios no es una enseñanza exterior. En la naturaleza misma del ser vivo -estoy hablando del hombre- encuentro inserido como un germen que contiene en sí el principio de esta aptitud para amar. A la escuela de los mandamientos de Dios le pertenece recoger este germen y desarrollarlo con la gracia divina
La caridad cura el elemento irascible
[El amor] es el remedio de nuestras faltas
[La caridad, en su plenitud,] revela que la imagen ha alcanzado plenamente la belleza de aquel a quien se asemeja
He visto almas impuras que se entregaban con furia al amor carnal; cuando su experiencia de este amor les condujo al arrepentimiento, trasladaron todo su amor al Señor y, superando entonces todo temor, se aguijoneaban insaciablemente para amar a Dios. Por eso el Señor, al hablar de esta casta pecadora, no dice que hubiera tenido miedo, sino que había amado mucho, y que pudo fácilmente expulsar el amor con el amor (Lc 7, 47)
Quien ama a Dios, inevitablemente ama a cada hombre como a sí mismo
Nadie puede mantener juntos el amor de Dios y el deseo del mundo
[Mientras el Señor no se ha manifestado,] nosotros no podemos amarlo como es debido
Porque el amor consiste en guardar sus mandamientos
[La naturaleza del hombre conserva] la bondad original que forma parte de ella en su primera creación
[Los santos] se liberan de todo amor del mundo y rompen todo lazo terrestre para ser capaces de no poseer constantemente más que ese solo deseo en su corazón y no mezclar con él cualquier otra cosa
[La caridad constituye para el hombre] una regla de salud
Las pasiones del alma son suprimidas por el amor espiritual
[La caridad] reúne a todos los hombres en un solo cuerpo
La caridad une el alma a las virtudes mismas de Dios
Me han contado un hecho que denota una pureza soberana y extraordinaria. Me han dicho que un hombre, viendo un cuerpo de una belleza singular, halló en ello ocasión de adorar y glorificar con sus alabanzas la soberana belleza de la que aquella no era sino la obra, y por esta sola visión se sintió transportado por entero del fuego del amor divino, y se volvió un mar de lágrimas. Y era una maravilla asombrosa ver que, lo que podría haber hecho caer a otro en un precipicio, procuraba coronas a este
Quien ama a Dios ama también a su prójimo sin reserva
No hay otro camino para el amor espiritual
Si alguno dice ‘yo amo a Dios’ y odia a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano a quien ve no puede amar a Dios a quien no ve. Y nosotros hemos recibido de él este mandamiento: que el que ama a Dios ame también a su hermano
[Si alguno queda lejos del reino] se debe a que no quiere arriesgarse a negarse a sí mismo, que ama algo a la par y al nivel de Dios, conserva cierto aprecio por algunos placeres y concupiscencias de este mundo, y no dirige todo su amor hacia el Señor siempre que se halle al alcance de sus capacidades, de su libre elección y su voluntad
[En el amor] no dejaremos nunca de progresar, en el siglo presente o en el siglo futuro
‘Aquel que me ama guardará mis mandamientos’, dice el Señor (Jn 14, 15). Pues bien, ‘mi mandamiento es éste: que os améis los unos a los otros’ (Jn 15, 12). Por tanto, quien no ama a su prójimo no guarda el mandamiento, y el que no guarda el mandamiento no podrá amar al Maestro
Rezamos para adquirir el amor de Dios. Porque en la oración hallamos los motivos para amar a Dios
[El amor] es de Dios
Cuando un alma se eleva hacia el Señor, dirige a él todo su amor, se adhiere con todas sus fuerzas solo a él... se niega a sí misma, no sigue más las apetencias de su espíritu...; al contrario, se entrega totalmente a la palabra del Señor, se aparta, en cuanto es posible, de su propia voluntad, de todo lazo visible y se abandona sin reservas al Señor
La caridad es ante todo el rechazo de todo pensamiento inicuo, porque la ‘caridad no piensa mal’ (1 Cor 13, 5)
Quien alberga en su corazón una brizna de enemistad hacia alguien por cualquier ofensa, es completamente ajeno al amor de Dios
De la oración pura nace el amor a Dios
Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a nuestros hermanos
