Quotes on lágrimas — 32 quotes

On lágrimas

El que quiera progresar en la edificación de las virtudes, progresará por medio del llanto y las lágrimas

Antonio el Grande Antonio, Vida de los Padres, VII, 38, en PL 73, 1055C

Debemos llorar con los que lloran; cuando veas a tu hermano llorar por los pecados que ha cometido, llora con él. De este modo te corregirás, viendo las faltas del prójimo; pues quien derrama lágrimas por los pecados del prójimo, se cura él mismo compadeciendo a su hermano

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Homilía sobre la santa mártir Julita, 9

Por las lágrimas se adquieren las virtudes, igual que por las lágrimas se obtiene el perdón de los pecados

Moisés el Etíope Apotegmas, III, 22

Llorar es la vía que nos ofrecen la Escritura y los Padres cuando dicen: ‘¡Llorad!’. En efecto, no hay más camino que éste

Poemén Apotegmas, serie alfabética, Poemen, 121

[Las lágrimas que derramamos llorando por nuestros pecados son] el antídoto de las pasiones

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado de la oración, 8

[Jesucristo] proclama bienaventurados a los que lloran, pero no a aquellos que lo hacen por algún motivo humano, como la pérdida de un bien temporal, sino a aquellos que tienen la compunción cristiana, lloran sus miserias y expían sus pecados e incluso los del prójimo

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la consolación de la muerte, II, 8; Homilías sobre la Epístola a los filipenses, XIV, 1

Igual que llevamos por doquier con nosotros la sombra de nuestro cuerpo, así debemos tener con nosotros en todo lugar las lágrimas y la compunción

Padres del desierto Apotegmas, N 140

Aquel que no llora por sí mismo aquí abajo, tendrá que llorar eternamente en el más allá

Arsenio el Grande Apotegmas, serie alfabética, Arsenio, 41

[Las lágrimas no le vienen al hombre] sino con esfuerzo, mediante mucha asiduidad y aguante

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 257; Calixto e Ignacio Xanthopouloi, Centuria, 25

Me han contado un hecho que denota una pureza soberana y extraordinaria. Me han dicho que un hombre, viendo un cuerpo de una belleza singular, halló en ello ocasión de adorar y glorificar con sus alabanzas la soberana belleza de la que aquella no era sino la obra, y por esta sola visión se sintió transportado por entero del fuego del amor divino, y se volvió un mar de lágrimas. Y era una maravilla asombrosa ver que, lo que podría haber hecho caer a otro en un precipicio, procuraba coronas a este

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XV, 3; 4; 7; 58

La humildad es una oración continua, con lágrimas y esfuerzo. Es una llamada de socorro lanzada sin cesar hacia Dios; no permite que os apoyéis imprudentemente en vuestro propio poder o vuestra propia sabiduría

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 87

No es posible que un hombre continuamente afligido en el duelo sea perturbado por las pasiones. Vivir en duelo y llorar son el carisma mismo de los impasibles. Si las lágrimas no solo pueden llevar a la impasibilidad a quien vive momentáneamente en el duelo y llora, sino que también pueden purificar su inteligencia y liberarla del recuerdo de las pasiones, ¿qué diremos de aquellos que noche y día se entregan conscientemente a esta tarea?

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 2; 85

Suprime las lágrimas, y habrás suprimido al mismo tiempo la purificación; y sin purificación nadie se salva

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XXIX, 251-252; Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, III, 23. Cf. Apotegmas, serie alfabética, Poemen, 121; también Apotegmas. III. 22

Obliga a tu alma, desde el comienzo de la oración, al llanto y a la compunción, para que toda la oración sea fructífera

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Paranética, ed. Frankenberg, 60; Tratado de la oración, 6

Siempre es momento para las lágrimas

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la Epístola a los hebreos, XV, 4 (cf. Tratado de la compunción, I, 9)

Las lágrimas puras destruyen todas las impurezas visibles o escondidas

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VII, 35 (cf. VII, 37; XXVI, 151)

Todos los santos buscan entrar por ahí [por el duelo y las lágrimas]

