Quotes on humildad — 177 quotes

On humildad

Nosotros nos gloriamos en Jesucristo y no ponemos nuestra confianza en la carne

Pablo Apóstol Flp 3, 3

Donde hay división y cólera, Dios no habita.

Ignacio de Antioquía Carta a los Filadelfios, 8

Despreciad toda gloria procedente de los hombres, para no buscar más que aquella que merece verdaderamente ese nombre, gloria que solo Dios dispensa a quienes son dignos de ella

Orígenes Orígenes, Tratado de la oración, 19

Quien permanece en la soledad y el silencio ha escapado de tres guerras: la del oír, la del hablar y la del ver. Pero contra una sola cosa tendrá que luchar sin descanso: contra su propio corazón.

Antonio el Grande Apotegmas de los Padres del desierto

Aquel a quien le ruegan que hable y le obligan a anunciar la palabra, debe entristecerse, huir de ello como del fuego y rechazar el pensamiento a fin de escapar de él y no caer en la cenodoxia a causa de su palabra

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, LV, 2

Se cura por la fe en Aquel que ha dicho: ‘El Señor se opone a los orgullosos y da su gracia a los humildes’ (Sant 4, 6), es decir, por el temor de la sentencia a la que se exponen por el orgullo

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Pequeñas reglas, 35

La humildad es la madre de la mansedumbre del corazón. Si cierras la puerta al orgullo, la ira no encuentra entrada. La brutalidad y la ignominia provocan esta enfermedad en los violentos. Pero la ignominia no alcanza al que practica la humildad

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Homilías sobre las bienaventuranzas, II, 5

[El hombre consigue la humildad] mediante el temor de Dios

Cronios Apotegmas, serie alfabética, Cronios, 3. Cf. Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, II, 3, 4

Eres una criatura de Dios; no repudies a tu Creador

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, De los ocho espíritus de malicia, 17

Tras censurar la vanidad..., proporciona el remedio para un alma afectada de este mal [ordenando]...: ‘Que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu mano derecha’ (Mt 6, 3)

Juan Crisóstomo Cf. Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, XIX, 2

El camino que conduce a la humildad son los trabajos corporales

Padres del desierto Un anciano — Apotegmas, N 323

Si estamos decididos... a luchar con las reglas del combate espiritual, concentremos todos nuestros esfuerzos en dominar este espíritu impuro poniendo nuestra confianza, no en nuestras fuerzas, pues la actividad humana no sería nunca capaz de ello, sino en la ayuda del Señor. Pues el alma será atacada necesariamente por este vicio mientras no reconozca que lleva a cabo una guerra por encima de sus fuerzas, y que el esfuerzo y la aplicación que pone en ella no pueden obtener la victoria si el Señor no acude en su ayuda y lo protege

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VI, 5; Conferencias, XII, 4 (cf. 15-16)

Cuanto más se acerca un hombre a Dios, más pecador se ve

Matoes Apotegmas, serie alfabética, Matoes, 2

Sin contrición del corazón es imposible librarse del mal, es absolutamente imposible adquirir ninguna virtud

Marcos el Monje Marcos el Monje, citado en Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, I, 10

La humildad... es pacífica con todos los hombres

Isaías de Escete

En todo momento, si el hombre puede suprimir en todo su voluntad y conservar un corazón humilde..., la gracia de Dios puede salvarlo. Y dondequiera que esté, la inquietud no se apodera de él

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 150

[La humildad se caracteriza por un] desapego de uno mismo en todo

Juan de Gaza Juan de Gaza, Cartas, 278

¿Por qué se dice que los trabajos corporales conducen el alma a la humildad?

