Quotes on gula — 64 quotes

On gula

Todo lo que Dios ha creado es bueno, y no hay que proscribir ningún alimento si se toma con acción de gracias

Pablo Apóstol 1 Tim 4, 4

Controla tu estómago y controlarás tus otras pasiones

Gregorio Nacianceno Gregorio Nacianceno, Poemas, II, II, 6

El objetivo de la templanza lo realizamos de esta manera: por una parte usamos conforme a nuestras necesidades las cosas más simples, necesarias para la vida, evitando toda saciedad; por otra, nos abstenemos de todo lo que no sirve más que para el placer

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Grandes reglas, 18 (cf. 17; 19; Cartas, XXII)

[El que] no vive más que para el vientre y lo que sigue al vientre, se halla lejos de la vida de Dios

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, IV, 5. Cf. Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 26

Come sin comer, bebe sin beber

Poemén Apotegmas, Eth. Col. 14, 63

Quienes cometen el error de alimentar demasiado su carne... deberían echarse la culpa a sí mismos y no a ella

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 53

Solo tras su desobediencia y su exilio empezaron Adán y Eva a tener comercio juntos. Antes vivían como ángeles... Así pues, en el orden de los tiempos, la virginidad posee la palma de la prioridad

Juan Crisóstomo

Hay aquí tres focos de enfermedades del alma tanto más temibles cuanto que son numerosos

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, VI, 11

Mandamos dominar al cuerpo para que no se recargue de alimentos y haga que el alma se hunda en los pecados y, por otra parte, que no se encoja e impida al alma dedicarse a las cosas espirituales. Pero el alma debe forzar al cuerpo de tal modo que, si él se debilita, ella ceda un poco, y cuando él recupere la energía, ella vuelva a estrechar las riendas

Hipacio de Rufinianas Calínico, Vida de Hipacio, XXIV, 70-71

[Detestar los alimentos por ellos mismos, como cosas malas, sería] una abominación y algo puramente diabólico

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 43-44

[La templanza produce el efecto de] domar las pasiones del cuerpo

Calínico Calínico, Vida de Hipacio, XXIV, 63. Cf. Evagrio Póntico, Tratado práctico, 35; Basilio de Cesarea, Grandes reglas, 16

[Aquel que] busca las cosas de arriba, piensa en las cosas de arriba, y medita en las cosas de arriba, [olvida ‘comer su pan’ (Sal 101, 5)]

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 154

A propósito de la templanza dicen los Padres que, tanto al comer como al beber, debemos quedarnos un poco cortos, es decir, no llenarnos el vientre ni de comida ni de bebida

Juan de Gaza Juan de Gaza, Cartas, 155

En el uso del alimento, la acción de comer por necesidad y la de comer por placer son la misma; el pecado está en la intención

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, XV, 162

El vicio no está en el alimento, sino en la forma de ingerirlo. Por eso es del todo posible tomar manjares refinados sin pecar, mientras que comer platos más bastos puede constituir una falta

Gregorio Magno Gregorio el Grande, Morales sobre Job, XXX, 18

Mi primogénito es el servidor de la lujuria; tras él viene el endurecimiento del corazón, y en tercer lugar el sueño. De mí proceden un mar de pensamientos, olas de suciedad, un abismo de impurezas insospechadas e innumerables. Mis hijas son la pereza, la charlatanería, el atrevimiento, la burla, la payasada, el espíritu de contradicción, la tirantez, la obstinación, la insensibilidad, la esclavitud, la suficiencia, la temeridad, la jactancia, que tienen como consecuencia la impureza de la oración, el torbellino de los pensamientos, y a menudo desgracias repentinas e inesperadas, a las que va estrechamente ligada la desesperación, que es el más nefasto de mis retoños

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XIV, 38; 22

Las viandas que comemos han sido creadas para un doble fin: alimentarnos y servirnos de remedio. Comerlas por otros motivos supone usar mal lo que Dios nos ha dado para nuestra utilidad

