Quotes on ayuno — 8 quotes

On ayuno

[El trabajo, el ayuno y las vigilias] curan la parte apasionada del alma

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 49

Para refrenar sus ataques, no basta con aplicar el espíritu, como ocurre de ordinario con la ira, la tristeza y los demás vicios, en los que la industria del alma puede conseguir la victoria por sí sola, sin castigar la carne; se necesita además la mortificación corporal, las vigilias, los ayunos, el trabajo que quiebra el cuerpo, a las que se unirá el huir de las ocasiones. El alma y el cuerpo concurren en su nacimiento; no serán vencidas sin que una y otro colaboren a ello

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, IV, 4

Algunos remedios inmovilizan las pasiones y les impiden ponerse en marcha e intensificarse... Por ejemplo, el ayuno, el esfuerzo (κόπος) y las vigilias impiden que la codicia adquiera fuerza

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 47

La ascesis corporal, quiero decir el ayuno, la templanza, el acostarse en el suelo, el permanecer de pie, la vigilia y todas las demás cosas que afectan por naturaleza al cuerpo, calman la parte apasionada librándola del pecado activo. Tales cosas... educan a nuestro hombre exterior y nos guardan de las pasiones activas

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 112

El dolor físico que se deriva del ayuno, las vigilias y otras prácticas semejantes... él solo... hace morir la pecabilidad del cuerpo

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, II, 2, 6

Cuando se inflama la concupiscencia, el hambre, el esfuerzo (κόπος) y la soledad la apagan

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 15

Si la potencia concupiscible del alma está excitada con demasiada frecuencia, crea una propensión habitual al placer, de la que costará trabajo deshacerse... El remedio... es la práctica asidua del ayuno, de las vigilias y de la oración

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, II, 70

Ciertamente tenemos necesidad del dolor físico que procede del ayuno, de las vigilias y de otras prácticas semejantes si nos dedicamos a la oración. En efecto, este dolor es lo único que hace morir la pecabilidad del cuerpo y hace más moderados y más débiles los pensamientos que provocan pasiones brutales. Además, es lo que aporta al principio la santa compunción, borra así incluso las faltas pasadas, atrae más que ninguna otra cosa el favor divino y provoca una buena disposición para la oración. Pues, según dice David, ‘Dios no rechazará un corazón roto’ (Sal 50, 17) y, según Gregorio el Teólogo, ‘no se puede servir a Dios más que por medio de la mortificación’. Por eso el Señor enseñó en los evangelios que la oración puede mucho más cuando está unida al ayuno

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, II, 2, 6. La cita es de Gregorio Nacianceno, Discursos, XXIV, 11