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, II, 38; 39

El fundamento esencial de una virtud es la humildad

Gregorio Magno Gregorio Magno, Morales sobre Job, XXVII, 46. Cf. Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, III, 5; XLVII, 3; Homilías sobre la Epistola a los filipenses, V, 2; Consolaciones a Estagiro, 1,9

Reunamos los remedios del alma, es decir..., la humildad... Pues el médico más grande de nuestras almas, Cristo nuestro Dios, está cerca y quiere curarnos. No lo desdeñemos

Juan Mosco Juan Mosco, El prado espiritual, 144

Que ninguno de los que se han ejercitado con éxito en la castidad piense haberla adquirido por sus propias fuerzas. Pues es imposible vencer a la propia naturaleza. Cuando se vence a la naturaleza, se debe reconocer allí la presencia de Aquel que está por encima de la naturaleza

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 5; 23

La cenodoxia se suprime mediante la acción oculta

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 62; IV, 43

Deja que te persigan, pero no persigas. Deja que te crucifiquen, pero no crucifiques.

Isaac de Nínive Homilías ascéticas

La humildad procura la celestial y angélica impasibilidad

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XX, 204-207

El conocimiento de Dios significa que Dios conoce a quien se edifica en él por la humildad

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Centurias, III, 80

La humildad es la virtud por la que el hombre, conociéndose de veras a sí mismo, se abaja ante sus propios ojos.

Bernardo de Claraval Los grados de humildad y soberbia, I, 2

Considera, oh hombre, en cuán grande excelencia te ha puesto el Señor Dios, porque te creó y formó a imagen de su amado Hijo según el cuerpo, y a su semejanza según el espíritu.

Francisco de Asís Admoniciones, 5

La pureza de corazón es querer una sola cosa.

Søren Kierkegaard La pureza de corazón es querer una sola cosa, 1847

¿Qué te distingue? ¿Qué tienes tú que no hayas recibido? Y si lo has recibido, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?

Pablo Apóstol 1 Cor 4, 7

Yo vi todas las redes del enemigo desplegadas en la tierra, y dije gimiendo: ‘¿Quién podrá atravesar indemne estas trampas?’. Y oí una voz que me contestaba: ‘La humildad’

Antonio el Grande Apotegmas, serie alfabética, Antonio, 7. Cf. Isaías de Escete, Asceticón, III, 3

Aunque practique todas las virtudes, el alma que ama a Dios tiene por costumbre no imputarse nada a sí misma, sino atribuirlo todo a Dios... Pues todo lo que el hombre tiene, todos los bienes aparentes por medio de los cuales puede cada uno hacer el bien, la tierra y todo lo que hay en ella, el cuerpo y el alma mismos, todo es de Dios. Su mismo ser no lo tiene el hombre más que por gracia. ¿Qué le queda, por tanto, de lo que pueda razonablemente jactarse o justificarse? Sin embargo, Dios recibe de los hombres esta gracia inmensa, lo que más le complace de todo lo que nosotros le ofrecemos: que el alma refiera únicamente a Dios todo lo bueno que ella puede hacer, todo el trabajo que se toma por Él, todo lo que comprende, todo lo que conoce, y que se lo atribuya todo a Él

Macario de Egipto Macario de Egipto, Capítulos parafraseados, 123

No podemos liberarnos de esta pasión más que absteniéndonos de cualquier ejercicio de superioridad, igual que no se olvida una lengua o un arte más que cesando por completo, no solo de practicarlo o de hablar uno mismo, sino también de oír hablarlo y de ver practicarlo a otros

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Pequeñas reglas, 35

[Hay que] vivir profundamente la humildad del corazón. Los que están enraizados en esta experiencia no dejan en su alma ningún resquicio a la ira

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Homilías sobre las bienaventuranzas, II, 5

No tienes nada que no hayas recibido de Dios... Reconoce a quien te ha dado y deja de ensalzarte... Dios te ha ayudado; no reniegues de tu bienhechor

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, De los ocho espíritus de malicia, 17

Si no perdemos de vista nuestros pecados, los bienes externos no podrán nunca hinchar nuestras almas. Las riquezas, el poder, el rango supremo, las dignidades y los honores no tendrán ninguna influencia sobre nosotros

