Quotes on ascesis — 75 quotes

On ascesis

Trato con dureza mi cuerpo y lo tengo dominado

Pablo Apóstol 1 Cor 9, 27

Se debe cuidar el cuerpo no porque sea el cuerpo, sino a fin de tener una ayuda para la filosofía, bien para estar en condiciones de leer a los filósofos, bien para poder concentrar en la oración el espíritu que languidece en el cuerpo, o bien, en general, para hacer cualquier cosa que afecte a la filosofía

Basilio de Ancira Basilio de Ancira, Tratado de la virginidad, 11

En razón de la gran afinidad que se ha establecido entre el alma y el mal, pasa lo siguiente: la incisión de la verruga provoca un vivo dolor en la superficie del cuerpo, pues lo que se ha desarrollado en la naturaleza contra la naturaleza misma se adhiere a la sustancia por una especie de simpatía, y se produce una mezcla inesperada del elemento extraño con nuestro ser propio, de modo que el hecho de separar el elemento antinatural provoca una sensación dolorosa y aguda

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Discurso catequético, 8

No hemos aprendido a matar nuestro cuerpo, sino a matar nuestras pasiones

Poemén Apotegmas, serie alfabética, Poemen, 184

[El trabajo, el ayuno y las vigilias] curan la parte apasionada del alma

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 49

El camino que conduce a la humildad son los trabajos corporales

Padres del desierto Un anciano — Apotegmas, N 323

Nos costará dos veces más trabajo y esfuerzo expulsar los vicios que adquirir las virtudes

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XIV, 3

Cuando un alma hundida en el pecado no acepta las tribulaciones que le llegan, entonces los ángeles dicen respecto a ella: ‘Hemos tratado a Babilonia y ella no ha sanado’

Marcos el Monje Marcos el Monje, De quienes piensan que están justificados por sus obras

Es como si el alma hubiera formado una sola cosa con el cuerpo y se hubiera convertido toda ella en carne

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, II, 39

Con la ascesis buscamos extinguir los vicios de la carne, no la carne misma. Cada uno debe hacerse dueño de su cuerpo, pero con moderación, para que la carne no reaccione empujándonos a algún pecado, y para que conserve la suficiente vitalidad como para realizar eficazmente lo que debe hacer

Gregorio Magno Gregorio Magno, Morales sobre Job, LXX, 41 (cf. XXX, 18). Cf. también Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, XII, 1

El que ha soportado una larga enfermedad no puede recobrar la salud en un instante; igualmente es imposible dominar de un golpe las pasiones, ni siquiera una sola pasión

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, Recapitulación, 57

Ni los médicos que curan los cuerpos dan a todos un único y mismo remedio, ni Dios, que cura las enfermedades de las almas, conoce un tratamiento que convenga a todas, sino que realiza las curaciones cuando ha prescrito a cada alma lo que necesita. Por tanto, nosotros, que hemos sido curados de este modo, demos gracias, aun cuando lo que nos suceda sea duro

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Diez capítulos, 5

Lo propio de la naturaleza racional es someterse a la razón y dirigir al cuerpo controlándolo con dureza

Talasio el Libio Talasio, Centurias, II, 5

La ascesis de la inteligencia, [que] es la obra del corazón... nos protege de las pasiones ocultas, para que no nos encontremos con ninguna de ellas en el país oculto, en el país espiritual

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 17

La conversión, el paso de lo antinatural a lo conforme a la naturaleza, se realiza mediante la ascesis y los sufrimientos

Juan Damasceno Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa, II, 30

La ascesis corporal, quiero decir el ayuno, la templanza, el acostarse en el suelo, el permanecer de pie, la vigilia y todas las demás cosas que afectan por naturaleza al cuerpo, calman la parte apasionada librándola del pecado activo. Tales cosas... educan a nuestro hombre exterior y nos guardan de las pasiones activas

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 112

El que ha muerto al mundo, pues esto es la cruz..., el que ha hecho morir sus miembros terrenos... hasta el punto de que ya no lo alcanza ninguna pasión ni ningún deseo malo, ¿cómo va a ser alcanzado por ninguna pasión ni ningún mal deseo, cómo va a recibir por nada del mundo una sensación apasionada, o a experimentar un impulso voluptuoso o, en fin, cómo se va a tambalear en su corazón?

