Quotes on temor de Dios — 82 quotes

On temor de Dios

Purifiquémonos de toda mancha de la carne y del espíritu, llevando a término nuestra santificación en el temor de Dios

Pablo Apóstol 2 Cor 7, 1

En el amor no hay temor, sino que el amor perfecto destierra el temor, pues el temor supone un castigo, y el que teme no es perfecto en el amor

Juan el Evangelista 1 Jn 4, 18

Los que temen a Dios, los que creen en el advenimiento de su Hijo y, por la fe, permiten que more en su corazón el Espíritu de Dios, ésos serán llamados con justicia hombres ‘puros’, ‘espirituales’ y ‘que viven para Dios’, porque poseen el Espíritu del Padre, que purifica al hombre y lo eleva a la vida de Dios

Ireneo de Lyon Ireneo de Lyon, Contra las herejías, V, 6, 1

No todo temor es una pasión

Clemente de Alejandría Clemente de Alejandría, Stromata, II, 8, 40

Nada guarda nuestro corazón como el temor de Dios

Orígenes Orígenes, Comentario al salmo 40, 3, en PG 12, 1666A

A partir de ahora yo no temo a Dios, lo amo; pues el amor echa fuera el temor

Antonio el Grande Apotegmas, serie alfabética, Antonio, 32

Temamos a Dios tanto como tememos a los animales [salvajes]

Macario de Egipto Apotegmas, Eth. Pat. 417; Juan Clímaco, Escala, I, 29

El temor inhibe toda sugestión pasional... Allí donde se encuentra el temor de Dios, son expulsadas de nuestro pensamiento todas las manchas de la pasión

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Homilías sobre el origen del hombre, II, 11

[El hombre consigue la humildad] mediante el temor de Dios

Cronios Apotegmas, serie alfabética, Cronios, 3. Cf. Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, II, 3, 4

El que se esfuerza en la oración pura oirá ruidos y estrépitos, voces e insultos, pero no se desmoronará ni perderá su sangre fría, y le dirá a Dios: ‘No temo ningún mal, porque Tú estás conmigo’ y otras palabras semejantes

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado de la oración, 97

Allí donde hay temor, allí se encuentran lágrimas sinceras y abundantes, gemidos llenos de compunción

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre las estatuas, XV, 1; Homilías sobre la Epístola a los Filipenses, III, 4

Un anciano decía: ‘Estés dormido o despierto, hagas lo que hagas, si Dios está ante tus ojos, el enemigo no puede asustarte. Si tu pensamiento permanece en Dios, la fuerza de Dios permanece también en ti’

Padres del desierto Apotegmas, N 377

El principio de nuestra salvación y de nuestra sabiduría es, según la Escritura, ‘el temor del Señor’

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XI, 6; 7, 13

Aunque el cielo y la tierra chocaran, Teodoro no tendría miedo. En efecto, él había rogado a Dios que apartara de él el temor

Teodoro de Fermé Apotegmas, serie alfabética, Teodoro de Fermé, 24

[El alma,] cuando ha empezado a purificarse por la intensidad de su atención, siente entonces, como un verdadero remedio de vida, el temor divino que la quema, como por la acción de sus reproches, en un fuego de impasibilidad

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 17

Si se lo pedimos a Cristo, recibiremos fuerza y auxilio contra nuestras angustias

Juan el Solitario Juan el Solitario, Diálogo sobre el alma y las pasiones de los hombres, ed. Hausherr, 94

La señal de haber alcanzado la oración perfecta, es que ya nada nos perturbe, ni aun cuando el mundo entero nos atacara

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 150

Si nos examinamos con temor de Dios y escrutamos cuidadosamente nuestra conciencia, nos hallaremos responsables de todas maneras

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, VII, 81-82

Flagela a tus enemigos con el nombre de Jesús, pues no existe arma más poderosa ni en el cielo ni en la tierra. Cuando te cures de esta enfermedad [del temor], glorifica a Aquel que te ha liberado. Si le das gracias, Él te protegerá siempre