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 86. Cf. Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 7

[Entonces el hombre] ha perdido la mitad de su fuerza, de modo que podemos decir... que antes de ir al combate se encuentra vencido sin haber luchado. Ha sido derrotado por la voluntad relajada de la carne, sin que sus enemigos hayan tenido que hacer el menor esfuerzo

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 69

La virginidad era original e innata en la naturaleza de los hombres. En el paraíso, la virginidad era el estado normal. Solo cuando, a raíz de la transgresión, entró la muerte en el mundo, solo entonces Adán conoció a su mujer y ella engendró

Juan Damasceno

El vientre es un dios sensible para ellos, que son esclavos de su estómago

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, II, 3, 6

[Los que se entregan a la gastrimargía] tienen a su vientre por dios

Pablo Apóstol Flp 3, 19

Todo lo creado por Dios es bueno

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Grandes reglas, 18. Cf. Juan Casiano, Conferencias, V, 19

Los placeres de la comida y de la bebida, que se atiborran de alimentos, producen necesariamente en el cuerpo, por esta falta de mesura, unos males independientes de nuestra voluntad, pues la saciedad engendra la mayoría de las veces tales pasiones en el hombre. Por tanto, para que nuestro cuerpo se conserve soberanamente tranquilo y no se vea perturbado por ninguno de los movimientos apasionados que nacen del estar saciado, hay que estar atento a que lo que defina en cada caso la medida de la conducta moderada no sea el placer sino la utilidad

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, XXI, 2

[El espíritu del glotón] está como borracho, vacilante, inestable

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, V, 6

Comer y beber dando gracias a Dios por todo lo que se sirve o mezcla no se opone de ninguna manera a la regla de la ciencia, pues ‘todo es bueno’ (Gn 1, 31)

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 43-44

En los autores paganos, µαργαίνειν significa ‘estar fuera de sí’, y al necio se le llama µαργός. Cuando alguien contrae esta enfermedad (νόσος) y esta locura (µανία) de querer llenarse el vientre, se la denomina gastrimargía (γαστριµαργία), es decir, ‘locura del vientre’. Cuando se trata tan solo del placer de la boca se la llama ‘laimargía’ (λαιµαργία), o sea, ‘locura de la boca’

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, XV, 161

Nadie puede progresar en la lucha espiritual si antes no domina al enemigo que se camufla bajo los apetitos golosos. Es un error entrar en combate contra unas potencias lejanas cuando se está sometido por las cercanas... Algunos, ignorantes de la táctica que hay que seguir en esta guerra, se lanzan a combates espirituales sin haber controlado su gula. A veces llegan a realizar cosas importantes que requieren mucho arrojo; pero, dominados por la gula, los atractivos de la carne les hacen perder todo el provecho obtenido

Gregorio Magno Gregorio Magno, Morales sobre Job, XXX, 18. Se encuentra la misma enseñanza en Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, V, 13-16

Quien ha recibido al Consolador, implora su ayuda contra mí [la gastrimargía]; y Él, invocado así, no me permite actuar de forma apasionada

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XIV, 38

[Todas las pasiones, y esta en particular,] encadenan al espíritu a los objetos materiales, lo hunden en la tierra como lo haría una piedra muy pesada que lo aplastara, ¡a él que por naturaleza es más ligero y más vivo que el fuego!

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 56

[El abuso de comida y bebida causa] la turbiedad de los pensamientos

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 26 y 56; cf. también 43 y 69

[La lujuria es un] vicio consistente en el uso ilícito o en el apetito desordenado de los deleites carnales

Juan Damasceno

Ya comáis, ya bebáis, hacedlo todo para gloria de Dios

Pablo Apóstol 1 Cor 10, 31

En cuanto a los alimentos, como las necesidades varían de unos a otros según la edad, las ocupaciones y la constitución física, se necesitan regímenes y tratamientos distintos. De ahí se deriva que no se puede abarcar en una sola regla todas aquellas que se imponen en el ejercicio de la piedad...