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, VI, 352-359

Nos purificamos de las manchas del pecado por medio de los padecimientos voluntarios o por los que nos llegan a pesar nuestro

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Centurias, II, 9

Aléjate [de tu enfermedad] usando remedios drásticos del amor a la pena (φιλοπονία), si es que te preocupas por la salud de tu alma

Elías el Écdico Elías el Écdico, Antología gnómica, 32

El dolor físico que se deriva del ayuno, las vigilias y otras prácticas semejantes... él solo... hace morir la pecabilidad del cuerpo

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, II, 2, 6

Si el cuerpo es incapaz, conviene fortalecerlo cuanto sea necesario

Nil Sorsky Nil Sorsky, Regla, IV

Nos recomendamos a nosotros mismos en todos los aspectos como sirvientes de Dios, con mucha paciencia en tribulaciones, calamidades, angustias, bajo golpes, en prisiones, en sediciones, en trabajos, en vigilias, en ayunos

Pablo Apóstol 2 Cor 6,4-5

Se sabe por experiencia que el dominio del cuerpo sobre el alma es un obstáculo para la adquisición del bien; pero, por otro lado, su debilidad, cuando el instrumento corporal es incapaz de servir a los deseos del alma, bloquea igualmente el progreso hacia el bien

Basilio de Ancira Basilio de Ancira, Tratado de la virginidad, 10 (cf. 8; 11)

[El objetivo supremo de la ascesis] no es proponerse agobiar al cuerpo, sino facilitar las funciones del alma

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, XXII, 1-2. Cf. Basilio de Cesarea, Sermón ascético, III, en PG 31, 876D

Cuando se inflama la concupiscencia, el hambre, el esfuerzo (κόπος) y la soledad la apagan

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 15

[La humildad perfecta es una virtud que solo] los santos perfectos reciben cuando han completado toda la ascesis de su vida

Padres del desierto Apotegmas, Arm II, 319 (adición a Teodoro 18); Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 20

La gastrimargía y la lujuria... necesitan para consumarse un objeto externo, y no se llevan a efecto sino mediante un acto del cuerpo

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, IV, 4

[El sufrimiento acogido de buen grado, en el espíritu o en el cuerpo,] trabaja para el compañero: el del pensamiento, para el cuerpo; el del cuerpo, para el pensamiento

Marcos el Monje Marcos el Monje, De quienes piensan que están justificados por sus obras, 44

¿Qué influencia puede tener el trabajo del cuerpo sobre una disposición del alma?

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, II, 39; 38

Nadie puede progresar en la lucha espiritual si antes no domina al enemigo que se camufla bajo los apetitos golosos. Es un error entrar en combate contra unas potencias lejanas cuando se está sometido por las cercanas... Algunos, ignorantes de la táctica que hay que seguir en esta guerra, se lanzan a combates espirituales sin haber controlado su gula. A veces llegan a realizar cosas importantes que requieren mucho arrojo; pero, dominados por la gula, los atractivos de la carne les hacen perder todo el provecho obtenido

Gregorio Magno Gregorio Magno, Morales sobre Job, XXX, 18. Se encuentra la misma enseñanza en Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, V, 13-16

Engañados al principio por la ilusión del placer hemos preferido la muerte a la verdadera vida. Por eso hemos conocido con gratitud el padecimiento del cuerpo, que destruye el placer, de modo que, cuando la muerte del placer hace que desaparezca con ella misma la muerte que aquel había suscitado, recibimos a cambio la vida, que vuelve a nosotros

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Diez capítulos, 2-4

El largo amor al padecimiento (φιλοπονία) destierra el amor al placer (φιληδονία)

Talasio el Libio Talasio, Centurias, III, 10; I, 33

[Las pruebas son] la multitud de los remedios [que] el Médico verdadero envía para la salud del hombre interior

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 8

[Solo] por medio de la praxis y los santos combates [de la ascesis se puede] adquirir el conocimiento [espiritual]

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, II, 10

El que se ha sometido hasta la saciedad a los placeres y a las obras del cuerpo, que se entregue hasta la saciedad a los padecimientos de la ascesis en los sudores de la vida dura. La saciedad entonces le da la vuelta... a la saciedad; el dolor al placer; las fatigas del cuerpo, a la comodidad