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la Epístola a los hebreos, IX, 5; Juan Climaco, Escala, XXI, 42 (cf. 41)

No se puede poseer la castidad si primero no se pone en el corazón, como sólido fundamento, la humildad

Padres del desierto Los ancianos, Apotegmas de los Padres del desierto

[La paciencia] no viene de ninguna otra fuente [que la humildad]

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VII, 31 (cf. IV, 32, 9)

[La humildad es] considerarse el más pecador de todos los hombres

Isaías de Escete Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, II, 33; Apotegmas, XV, 26; Juan Clímaco, Escala, XXV, 3. Cf. Apotegmas, serie alfabética, Matoes, 2; Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 20

Nuestro gran y celestial médico nos ha dado remedios y cataplasmas... Ante todo, nos ha dado la humildad, que destierra todo orgullo

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 61

La labor verdadera no existe sin humildad

Juan de Gaza Juan de Gaza, Cartas, 277

La desgraciada alma sufre con el cuerpo, y se ve afectada por todo lo que él hace... El trabajo humilla al cuerpo y, cuando el cuerpo es humillado, el alma también lo es junto con él, de manera que el anciano tenía razón al decir que el trabajo corporal también lleva a la humildad

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, II, 38; 39

La no posesión fortalece la humildad

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXV, 64 (cf. 65). Cf Isaías de Escete, Discursos ascéticos, 16; 55.-

Es un duro combate el de la cenodoxia. Se libra uno de ella mediante la práctica oculta de las virtudes...

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 62; IV, 43

Esta vida te ha sido dada para el arrepentimiento. No la malgastes en afanes vanos.

Isaac de Nínive Homilías ascéticas

[El hombre,] cuando ha alcanzado la plenitud del conocimiento de Cristo y ha adquirido a Cristo mismo de una vez por todas y la inteligencia de Cristo..., entonces tiene la convicción de que no sabe y no posee absolutamente nada y se juzga un siervo vil e inútil

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, IX, 462-497

Bienaventurado el siervo que, cuando habla, no manifiesta todas sus cosas con miras a la recompensa, y no es precipitado en hablar.

Francisco de Asís Admoniciones, 21

Dios es quien produce en vosotros el querer y el hacer, según su benevolencia

Pablo Apóstol Flp 2, 13

Allí donde no hay humildad, tampoco está Dios

Macario de Egipto Apotegmas, Arm II, 279. Cf. Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 21; Apotegmas, I, 16

La humildad consiste en considerar a los otros por encima de uno mismo, siguiendo el mandato del apóstol

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Pequeñas reglas, 198

(La mansedumbre es) la mensajera de toda humildad

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Homilías sobre las bienaventuranzas, II, 5

[La impasibilidad es] la flor de la praxis

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 81. Cf. Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 77

[El hombre, sin Dios, no es sino] polvo y ceniza, sombra y humo

Juan Crisóstomo Cf. Juan Crisóstomo, Homilías sobre los Hechos de los apóstoles, XXX, 3; Homilías sobre 2 Tesalonicenses, I, 2; Homilías sobre Ozías, IV, 4; Comentario a san Juan, XXXIII, 3

La humildad no se irrita contra nadie

Padres del desierto Apotegmas, PE, I, 45

Mientras ellos exponen las ilusiones de todas las pasiones, las propias de los principiantes y las de los fervorosos, los jóvenes aprenden los secretos de sus combates, que ven como en un espejo, enterándose de las causas y los remedios de los vicios que los sacuden, y saben también, antes de que se produzcan, cómo tienen que precaverse contra los combates por venir y cómo hacerles frente luchando contra ellos

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, XI, 17, 1-2

Ante todo tenemos necesidad de humildad

Isaías de Escete Isaías de Escete, Asceticón, III, 1. Cf. Apotegmas, serie alfabética, Poemen, 49

