Quotes on tristeza — 157 quotes

On tristeza

La tristeza del mundo produce la muerte

Pablo Apóstol 2 Cor 7, 10

El que quiera progresar en la edificación de las virtudes, progresará por medio del llanto y las lágrimas

Antonio el Grande Antonio, Vida de los Padres, VII, 38, en PL 73, 1055C

[La tristeza que viene del enemigo está] llena de locura

Sinclética Apotegmas, serie alfabética, Sinclética, 21

El penthos expulsa todos los defectos imperturbablemente

Ammonas Ammonas, Instrucciones espirituales, IV, 14

[Dios actúa así para que] el alma, habiendo probado la dulzura de semejante tristeza, se apresure a alimentarla

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Reglas breves, 16; Apotegmas, N 521; N 537

Por las lágrimas se adquieren las virtudes, igual que por las lágrimas se obtiene el perdón de los pecados

Moisés el Etíope Apotegmas, III, 22

La inteligencia debe disponer de todas las cosas que tenemos en nuestro interior y utilizar conforme a su fin propio y con vistas al bien cada una de estas potencias del alma que el Creador ha fabricado para que nos sirvan de instrumentos y de utensilios

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, XXVIII, 3

Debemos sentir siempre el penthos

Poemén Apotegmas, serie alfabética, Poemen, 26

La tristeza sobreviene a veces por la frustración de los deseos; otras veces es consecuencia de la ira

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 10

Lo que debe provocar la tristeza no es la adversidad, sino únicamente el pecado. Pero el hombre pervierte este orden y confunde los tiempos; por tanto, multiplica sus pecados y eso no le produce ningún dolor, pero, en cuanto recibe cualquier disgusto, se desanima

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Consolaciones a Estagiro, III, 13-14

[Si uno de tus hermanos] te injuria o te aflige de algún modo, reza por él, como dicen los Padres, pensando que te procura grandes beneficios y que es un médico que te cura del amor al placer

Padres del desierto Apotegmas, XV, 136

Aquel que no llora por sí mismo aquí abajo, tendrá que llorar eternamente en el más allá

Arsenio el Grande Apotegmas, serie alfabética, Arsenio, 41

[La tristeza] proviene a veces de que nos vemos defraudados en una esperanza que teníamos

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, IX, 4; Conferencias, V, 11

La oración es el antídoto de la tristeza y del desánimo

Nilo de Ancira Apotegmas, serie alfabética, Nilo, 3. Cf. Evagrio Póntico, Tratado de la oración, 16; Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 135

Cuanto más se acerca un hombre a Dios, más pecador se ve

Matoes Apotegmas, serie alfabética, Matoes, 2

La tristeza según Dios no ataca al hombre

Isaías de Escete Abba Isaías, Asceticón, XVI, 42

Los pensamientos que proceden de los demonios son en primer lugar turbios y entremezclados de tristeza

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 124; 433; cf. 70

Quien no desprecia todo lo material... no puede... librarse de la tristeza

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Sentencias, 3

Habiendo perdido toda esperanza, se entregaron al libertinaje y cometieron toda clase de errores, hundidos en la impureza

Gregorio Magno Gregorio Magno, Morales sobre Job, XXXI, 45

Lo mismo que no hay mar sin olas y mareas, no hay avaro sin tristeza

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XVI, 21

[La tristeza] es el final del placer sensible

Máximo el Confesor Cf. Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 58, en PG 90, 592D

Nada destruye las pasiones como el duelo

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 2; 85

Cuando nos hieren o pensamos que nos hieren, nos entristecemos

Juan Damasceno Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa, II, 16. Cf. Marcos el Monje, De quienes piensan que están justificados por sus obras, 180

[Como verdaderos discípulos de Cristo,] no debemos ocuparnos solo de nosotros mismos, sino también afligirnos y orar por el mundo entero

Teodoro Estudita Teodoro Estudita, Pequeñas Catequesis, 25

Suprime las lágrimas, y habrás suprimido al mismo tiempo la purificación; y sin purificación nadie se salva

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XXIX, 251-252; Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, III, 23. Cf. Apotegmas, serie alfabética, Poemen, 121; también Apotegmas. III. 22

Que el temor engendre el duelo

Pedro Damasceno Pedro Damasceno, Libro, I, 4

[La tristeza es] la raíz de todo mal

Nil Sorsky Nil Sorsky, Regla, V

Siento una gran tristeza y tengo en el corazón una pena incesante

Pablo Apóstol Rom 9, 2

[Dios actúa así para demostrar que] si el alma tuviera un poco más de celo, podría estar siempre en este estado