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Centurias, I, 86

Ciertamente tenemos necesidad del dolor físico que procede del ayuno, de las vigilias y de otras prácticas semejantes si nos dedicamos a la oración. En efecto, este dolor es lo único que hace morir la pecabilidad del cuerpo y hace más moderados y más débiles los pensamientos que provocan pasiones brutales. Además, es lo que aporta al principio la santa compunción, borra así incluso las faltas pasadas, atrae más que ninguna otra cosa el favor divino y provoca una buena disposición para la oración. Pues, según dice David, ‘Dios no rechazará un corazón roto’ (Sal 50, 17) y, según Gregorio el Teólogo, ‘no se puede servir a Dios más que por medio de la mortificación’. Por eso el Señor enseñó en los evangelios que la oración puede mucho más cuando está unida al ayuno

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, II, 2, 6. La cita es de Gregorio Nacianceno, Discursos, XXIV, 11

He soportado trabajos y fatigas, muchas noches sin dormir, hambre y sed, ayunos múltiples, frío y desnudez

Pablo Apóstol 2 Cor 11, 27

Con esta montura [el cuerpo], a la que nos une un vínculo natural, debemos avanzar por el camino de la virtud, evitando, ya soltar demasiado las riendas, ya tensarlas demasiado. De modo que, por este motivo, conviene examinar cuidadosamente el estado en que se encuentra el cuerpo

Basilio de Ancira Basilio de Ancira, Tratado de la virginidad, 8-11. El gran asceta que es san Arsenio invita al mismo comedimiento en su Carta (71; 72). Cf. también Talasio, Centurias, III, 12,

[La regla práctica de la ascesis debe ser] tener cuidado igualmente de las faltas de mesura en uno y otro lado, estando atento a que la prosperidad de la carne no sepulte al espíritu (νούς) y a que, a la inversa, su extenuación gratuita no lo vuelva débil, no lo hunda, absorbido por los sufrimientos corporales. Sería bueno también recordar la sabia prescripción que prohíbe igualmente apartarse hacia la derecha y en la dirección contraria (cf. Prov 4, 27)

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, XXII, 1-2. Cf. Basilio de Cesarea, Sermón ascético, III, en PG 31, 876D

[Las pasiones nacidas por instigación únicamente del alma] tampoco reclaman más que los remedios del alma

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, IV, 4

¿cómo pueden los esfuerzos corporales ser virtudes del alma?

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, II, 39; 38

Si, cuando la carne está bien tratada, la fuerza del pecado acostumbra a acrecentarse, está claro que la fuerza de la virtud aumenta de modo natural y con motivo cuando la carne es maltratada

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Diez capítulos, 2-4

La vida dura y la aflicción, voluntarias o suscitadas por la Providencia, borran el placer

Talasio el Libio Talasio, Centurias, III, 10; I, 33

Has querido que extraiga mi bien de mis dificultades y que mi alma se conserve sana junto a Ti

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 50

[Los preceptos de ciertas prácticas no cristianas] tienen en verdad una apariencia de sabiduría en el sentido de que indican un culto voluntario de la humildad y el tratamiento riguroso del cuerpo

Pablo Apóstol Col 2, 23

Pero, eliminando lo que sobrepasa la medida en uno y otro sentido, tendremos cuidado de añadir lo que falta, y nos guardaremos con igual celo de lo que vuelve al cuerpo inutilizable en uno y otro caso, sin empujar a nuestra carne, por un bienestar excesivo, a la disciplina y a la indocilidad, y sin volverla tampoco, por un agobio desmedido, enfermiza, floja y sin fuerzas para el servicio que debe rendir

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, XXII, 1-2. Cf. Basilio de Cesarea, Sermón ascético, III, en PG 31, 876D

[Las pasiones corporales] no se curan sino mediante un tratamiento doble

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, IV, 4

Las disposiciones del alma no son las mismas en el que goza de buena salud y en el enfermo, en el que tiene hambre y en el que está saciado. Tampoco son las mismas en un hombre montado a caballo que en un hombre montado sobre un asno, en uno que está sentado en un trono y en otro que está sentado en el suelo, en uno que lleva hermosos vestidos y en otro que va vestido miserablemente

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, II, 19. Cf. Juan Clímaco, Escala, XXV, 57

Luchar en los padecimientos es el combate de la virtud, el precio de la victoria que, para los que dan pruebas de paciencia, acarrea la impasibilidad del alma

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Diez capítulos, 2-4; cf. Nicetas Stéthatos, Centurias, I, 25; 29

Los mandamientos de Dios se cumplen en las aflicciones y los tormentos

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 27; 37; 19

[El ejercicio corporal] sirve de poco, mientras que la piedad es útil para todo

Pablo Apóstol 1 Tim 4, 8

Para refrenar sus ataques, no basta con aplicar el espíritu, como ocurre de ordinario con la ira, la tristeza y los demás vicios, en los que la industria del alma puede conseguir la victoria por sí sola, sin castigar la carne; se necesita además la mortificación corporal, las vigilias, los ayunos, el trabajo que quiebra el cuerpo, a las que se unirá el huir de las ocasiones. El alma y el cuerpo concurren en su nacimiento; no serán vencidas sin que una y otro colaboren a ello

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, IV, 4

¿Por qué se dice que los trabajos corporales conducen el alma a la humildad?

