Todas las virtudes ayudan al espíritu al amor por Dios, pero más que las demás, la oración pura
La participación de las virtudes, por la semejanza [con Dios] que instaura, tiene el efecto de disponer al hombre virtuoso para recibir a Dios. Corresponde al poder de la oración operar esta recepción
[La vida virtuosa es necesaria para] disponer al hombre para recibir a Dios