Solo obtendrá y poseerá su alma y la caridad del Espíritu celestial aquel que se vuelve extranjero a todas las cosas de este siglo para entregarse a la búsqueda del amor de Cristo
La caridad y la impasibilidad... no se distinguen más que en el nombre
La caridad nace de la impasibilidad
[Si el hombre] no persevera en la oración, conversando con Dios y pasando por todas las formas sucesivas de oración... no sentirá el amor
Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros
[El hombre no es capaz de amar de verdad a Dios y al prójimo espontáneamente, sino] gracias a un largo combate
El tiempo y la práctica de la oración revelan el amor del monje a Dios
No te ames a ti mismo y amarás a Dios
El amor de Dios procede por tanto de la relación que se mantiene con él [en la oración]
El que permanece en el amor permanece en Dios y Dios permanece en él
Por el esfuerzo y la tensión, la vigilancia y el combate, llegamos a ser capaces de adquirir el amor de Dios, ese amor que la gracia y el don de Cristo forman en nosotros
A la manera como el crisol prueba el oro así la práctica de la oración es la prueba del celo del amor de los monjes a Dios
Llegar a la posesión habitual de [la] caridad es imposible mientras se mantenga una relación pasional con alguna de las cosas terrenas
La compasión, cuando se encuentra en tu corazón, es en ti el icono de la santa beldad a cuya semejanza has sido creado
Dios es amor
El monje adquirirá esta caridad gracias a esa oración
Nadie puede amar en verdad a Dios y al prójimo si no renuncia a toda adhesión a las cosas del mundo. En verdad, es absolutamente imposible entregarse absolutamente a las cosas materiales y a la vez amar a Dios. Es lo que ha dicho el Señor: ‘Nadie puede servir a dos señores’ (Mt 6, 24)
El hombre compasivo es el médico de su alma. Como bajo un viento violento expulsa de su interior las tinieblas de las pasiones
De ella [la oración] procede, en quienes son considerados dignos... la unión de sus disposiciones interiores con el Señor en una caridad inefable
No ama a Dios aquel que guarda su espíritu apegado a cualquier objeto terreno
Cuando llegamos al amor hemos llegado a Dios
[Que] el hombre pida constantemente al Señor engendrarlo [el amor] en su corazón, haciéndole crecer y progresar cada día por la gracia en el continuo e incesante recuerdo de Dios
[La mayoría de los motivos del amor está] viciada por la pasión y lejos, por tanto, de la verdadera caridad
Si no conoces a Dios, no es posible que su amor viva en ti. Y no puedes amar a Dios si no lo ves
Es conforme a la naturaleza del alma creada por Dios el que le ame
Las pasiones grabadas en su alma [la del que no es impasible] oscurecen su juicio
El amor es hijo del conocimiento
El alma iluminada por el Espíritu... y que ve así por el espíritu la belleza deseada, única e inexpresable, está herida por el amor divino... Entonces adquiere un amor ilimitado e inagotable por el Señor a quien desea
Todas las virtudes ayudan al espíritu al amor por Dios, pero más que las demás, la oración pura
El que ama sinceramente a Dios ora también absolutamente sin distracción, y el que ora sin ninguna distracción ama también sinceramente a Dios
Ella sola [la caridad] hace ver que el hombre es a imagen del Creador
[Hay que] tener plenamente orientados hacia lo divino [las pasiones y los pensamientos]
Pasión de amor censurable es aquella que ocupa el espíritu en las realidades materiales; pasión de amor loable, la que lo entrega a las realidades divinas. Pues, de ordinario, cuando se detiene en un objeto el espíritu está cómodo y allí donde él está cómodo convergen su deseo y su amor; ya sea sobre las realidades divinas y espirituales que le son propias, ya sea sobre las realidades y las pasiones carnales
[Si el espíritu se ejercita largamente en abstenerse de los placeres y ocuparse de lo divino,] al final todo su deseo se tornará hacia lo divino
[El alma se sirve también] de su potencia irascible para defender amorosamente el objeto de sus búsquedas
[La] caridad es el fruto de la reunión y unión de las potencias del alma -es decir, racional, irascible y concupiscible- juntas alrededor de las cosas de Dios