Por las lágrimas se adquieren las virtudes, igual que por las lágrimas se obtiene el perdón de los pecados
No hay pecado que la limosna no pueda purificar y no pueda destruir. Ella está por encima de cualquier pecado y es el remedio soberano contra todas las heridas
[Si uno de tus hermanos] te injuria o te aflige de algún modo, reza por él, como dicen los Padres, pensando que te procura grandes beneficios y que es un médico que te cura del amor al placer
El médico de las almas, que conoce los secretos de los corazones, queriendo arrancar incluso las ocasiones de la ira, no nos obliga solo, cuando hemos sido ofendidos, a perdonar a nuestros hermanos, a reconciliarnos con ellos y a no conservar ningún recuerdo de la injuria recibida; sino que del mismo modo nos manda que, si sabemos que ellos tienen una queja, justificada o no, contra nosotros, abandonemos nuestra ofrenda, es decir, nuestras oraciones, y les demos primero satisfacción; y, una vez aplacado así nuestro hermano, ofrezcamos a Dios el sacrificio sin tacha de nuestras oraciones
¿Sientes rencor contra alguien? Reza por él y quebrarás el impulso de la pasión
La atención es el signo de la penitencia realizada..., es el desprendimiento de las pasiones..., es la certeza indudable del perdón de los propios pecados
[La limosna] es el remedio de nuestras faltas, la que lava las manchas de nuestra alma
Si un hombre recuerda que alguno le ha afligido, perjudicado o insultado, debe acordarse de él como de un médico enviado por Cristo y considerarlo un benefactor. Pues, si tú te afliges en estas circunstancias, es que tu alma está enferma. En efecto, si no estuvieras enfermo, no sufrirías. Por tanto, debes dar gracias a este hermano puesto que gracias a él conoces tu enfermedad, rezar por él y recibir lo que procede de él como remedios que el Señor te envía. Si, por el contrario, te enfadas con él, es como si le dijeras a Jesús: ‘No quiero recibir tus remedios’
Contra el resentimiento, reza por aquel que te ha ofendido y serás liberado
¿Has pecado? Haz duelo y harás que desaparezca el pecado
‘Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, rezad por los que os calumnian’ (Mt 5, 44). ¿Por qué da el Señor estos preceptos? Para arrancarte del odio, de la amargura, de la ira, del rencor; para hacerte digno de este bien supremo que es el amor perfecto, un bien que no podemos poseer mientras no amemos por igual a todos los hombres, a ejemplo de Dios, que ama por igual a todos los hombres y ‘quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad’ (1 Tim 2, 4)
La tristeza que tiene al pecado por asunto purifica de este pecado
Quien alberga en su corazón una brizna de enemistad hacia alguien por cualquier ofensa, es completamente ajeno al amor de Dios
Si uno se entristece después de pecar, el pecado desaparece y se repara la falta