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XX, 7

El primer tipo de temor lo expulsa del alma la caridad perfecta que, si se posee, ya no teme el castigo

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 82

Cuando su corazón teme y tiembla sin serenidad ninguna, que [el hombre] comprenda entonces y que sepa que este temor de su corazón significa y revela que él necesita absolutamente que otro le ayude... Se dice que lo único que salva es la ayuda de Dios

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 21 (cf. 5). Cf. Juan de Gaza, Cartas, 131

El que teme a Dios no teme los ataques de los demonios, ni sus asaltos impotentes, ni aun las amenazas de los malvados

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, I, 68 (cf. 69)

Que el temor engendre el duelo

Pedro Damasceno Pedro Damasceno, Libro, I, 4

La educación que purifica el alma [tiene como] principio el temor de Dios (cf. Prov 1, 7), que hace nacer la oración continua a Dios con la compunción y el cumplimiento de los decretos evangélicos. Una vez establecida la reconciliación por medio de la oración y el cumplimiento de los mandamientos, el temor se vuelve amor, y el dolor de la oración, transformado en gozo, hace que aparezca la flor de la iluminación

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, I, 1, 7

Alabad al Señor... todos vosotros que lo teméis

Juan el Evangelista Ap 19, 5

Lo que se teme [con este temor] no es a Dios, sino estar separado de Dios

Clemente de Alejandría Clemente de Alejandría, Stromata, II, 8, 40

[El que teme al Señor es dichoso] porque se aplica con celo a la observancia de los mandamientos

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Grandes reglas, prólogo

A aquel cuya inteligencia está vuelta siempre hacia Dios, cuya parte irascible está llena del recuerdo de Dios y cuya parte desiderativa está por entero dirigida hacia Él, le resulta completamente natural no temer a quienes merodean alrededor de nuestro cuerpo, a saber, los enemigos rebeldes

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Capítulos gnósticos, IV, 73

Cuando las lágrimas provienen del temor de Dios, duran siempre

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre las estatuas, XV, 1; Homilías sobre la Epístola a los Filipenses, III, 4

[Si el hombre] está atento a [Dios] y lo teme en todo momento, no puede temer nada del enemigo

Padres del desierto Abba Serapión — Apotegmas, serie alfabética, Serapión, 3

[La tercera razón, el amor a Dios,] es propia de Dios y de aquellos que han adquirido su semejanza

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XI, 6-7. Cf. Basilio de Cesarea, Grandes reglas, prólogo

El temor es cosa de aquellos que todavía se purifican y va acompañado de una caridad mediocre; el amor perfecto pertenece a aquellos que ya se han purificado, en los que ya no hay temor. Pues ‘la caridad perfecta destierra el amor’ (1 Jn 4, 18). La Escritura dice tanto: ‘Temed al Señor, todos vosotros que estáis consagrados a Él’ (Sal 33, 10), como: ‘Amad al Señor, todos vosotros que sois santos’ (Sal 30, 24), para que aprendamos que a los justos que aún se purifican les corresponde el temor, como se ha dicho, junto con un amor mediocre; mientras que a los que están purificados, les corresponde el amor perfecto; en ellos ya no se da el pensamiento de ningún temor, sino un ardor incesante y un apego continuo del alma a Dios por la acción del Espíritu Santo

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 16

En todo momento, si el hombre puede suprimir en todo su voluntad y conservar un corazón humilde..., la gracia de Dios puede salvarlo. Y dondequiera que esté, la inquietud no se apodera de él

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 150

Este temor inicial es, pues, el nuestro

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, IV, 49

En la medida en que desaparece la caridad, aparece el miedo

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXX, 10

Este temor (de Dios) engendra... la impasibilidad, madre de la caridad

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 81

Cuanto más reza, más humilde se vuelve su corazón... Cuando el hombre se ha hecho humilde, al momento la compasión lo rodea, y entonces el corazón siente la ayuda divina. Descubre que crece en él una fuerza, la fuerza de la confianza

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 21

[El temor de Dios, unido a la fe, proporciona al hombre] la fuerza para emprenderlo todo, incluso lo que parece difícil o imposible a la mayoría