Humíllate no solo ante Dios, sino también ante los hombres

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 102

Si buscamos cuidadosamente la causa de la inquietud [que sentimos como consecuencia de una ofensa], siempre es el hecho de no acusarnos a nosotros mismos. De ahí viene que sintamos ese abatimiento y que no hallemos nunca reposo. No hay que extrañarse de que todos los santos digan que no existe más camino que éste. Si no vamos por esta vía, no dejaremos nunca de hacer sufrir y de sufrir nosotros mismos, haciendo inútiles todos nuestros esfuerzos. En cambio, qué alegría, qué descanso disfruta, por doquiera que va, el que se acusa a sí mismo, como dice Abba Poemen. Si le sobreviene un daño, un ultraje o una pena cualquiera, se juzga a priori digno de ella y no se perturba. ¿Acaso hay un estado más exento de preocupaciones?

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, VII, 81-82

La conversión exige mucha humildad

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VIII, 16; XXV, 4; VIII, 9

El amor al prójimo... vuelve indiferente la gloria

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 75 (cf. 43). Cf. Juan Clímaco. Escala, XXI, 39

Cuanto más aumentan los padecimientos, más disminuye la suficiencia

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 27

[El hombre que ha alcanzado la plenitud del conocimiento considera] que no hay en el mundo entero un hombre más pecador que él

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, IX, 462-497

Eso no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios

Pablo Apóstol Rom 9, 16

Aunque practique todas las virtudes, el alma que ama a Dios tiene por costumbre no imputarse nada a ella misma, sino atribuírselo todo a Dios. Entonces Dios, a su vez, atento a la salud y a la rectitud de la inteligencia y del conocimiento de un alma semejante, se lo atribuye todo a ella

Macario de Egipto Macario de Egipto, Capítulos parafraseados, 123

La humildad arruinará la soberbia, la modestia curará el orgullo malsano

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Homilías sobre el Padrenuestro, IV, 2

[La humildad] consiste en considerarse una nulidad a pesar de la grandeza y la cantidad de los méritos que se poseen

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la Epístola a los filipenses, VI, 2; Homilías contra los anomeos, V, 6; Homilías sobre el Génesis, XXXIII, 5

[Si el diablo] viene a extraviarte en la cenodoxia, realiza una acción o toma ante los hombres una actitud tal que ellos te desprecien. Pues, sábelo bien, Satán nada siente tanto como que el hombre desee la humillación y el desprecio

Padres del desierto Apotegmas, N 592/54

Aplicad al miembro o a la parte del alma que... está especialmente herida el remedio de la verdadera humildad

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XXIV, 16 (cf. 15)

Si te ocurre algo bueno, debes reconocer que es un don gratuito de Dios, que te llega de su bondad

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 412

El médico de nuestras almas es Cristo, que lo sabe todo y da a cada pasión el remedio apropiado, quiero decir, sus mandamientos: contra la cenodoxia, la humildad

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, XI, 113 (cf. II, 29)

[La humildad conduce] a desterrar de nuestra alma todos los movimientos y todos los arrebatos de la ira

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VIII, 16; XXV, 4; VIII, 9

La humildad libera al espíritu... de la cenodoxia

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 80

Incluso la perfección de los perfectos es imperfecta

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 85; 55. Cf. Juan Clímaco, Escala, VII, 50

Que la humildad os haga considerar a los demás por encima de vosotros mismos

Pablo Apóstol Flp 2,3

La verdadera humildad consiste en ceder ante quienes están por debajo de nosotros, y en preferir a quienes nos parecen inferiores a nosotros. Si reflexionamos, pensaremos que nadie es inferior a nosotros, y creeremos que todo el mundo nos sobrepasa