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 85 (citas) (cf. 9; 15). Cf. Evagrio Póntico, Tratado práctico, 57

Antes del duelo y las lágrimas, no hay en nosotros arrepentimiento

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XXIX, 251-252; Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, III, 23. Cf. Apotegmas, serie alfabética, Poemen, 121; también Apotegmas. III. 22

Usa las lágrimas para conseguir todo lo que pides, pues tu Señor se complace mucho al recibir una oración hecha con lágrimas

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Paranética, ed. Frankenberg, 60; Tratado de la oración, 6

Allí donde hay temor, allí se encuentran lágrimas sinceras y abundantes, gemidos llenos de compunción

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre las estatuas, XV, 1; Homilías sobre la Epístola a los Filipenses, III, 4

Esta fuente de lágrimas que brota después del bautismo es más grande que el propio bautismo... El bautismo, en efecto, nos purifica de las faltas que lo han precedido, mientras que las lágrimas borran todas las faltas que cometemos después. Como todos recibimos el bautismo en la infancia, luego lo manchamos, pero por medio de las lágrimas lo renovamos en su pureza primera

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VII, 8

Todos los santos han abandonado esta vida afligidos por el duelo... Bienaventurados los corazones puros, pues no hay momento en que no gocen de las delicias de las lágrimas, y en tales delicias ven siempre al Señor. Sus lágrimas siguen en sus ojos cuando se les concede ver las revelaciones de Dios en su elevada oración

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 85; 55. Cf. Juan Clímaco, Escala, VII, 50

Sin lágrimas nunca, nunca jamás se ha oído decir que un alma se haya purificado de la inmundicia del pecado cuando ha caído después del bautismo

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XXIX, 191-192

Derramar lágrimas es un gran remedio contra las visiones de la noche engendradas por la acedia. El rey David aplicaba este remedio sabiamente a sus pasiones, diciendo: ‘Estoy agotado de gemir, de llorar sobre mi cama cada noche e inundar mi lecho con mis lágrimas’(Sal 6, 7)

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, A una virgen, 39 (ed. Gressmann, 149) (cf. Tratado práctico, 27); Antirrético, VI, 10 (ed. Frankenberger, 522, 32-35)

Cuando las lágrimas provienen del temor de Dios, duran siempre

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre las estatuas, XV, 1; Homilías sobre la Epístola a los Filipenses, III, 4

El abismo de la aflicción ve el consuelo... El auxilio divino es una renovación del alma abatida por la pena que, de una manera maravillosa, vuelve indoloras las lágrimas dolorosas

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VII, 60

Por tanto, ¿quién, afligiéndose cada día, puede continuar viviendo con ira en lugar de volverse manso? Lo mismo que el agua se derrama sobre el fuego de un hogar, así la aflicción y las lágrimas apagan la furia del alma, hasta tal punto que el hombre que se ha entregado largo tiempo a ellas puede ver cómo su alma irascible se transforma hasta conseguir una calma inmutable

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XXXI, 57-66

La tristeza según Dios no produce más que placer y júbilo. Lo saben muy bien las almas que rezan con dolor y derraman lágrimas de penitencia. ¡De qué alegrías no se inundan!

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre las estatuas, XVIII, 3

Como el agua que se derrama poco a poco en un fuego acaba por apagar toda su llama, así las lágrimas que proceden de un verdadero dolor por nuestros pecados apagan todas las llamas de la ira y el furor

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VIII, 1; 33

[Cristo] proclama bienaventurados a los que lloran, no a los que lo hacen por cualquier motivo humano [...], sino a los que poseen la compunción cristiana

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre las estatuas, XVIII, 3

Las lágrimas contienen la ira como un freno

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXV, 7; VIII, 1; 33

[La alegría,] lejos de ser contraria a las lágrimas, se engendra en su fuente pura y fecunda. Llorar nuestras verdaderas miserias y confesarlas es crearnos alegría y felicidad

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre las estatuas, XVIII, 3; cf. Homilías sobre los santos mártires, 3; Homilías sobre la Epístola a los filipenses, XIV, 1. Cf. Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 58