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, I, 69

[El temor de Dios] desembaraza [al alma] de todo y la limpia... para hacer de ella como una tablilla preparada para recibir los carismas del Espíritu

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas

Temed al Señor y glorificadlo

Juan el Evangelista Ap 14, 7

Quienes viven en el temor no podrán ni omitir, ni observar negligentemente uno solo de los mandamientos que les han dado

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Grandes reglas, prólogo

Tenéis un tesoro más abundante que todas las riquezas...: el temor de Dios

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilía sobre las Calendas, 3

Por mi parte, temo tres cosas: el momento en que mi alma salga del cuerpo, cuando deba aparecer ante Dios, y cuando se dicte sentencia contra mí

Padres del desierto Abba Elías — Apotegmas, serie alfabética, Elías, 1

Por tanto, si alguno quiere tender a la perfección, tras partir del primer grado, que es el del miedo, y propiamente es servil..., se elevará por un progreso continuo hasta las vías superiores de la esperanza y luego al tercer grado, que es el del amor... Esforcémonos, pues, con todo ardor, para progresar del miedo a la esperanza, y de la esperanza a la caridad de Dios y al amor de las virtudes

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XI, 6-7. Cf. Basilio de Cesarea, Grandes reglas, prólogo

Nadie puede amar a Dios de corazón, si no ha comenzado por temerlo con todo su corazón; en efecto, purificado por la acción del temor y como ablandada, llega el alma a practicar el amor. Pero no podría llegar completamente al temor de Dios de la forma antes mencionada, si no sale de todas sus preocupaciones temporales; pues, cuando el espíritu ha alcanzado una gran paz y un gran desapego, lo atormenta el temor de Dios, purificándolo con un sentimiento profundo de toda la espesura terrena, para conducirlo así a un gran amor de la bondad de Dios

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 16 (cf. 17)

Mientras estés entre los hombres, te aguardan tribulaciones, peligros y acometida de los vientos espirituales. Pero, cuando llegues a lo que te está preparado, entonces no tendrás miedo

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 8 (cf. 196)

A quien posee el amor verdadero, ‘el amor perfecto’, como dice san Juan, este amor le conduce al temor perfecto. Pues teme y guarda la voluntad de Dios... porque, habiendo gozado de la dulzura de estar con Dios, como hemos dicho, teme perderla, teme verse privado de ella

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, IV, 47

[Quien está] lleno de caridad... no siente temor

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXX, 10

(En el amor de Dios, el hombre recibe) la fuerza de la confianza (que vence cualquier temor)

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 58 (cf. 21)

[El temor] hace nacer la oración continua a Dios en la compunción y el cumplimiento de los decretos evangélicos

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, I, 1, 7

Donde está el temor, se reprimen los malos deseos, se destierran las pasiones desordenadas; y lo mismo que, cuando una casa está vigilada sin cesar por una patrulla de soldados, ningún ladrón, ni asesino, ni otro malhechor se atreve a acercarse, así también, cuando el temor se apodera de nuestras almas, no entra en ellas ninguna pasión deshonesta, sino que todas huyen y se retiran, expulsadas de todos lados por la fuerza imperiosa de un espanto saludable

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre las estatuas, XV, 1. Cf. Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, IV, 49

Igual que una lámpara pone claridad en una habitación oscura, así el temor de Dios, cuando penetra en el corazón del hombre, lo ilumina y le enseña todas las virtudes

Padres del desierto Abba Santiago — Apotegmas, serie alfabética, Santiago, 5

Basados en la perfección de esta caridad, nos elevaremos necesariamente a un grado todavía más excelente y más sublime, que es el temor de amor. Este no nace del miedo al castigo y del deseo de la recompensa, sino de la grandeza misma del amor. Es esta mezcla de respeto y de cariño atento que un hijo tiene por un padre lleno de indulgencia, el hermano por su hermano, el amigo por su amigo, la esposa por su esposo. No teme los golpes ni los reproches; lo que teme es herir al amor, ni aun con la herida más ligera. En todos los actos, hasta en todas las palabras, la vemos constantemente tenida a raya por la ternura, por miedo a que el fervor del amor se entibie respecto a él por poco que sea