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Génesis, XXXIII, 5

Si alguno conserva el recuerdo del hermano que lo ha afligido, herido o insultado, debe acordarse de él como de un bienhechor. Pues si en estas circunstancias te entristeces, es que tu alma está enferma. En efecto, si no estuvieras enfermo, no sufrirías. Debes, pues, dar gracias a este hermano, puesto que gracias a él conoces tu enfermedad, rezar por él y recibir lo que procede de él como remedios que el Señor te envía. Si, por el contrario, te enfadas con él, es como si dijeras a Jesús: ‘No quiero recibir tus remedios; prefiero que la gangrena se introduzca en mis heridas’

Padres del desierto Apotegmas, XVI, 17-19

Aprenderemos cómo evitar el veneno tan peligroso de esta enfermedad buscando su causa y su origen. En efecto, las enfermedades no podrán curarse nunca, ni se podrán encontrar los remedios para los problemas de salud, si antes no se buscan mediante una investigación minuciosa sus orígenes y sus causas

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, XII, 4, 2 (cf. XI)

[La humildad es] la hoguera de los demonios

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 229

Mantenerse por debajo de todos [se opone] a la primera forma de orgullo. En efecto, el que se pone por debajo de todos, ¿cómo podría creerse más grande que su hermano, elevarse en algo, censurar o despreciar a alguien?

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, II, 38

Igual que las tinieblas se disipan en cuanto aparece la luz, así también el perfume de la humildad hace que se desvanezca cualquier rastro de amargura y de irascibilidad

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VIII, 16; XXV, 4; VIII, 9

La caridad suprime el orgullo

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 61

Cuanto más reza, más humilde se vuelve su corazón... Cuando el hombre se ha hecho humilde, al momento la compasión lo rodea, y entonces el corazón siente la ayuda divina. Descubre que crece en él una fuerza, la fuerza de la confianza

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 21

¿Quiénes son esos a los que Jesús llama pobres de espíritu? Son los humildes...

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, XV, 1

Si quieres curarte de estas terribles heridas del alma, debes soportar lo que el médico te impone. En efecto, el que tiene el cuerpo enfermo no sufre una amputación o toma una purga por gusto, e incluso conserva un mal recuerdo de ello; y, sin embargo, convencido de que sin estos tratamientos no podría verse libre de su enfermedad, soporta lo que le impone el médico. Sabe que con una pequeña molestia se librará de una larga enfermedad. El cauterio de Jesús es aquel que, insultándote o perjudicándote, te libera de la vanagloria

Padres del desierto Apotegmas, XVI, 17-19

Podremos salir totalmente indemnes de esta enfermedad mortal si no esperamos para mantenernos en guardia que sus peligrosos asaltos le hayan dado ya poder sobre nosotros; pero necesitamos que un sabio y prudente discernimiento prevenga lo que podríamos llamar sus avanzadillas

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, XII, 29

Cree que desprecio y ultrajes son remedios contra el orgullo de tu alma, y ruega por aquellos que te maltratan, como si se tratara de verdaderos médicos

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Cartas, 2

La ausencia de ira es un deseo insaciable de humillaciones... La ausencia de ira es una derrota de la naturaleza, que se ha vuelto insensible a las injurias

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VIII, 2

La humildad es una oración continua, con lágrimas y esfuerzo. Es una llamada de socorro lanzada sin cesar hacia Dios; no permite que os apoyéis imprudentemente en vuestro propio poder o vuestra propia sabiduría

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 87

Un hombre que ha llegado a conocer la medida de su debilidad ha alcanzado la perfección de la humildad

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, Ti

[Los pobres de espíritu] son los humildes y quienes tienen el corazón contrito. Pues por la palabra espíritu entiende el corazón y la voluntad

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, XV, 1-2

Yo no acuso a los que me hacen reproches, sino que los nombro mis bienhechores, y no rechazo al médico de las almas, que proporciona un remedio humillante a mi alma impura y orgullosa