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Grandes reglas, 19. Cf. Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, V, 5

El hombre con templanza debe usar esta regla para su propia vida: no aplicar nunca su alma a un objeto en el que se halle mezclado ningún esbozo de placer y, sobre todo, guardarse del placer del gusto... A fin de que nuestro cuerpo permanezca soberanamente tranquilo y no lo turbe ninguno de los movimientos apasionados que nacen de estar saciado, debemos estar atentos a que no sea el placer, sino la utilidad, lo que defina en cada caso la medida de la conducta conforme a la templanza y el límite del disfrute. Y si el mismo agrado se encuentra íntimamente ligado a la utilidad..., no debemos rechazar la utilidad a causa del gozo que la acompaña, ni tampoco, por supuesto, perseguir en primer lugar el placer, sino que conviene, a la vez que se escoge lo que hay de útil en todas las cosas, despreciar lo que encanta a los sentidos

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, XXI, 2 (cf. 3)

La gastrimargía y la lujuria... necesitan para consumarse un objeto externo, y no se llevan a efecto sino mediante un acto del cuerpo

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, IV, 4

Entorpecido por la abundancia de alimentos, el cuerpo vuelve al espíritu (νούς) débil (δειλός, que significa también ‘tímido’, ‘cobarde’) y perezoso (δυσκίνητος, que significa también ‘difícil de mover’, ‘lento’)

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 45

Quien quiera ser purificado de los pecados... debe, en primer lugar, evitar la falta de discernimiento sobre la comida pues, según los Padres, la falta de discernimiento a propósito de la comida engendra en el hombre todos los males

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, XV, 161

[La gastrimargía es] la introductora de todas las demás pasiones

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XIV, 35

[La templanza apaga la concupiscencia] incitando a suprimir todo aquello que no responde a una necesidad, sino que procura solamente placer. No permite que uno se conceda más que lo que es necesario para vivir; no busca lo agradable, sino lo útil, y calcula la comida y la bebida conforme a la necesidad

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Discurso ascético, 23

[El abuso de alimentos provoca] una inteligencia desordenada que divaga por toda la tierra..., imaginaciones impuras... manchadas con fantasías e imágenes extravagantes llenas de la codicia que atraviesa el alma y hace que viva en la impureza

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 26; 69; 34

[Dios] creó [los alimentos] para que sean tomados con acción de gracias por aquellos que son fieles y han conocido la verdad

Pablo Apóstol 1 Tim 4, 3

[La templanza] procura la salud

Basilio de Cesarea Cf. Basilio de Cesarea, Grandes reglas, 18; Calínico, Vida de Hipacio, XXIV, 62; 72; Juan Crisóstomo, Tratado de la virginidad, 71; Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Cantar de los cantares, XII

El placer que se obtiene de forma natural al comer no es un mal esencial

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XXI, 15

Los atletas deben entrenarse en el odio a todos los deseos irracionales de tal modo que adquieran la costumbre de odiarlos; pero, respecto a los alimentos, habría que conservar la templanza de manera que no se llegue nunca a detestar ninguno, pues esto es una abominación y un puro acto diabólico

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 43

Come por necesidad quien, habiéndose fijado una ración diaria, la disminuye si, por la pesadez que le causa, se da cuenta de que debe suprimir algo de ella. Y añade un pequeño suplemento a esta ración si, por el contrario, lejos de causarle pesadez, no sostiene su cuerpo y debe ser ligeramente aumentada. De esta manera, evalúa con precisión sus necesidades y se adapta después a lo fijado, no con vistas al placer, sino con el fin de mantener la fuerza de su cuerpo