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, II, 38; 39

Algunos remedios inmovilizan las pasiones y les impiden ponerse en marcha e intensificarse... Por ejemplo, el ayuno, el esfuerzo (κόπος) y las vigilias impiden que la codicia adquiera fuerza

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 47

La causa de la virtud es el camino estrecho de la aflicción

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 27; 37; 19

Los sufrimientos del tiempo presente no pueden compararse con la gloria venidera que se revelará en nosotros

Pablo Apóstol Rom 8, 18

La desgraciada alma sufre con el cuerpo, y se ve afectada por todo lo que él hace... El trabajo humilla al cuerpo y, cuando el cuerpo es humillado, el alma también lo es junto con él, de manera que el anciano tenía razón al decir que el trabajo corporal también lleva a la humildad

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, II, 38; 39

Si la potencia concupiscible del alma está excitada con demasiada frecuencia, crea una propensión habitual al placer, de la que costará trabajo deshacerse... El remedio... es la práctica asidua del ayuno, de las vigilias y de la oración

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 70

Las virtudes están ligadas a las aflicciones. El que se aparta de las aflicciones, se aparta inevitablemente de la virtud. Si deseas la virtud, acepta ser herido

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 27; 37; 19

No tenemos que luchar contra la carne y la sangre

Pablo Apóstol Ef 6, 12

Amarlo [al cuerpo], pero sin pasión; mantenerlo, pero como un simple servidor de las cosas divinas

Máximo el Confesor Cf. Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 9

No te extrañes si, cuando empiezas a ser virtuoso, te asaltan por todas partes la dureza y la violencia de las aflicciones. Pues una virtud que no se ponga en práctica en la dificultad no podría ser una virtud. Es precisamente esta dificultad lo que hace que se la llame virtud, como dijo san Juan: ‘La virtud se deriva habitualmente de las dificultades. Cuando está ligada a la comodidad, es censurable’. El bienaventurado Marcos el Monje dijo también: ‘Toda virtud es llamada de este modo si es una cruz’

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 27; 37; 19

Que cada uno de vosotros sepa poseer su propio cuerpo con santidad y honestidad, sin entregarse a una codicia apasionada, como hacen los paganos que no conocen a Dios

Pablo Apóstol 1 Tes 4, 4-5

El duro esfuerzo de la virtud obtiene como recompensa la impasibilidad

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 34

Cuando el alma se pone a vivir con la vida del cuerpo, este no es su estado natural

Isaac de Nínive Cf. Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 16; 83

Si hacéis morir las acciones del cuerpo mediante el espíritu, viviréis

Pablo Apóstol Rom 8,13

[El alma] toma parte por naturaleza en las aflicciones del cuerpo, ya que su propio movimiento ha sido ligado al movimiento corporal por la sabiduría incomprensible

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 83

Trato mi cuerpo con dureza

Pablo Apóstol 1 Cor 9, 27

La filautía precede a todas las pasiones. Y el desprecio al descanso del cuerpo precede a todas las virtudes

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 71

Nunca nadie ha odiado su propia carne, sino que la nutre y cuida de ella, como Cristo hace con la Iglesia

Pablo Apóstol Ef 5, 29

Igual que los remedios purifican y expulsan del cuerpo los malos humores, así también la violencia de los tormentos purifica y expulsa del corazón los vicios

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 71

[Hay que hacer de modo] que la abundancia no posea demasiado y que la indigencia no carezca de nada

Pablo Apóstol 2 Cor 8, 15; Ex 16, 18

Las aflicciones matan el placer de las pasiones mientras que el placer lo nutre y lo acrecienta

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 21

Cuanto más aumentan los padecimientos, más disminuye la suficiencia

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 27

Los pensamientos no pueden divagar en el vacío cuando el cuerpo está afligido. Cuando soportamos con alegría las penas y los tormentos, podemos refrenar firmemente nuestros pensamientos

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 27. Cf. Gregorio Palamas. Triadas. II, 2. 6