Padres del desierto Apotegmas, XVI, 17-19

Podremos escapar de la red que este espíritu nos tiende con su maldad si, a propósito de cada una de las virtudes en las que tenemos la impresión de haber progresado, decimos con el apóstol: ‘No soy yo, sino la gracia de Dios conmigo’, y: ‘Por la gracia de Dios soy lo que soy’ (1 Cor 15, 10)

Juan Casiano Cf. Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, XII, 15

La oración continua... se opone a la segunda clase de orgullo... El que ruega a Dios sin cesar conoce la fuente de cualquier buena obra que le sea dado realizar, y no puede concebir orgullo por ella ni atribuirla a sus propias fuerzas. Atribuye a Dios toda obra buena, y no deja de darle gracias y de invocarlo, temiendo que la pérdida de semejante auxilio deje aparecer su propia debilidad y su impotencia

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, II, 38

La primera y más eminente propiedad de esta eminente y excelente trinidad es la aceptación llena de alegría de la humillación, que el alma recibe y acoge con las manos extendidas como un remedio que alivia y cauteriza sus enfermedades y sus faltas graves. La segunda propiedad es la pérdida de toda irritabilidad, y la modestia que acompaña este sosiego

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXV, 7

Por la práctica de los mandamientos, el espíritu se despoja de las pasiones

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad. I. 94

La verdadera humildad consiste en rebajarse... cuando se tienen ocasiones de elevarse

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 20

La humildad tiene varios grados... David alaba esta humildad perfecta que no consiste solo en un abajamiento, sino en un quebrantamiento completo del corazón, cuando dice: ‘El sacrificio agradable a Dios es un espíritu abatido por la aflicción y el arrepentimiento; un corazón contrito y humillado, oh Dios, no lo desprecias’ (Sal 50, 19)

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, XV, 1-2

Si quieres que Dios te conozca, permanece ignorado por los hombres

Padres del desierto Apotegmas, Arm II, 250

En cada una de nuestras acciones tenemos, no solo que sentir, sino también que reconocer: ‘Yo no puedo hacer nada por mí mismo. El Padre que está en mí es quien actúa’ (Jn 5, 30; 10, 14)

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, XII, 17

[Cristo] nos muestra la causa que conduce al desprecio y a la transgresión de los preceptos de Dios; de este modo nos proporciona el remedio para que podamos obedecer y salvarnos. ¿Cuál es, pues, este remedio y cuál es la causa del desprecio? Escuchad lo que dice nuestro Señor mismo: ‘Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis reposo para vuestras almas’ (Mt 11,29). He aquí que brevemente, en pocas palabras, nos muestra la raíz y la causa de todos los males, así como su remedio, causa de todos los bienes; nos muestra que es el engreimiento lo que nos ha hecho caer, y que es imposible obtener misericordia si no es por medio de la disposición contraria, que es la humildad

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, I, 7

Afánate en tu alma sin manifestarlo para nada en tu cuerpo, ni por tu apariencia externa, ni por una palabra, ni por un sobreentendido

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, IV, 91; XXI, 36 y 39

En ausencia de los objetos, podemos no ser importunados por las pasiones y no tener más que una impasibilidad parcial. En cuanto los objetos aparecen, el espíritu se ve solicitado por las pasiones

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 53-54

El verdaderamente humilde es aquel que tiene en secreto de qué enorgullecerse y no se enorgullece, sino que no ve en él mismo más que un poco de tierra

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 20

El fundamento de nuestra filosofía es la humildad

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilía sobre la humildad, 2. Cf. Juan Clímaco, Escala, XXV, 44

[La humildad] es hacer el bien a los que te hacen el mal

Padres del desierto Juan Climaco, Escala, XXV, 7 (cf. 3; 4; 8); XXI, 17; Apotegmas, N 115 (cf. XV, 26); Ibid., Eth. Pat. 438; Ibid., J 716; Ibid., N 304; Ibid., P 263