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XI, 13

Tengamos, pues, por suprema y perpetua alegría primero el temor de Dios; y luego la caridad, que cumple la ley de la perfección en Cristo

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 16 (cf. 17)

Si no damos testimonio con nuestras obras del recuerdo del temor de Dios y de la compunción que se deriva de él, nos condenaremos

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 397

[El temor perfecto es] el de los santos que han llegado a la perfección y a la cima del santo amor

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, IV, 47

Este temor... destierra cualquier otro temor

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VI, 10; XX, 11

El comienzo de la verdadera vida del hombre es el temor de Dios

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 1

[El temor de Dios] no solo expulsa de nuestro corazón las pasiones, sino que introduce en él todas las virtudes

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre las estatuas, XV, 2

Los oráculos proféticos invitan a este temor no a los pecadores, sino a los santos: ‘Temed al Señor, todos vosotros, sus santos, pues nada les falta a aquellos que lo temen’ (Sal 33, 10). Tan cierto es que nada le falta a la perfección de quien teme al Señor con este temor... También habla el profeta del temor de amor cuando describe al Espíritu septiforme que sin duda descendió sobre el hombre-Dios, según la economía de la Encarnación: ‘Sobre él descansará el Espíritu del Señor: Espíritu de sabiduría y de inteligencia, Espíritu de consejo y de fuerza, Espíritu de ciencia y de piedad’ (Is 11,2), y luego al final, como la coronación de todos estos dones: ‘Y el Espíritu de temor del Señor lo llenará’ (Is 11, 3). Sobre esto hay que considerar ante todo que no dice: ‘El Espíritu de temor del Señor descansará sobre él’, como había hecho acerca de los otros dones, sino: ‘El Espíritu de temor del Señor lo llenará’. En efecto, este Espíritu se derrama con tal abundancia que, cuando se apodera de un alma, no la posee solo en parte, sino entera. Es lógico. Al ser uno con la caridad que no pasará jamás, no solo llena, sino que posee inseparablemente y para siempre a aquel de quien se ha apoderado... Así es el temor de los perfectos, del que se ha dicho que se llenó el hombre-Dios, que no había venido solo para rescatarnos, sino que debía también darnos en su persona el prototipo de la perfección y el ejemplar de las virtudes

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XI, 13

Lo mismo que las heridas que afectan al cuerpo, cuando están como descuidadas y desatendidas, no sienten el remedio que les aplican los médicos, pero una vez limpiadas sienten la acción del remedio por los rápidos progresos que éste les mueve a hacer hacia la curación, lo mismo el alma, mientras está descuidada y velada entera por la lepra de las pasiones, no puede sentir el temor de Dios, aun cuando se la amenace sin tregua con el terrible y poderoso tribunal de Dios. Pero, cuando ha empezado a purificarse mediante la intensidad de su oración, entonces, como un verdadero remedio de vida, siente el temor divino que la quema, como por la acción de los reproches, en un fuego de impasibilidad

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 17. Cf. Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 56

Cuando emprendemos un viaje, nos ponemos sandalias... La preparación material debe hacernos pensar en la preparación espiritual. Tenemos que calzarnos las sandalias espirituales, o sea, la preparación del temor de Dios, y recordar que debemos realizarlo todo según el temor de Dios

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 393

[Los santos] ya no realizan la voluntad de Dios por miedo a un castigo..., sino por amor..., temiendo hacer algo contra la voluntad de Aquel a quien aman... Los santos no actúan ya por temor, sino que temen por amor

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, IV, 47

Aquel que se ha convertido en siervo del Señor no teme sino a su amo; pero el que aún no lo teme, a menudo tiene miedo de su propia sombra