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, XV, 162

[La gastrimargía es] la destructora de todos los frutos de las virtudes

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 65, en PG 90, 768A

[El] vientre lleno hace del corazón una cuádruple puerta de fantasías delirantes

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 26; 69; 34

Ya comáis, ya bebáis, hacedlo todo para la gloria de Dios

Pablo Apóstol 1 Cor 10, 31

[La templanza] facilita las funciones del alma

Basilio de Cesarea Cf. Basilio de Cesarea, Grandes reglas, 18; Calínico, Vida de Hipacio, XXIV, 24; 63; 70; Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, XXII, 2 (cita); Juan Clímaco, Escala, XIV, 22; XXVIII, 14

[El placer,] si no va acompañado de intemperancia... o de algún otro vicio, no se puede decir que sea malo

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XXI, 15

[La templanza ayuda a] conservar el espíritu libre frente a los objetos y sus representaciones

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 39 (cita). Cf. Calínico, Vida de Hipacio, XXIV, 63; Clemente de Alejandría, Stromata, VII, 12; Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 57; 72; Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, V, 22; Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 75

No sobrecargues tu vientre para no sumir tu inteligencia en la confusión, para no ser atormentado por la distracción, para no entenebrecer tu alma ni turbar tus pensamientos

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 26; 69; 34

[La templanza es un] fruto del Espíritu

Pablo Apóstol Gal 5, 22

La regla general que hay que seguir respecto a la templanza es permitirse... el alimento necesario para sustentar el cuerpo, no lo bastante para saciarlo

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, II, 22; Instituciones cenobíticas, V, 8

La sentencia de los Padres está profundamente justificada y demostrada por la experiencia: la medida... de la templanza consiste en la privación que nos imponemos sobre la cantidad de comida; y la perfección de esta virtud, a la que debemos tender, es la misma para todos: parar de comer lo que estamos obligados a tomar para sostener nuestro cuerpo quedándonos con hambre

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, II, 22; Instituciones cenobíticas, V, 8

Que nadie... coma hasta saciarse. En efecto, no solo es la calidad, sino también la cantidad de los alimentos lo que embota la vivacidad del corazón, vuelve más pesados tanto al espíritu como al cuerpo y atiza el fuego de los vicios

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, V, 5-6

El espíritu, entorpecido por la comida, no puede ya guardar la regla del discernimiento..., ya que todos los excesos de comida lo vuelven vacilante e inestable

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, V, 5-6

[Debemos] buscar la templanza... en primer lugar en el testimonio de la conciencia

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, V, 9

[El hombre debe] extinguir la concupiscencia del comer [mediante el deseo de la perfección]

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, V, 14; 16

En efecto, nunca podremos despreciar el placer de los alimentos terrenos, si nuestro espíritu no se apega a la contemplación divina y no encuentra su felicidad más bien en el amor a la virtud y en la belleza de los alimentos celestiales

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, V, 14; 16

[Las pasiones corporales] no se curan sino con un tratamiento doble

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, V, 4; Instituciones cenobíticas, V, 14; 20; Juan Clímaco, Escala, XIV, 29

La gastrimargía y la lujuria..., que muchas veces se despiertan sin que la voluntad intervenga, a instigación y por el prurito de la propia carne, necesitan un objeto externo para consumarse, y no se llevan a efecto más que mediante un acto del cuerpo... Precisamente, por el hecho de que no se consuman sino por el ministerio de la carne, estos dos vicios requieren especialmente, además de la terapéutica espiritual del alma, la práctica de la templanza corporal

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, V, 4; Instituciones cenobíticas, V, 14; 20; Juan Clímaco, Escala, XIV, 29

El segundo combate, según la enseñanza recibida de nuestros Padres, es contra el espíritu de lujuria. Dura más tiempo y es más tenaz que todas las demás, y raros son aquellos que logran una victoria completa. Es un combate terrible

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VI, 1

La ciencia de los médicos espirituales se aplica primero a considerar la causa primera de semejantes enfermedades, que consiste en el exceso de alimentación

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XXII, 6. Cf. Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, V, 11; 20; Conferencias, V, 10; XXII, 3