Aprendamos, sintiendo en cada acción nuestra debilidad y su ayuda, a proclamar cotidianamente: ‘Me empujaron para hacerme caer, pero el Señor me sostuvo; mi fuerza y mi alabanza es el Señor: Él fue mi salvación’ (Sal 117, 13-14)

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, XII, 17

La primera [clase de humildad] consiste en tener al hermano por más inteligente que uno mismo y superior en todo

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, II, 33

Doquiera que vayas, esconde tu manera de vivir

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, IV, 91; XXI, 36 y 39

No imagines que posees la impasibilidad perfecta mientras el objeto no está aquí. Si, cuando aparece, permaneces sin conmoverte, primero por él y luego por su recuerdo, entonces sí que has alcanzado sus fronteras

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 53-54

El humilde se ve a sí mismo como un hombre despreciable

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 20

A esta humildad le otorga Cristo el primer puesto en sus bienaventuranzas, porque el diluvio de males que inunda la tierra no tiene otra fuente que el orgullo... Como el orgullo era, por así decir, el mal culminante del hombre y la raíz y fuente de todos los pecados del mundo, Jesucristo, para curarlo mediante un remedio contrario, estableció primero esta ley de la humildad como fundamento inamovible del edificio que quería construir. Cuando se ponga este fundamento, el que construya podrá elevar sin temor el resto del edificio; pero si falta, cuando el edificio se eleve hasta el cielo, necesariamente se tambaleará y se irá cayendo a pedazos

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, XV, 2

[El humilde llega a] despreciarse por no hacer nada bueno delante de Dios

Padres del desierto Apotegmas, XV, 26. Cf. Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, IV, 39, 2

El creador del universo y su médico, Dios, sabiendo que el orgullo es la causa de las enfermedades más graves, se preocupa de curar los contrarios mediante los contrarios, de modo que lo que había caído por el orgullo vuelva a levantarse por la humildad

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, XII, 8; Conferencias, XXIV, 15-16

[Atribuir a Dios todo lo bueno que se tiene y todo el bien que se ha hecho:] así es la perfecta humildad de los santos

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, II, 33

El comienzo de la victoria contra la cenodoxia es la vigilancia de los labios

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, IV, 91; XXI, 36 y 39

[El verdadero humilde llega incluso a querer] estar en la creación como si no estuviera, como lo que aún no ha llegado a ser, totalmente desconocido, hasta por su propia alma

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 81

Edificar sobre otro fundamento es condenarse a no hacer nada duradero y a trabajar en vano

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre los cambios de nombre, IV, 6

Quien no posee humildad no ha cumplido ningún mandamiento. Pues sin humildad ninguna de las virtudes es agradable ante Aquel que las recibe: Cristo

Padres del desierto Abba Teodoro — Apotegmas, Arm II, 319 (adición a Teodoro, 18)

Si la peste infecciosa infecta la parte racional, engendra en ella la cenodoxia, el encumbramiento, el orgullo, la presunción... Aplicad, pues, al miembro o a la parte de vuestra alma que hemos dicho que está especialmente herida, el remedio de la verdadera humildad

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XXIV, 15-16

Está claro que el hombre humilde y piadoso, sabiendo que nada bueno puede hacerse en su alma sin el auxilio y la protección de Dios, jamás deja de invocarlo para que tenga misericordia de él; y quien ruega a Dios sin cesar conoce la fuente de cualquier obra buena que le sea dado realizar... Atribuye a Dios toda buena obra, y no deja de darle gracias y de invocarlo, temiendo que la pérdida de tal auxilio deje aparecer su debilidad e impotencia. De este modo, la humildad le hace orar y la oración le vuelve humilde

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, II, 38

No escondas una falta humillante con el pretexto de evitar el escándalo; pero quizá no es apropiado usar este remedio en todos los casos; depende de la naturaleza de la falta

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXI, 39-38; XXV, 42; IV, 36; Apotegmas, N 592/ 54
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