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VI, 10; XX, 11

Igual que no es posible cruzar el gran mar sin un barco, así tampoco puede nadie llegar al amor sin el temor. El mar nauseabundo que nos separa del paraíso espiritual no podemos atravesarlo más que en la nave del arrepentimiento, dirigido por los remeros del temor. Pero si estos remeros del temor no gobiernan la nave del arrepentimiento, con la que cruzamos el mar de este mundo para ir a Dios, somos engullidos en las aguas nauseabundas. El arrepentimiento es la nave. El temor es su piloto. Y el amor es el puerto divino

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 72

Nada hace crecer y florecer la virtud como el sentimiento de un continuo temor

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre las estatuas, XV, 2

Uno de los profetas expresó bien su grandeza, cuando dijo: ‘Las riquezas de la salvación son la sabiduría y la ciencia; pero el temor de Dios es su tesoro’ (Is 33, 6). No podía recalcar con más evidencia su dignidad ni su valor, sino diciendo que las riquezas de nuestra salvación, que consisten en la verdadera sabiduría y la ciencia de Dios, no se conservan más que mediante él

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XI, 13

[El temor de Dios,] como un verdadero remedio de vida, quema [el alma] como por la acción de sus reproches... Así que, a partir de ese momento..., el alma se purifica poco a poco y camina hacia la purificación perfecta

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 17

[Los perfectos son aquellos] que son capaces de dirigir su espíritu y de conservarlo en el temor de Dios, para que no vaya a la deriva y no sea engullido por una profunda distracción o por fantasías

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 431

Es imposible llegar al temor perfecto sin pasar por el temor inicial

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, IV, 47-49

[Contra la acedia,] nada es tan eficaz para expulsarla [como el temor de Dios]

Juan Clímaco Cf. Juan Clímaco, Escala, XXVII, 75

El conocimiento espiritual sigue por naturaleza a la obra de las virtudes. Pero el temor y el amor preceden a los dos. Y el temor mismo precede al amor. Cualquiera que afirme descaradamente que es posible adquirir los últimos sin haber ejercitado los primeros, asegura sin ninguna duda la perdición de su alma. Pues esta es la vía del Señor: la obra de las virtudes y el conocimiento espiritual nacen del temor y del amor

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 44

Tan lejos se está de hacer el bien cuando no se experimenta este sentimiento [el temor de Dios], como de hacer el mal cuando se experimenta

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre las estatuas, XV, 1

Es una gran alegría que alguien pida una cosa por temor de Dios; está seguro de que su petición será escuchada

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 397

[El temor de Dios] procede de la fe

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 1. Cf. 18; Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, I, 5

El que es virtuoso y teme al Señor es el más sabio de los hombres

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Juan, XLI, 3

De la fe nace el temor de Dios. Pues bien, cuando este acompaña a las obras y se eleva por poco que sea hacia el cumplimiento, engendra el conocimiento espiritual... La fe suscita en nosotros el temor, y el temor nos fuerza a arrepentirnos y a poner manos a la obra. Así se le da al hombre el conocimiento espiritual, que es la sensación de los misterios, la cual engendra la fe de la verdadera contemplación. Sin embargo, el conocimiento espiritual no nace sencillamente de la fe pura, sino que la fe engendra el temor de Dios; y en el temor de Dios, cuando empezamos a actuar por él, de la energía de este temor nace el conocimiento espiritual, como dijo san Juan Crisóstomo: ‘Cuando alguien adquiere la voluntad de seguir el temor de Dios y la recta sabiduría, recibe rápidamente la revelación de los misterios’

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 18

El que teme a Dios posee la sabiduría

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Juan, XLI, 3

Lo que engendra este conocimiento espiritual no es el temor de Dios..., sino que este conocimiento se ofrece como un don, desde el momento en que se pone por obra el temor de Dios

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 18

El hombre dichoso es únicamente el que teme al Señor

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Catequesis bautismales, II, 1; Comentario al salmo 127, 1; Comentario al salmo 111, 1

El que teme a Dios... goza de una verdadera y sólida felicidad

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Catequesis bautismales, II, 1; Comentario al salmo 127, 1; Comentario al salmo 111, 1

En el temor de Dios consiste la verdadera felicidad

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Catequesis bautismales, II, 1; Comentario al salmo 127, 1; Comentario al salmo 111, 1