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Reglas breves, 16; Apotegmas, N 521; N 537

En cuanto al bien precioso de la tristeza, hay que proveerse de él en el momento propicio del arrepentimiento de los pecados... pues solo es útil para semejante servicio

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, XXVIII, 3

Llorar es la vía que nos ofrecen la Escritura y los Padres cuando dicen: ‘¡Llorad!’. En efecto, no hay más camino que éste

Poemén Apotegmas, serie alfabética, Poemen, 121

La tristeza está constituida por la insatisfacción de un deseo carnal

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, De los ocho espíritus de malicia, 11, en PG 79, 1156D

[La tristeza se convierte en] una pasión no menos grave y desafortunada que la ira y la voluptuosidad, y acarrea los mismos resultados desde el momento en que no la usamos conforme a las reglas de la razón y de la prudencia

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Consolaciones a Estagiro, III, 13-14

Si un hombre recuerda que alguno le ha afligido, perjudicado o insultado, debe acordarse de él como de un médico enviado por Cristo y considerarlo un benefactor. Pues, si tú te afliges en estas circunstancias, es que tu alma está enferma. En efecto, si no estuvieras enfermo, no sufrirías. Por tanto, debes dar gracias a este hermano puesto que gracias a él conoces tu enfermedad, rezar por él y recibir lo que procede de él como remedios que el Señor te envía. Si, por el contrario, te enfadas con él, es como si le dijeras a Jesús: ‘No quiero recibir tus remedios’

Padres del desierto Apotegmas, XVI, 17

[Una de las principales especies de la tristeza] es consecuencia de un deseo contrariado

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, IX, 4; Conferencias, V, 11

La lamentación por los pecados comporta una tristeza muy suave y una amargura parecida a la miel, porque está sazonada con una esperanza buena y excelente. Por eso nutre el cuerpo y hace brillar de alegría el fondo del alma

Nilo de Ancira Nilo, Cartas, I, 220, en PG 79, 164

La tristeza según Dios es alegría

Isaías de Escete Abba Isaías, Asceticón, XVI, 42

Todo lo que se hace con turbación y tristeza viene de los demonios

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 124; 433; cf. 70

Si nos examinamos con temor de Dios y escrutamos cuidadosamente nuestra conciencia, nos hallaremos responsables de todas maneras

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, VII, 81-82

[De la desesperación] mana el extravío del espíritu hacia las cosas prohibidas

Gregorio Magno Gregorio Magno, Morales sobre Job, XXXI, 45

El hombre que ha llegado a detestar el mundo ha escapado de la tristeza. Pero el que está apegado a cualquier cosa sensible no se ha liberado aún de la tristeza. Pues ¿cómo no va uno a entristecerse si se ve privado de lo que ama?

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, II, 11; 17

La tristeza y el rencor van a la par. Pues, si el espíritu experimenta tristeza cuando se representa el rostro de un hermano, eso prueba que le guarda rencor

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 89; cf. 96

A la pureza del alma se llega mediante el duelo

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 2; 85

Antes del duelo y las lágrimas, no hay en nosotros arrepentimiento

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XXIX, 251-252; Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, III, 23. Cf. Apotegmas, serie alfabética, Poemen, 121; también Apotegmas. III. 22

La tristeza según Dios produce un arrepentimiento saludable, que no lamentamos; en cambio, la tristeza del mundo produce la muerte

Pablo Apóstol 2 Cor 7, 10

Debemos llorar con los que lloran; cuando veas a tu hermano llorar por los pecados que ha cometido, llora con él. De este modo te corregirás, viendo las faltas del prójimo; pues quien derrama lágrimas por los pecados del prójimo, se cura él mismo compadeciendo a su hermano

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Homilía sobre la santa mártir Julita, 9

¿Cómo no llamar bienaventurada [a la tristeza según Dios], cuando ella reconoce el mal y se lamenta por una vida pecadora? En un miembro necrosado a causa de un accidente, la parálisis es signo de que una parte del cuerpo se está muriendo. Si el arte del médico logra devolver a este miembro la sensación, se alegran juntos el médico y el enfermo, aun cuando se trate de una sensación dolorosa, porque pueden vislumbrar la curación

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Homilías sobre las bienaventuranzas, III, 2. Cf. Juan Crisóstomo, Homilías sobre las estatuas, XVIII, 3

(La tristeza es) la única vía (para adquirir las virtudes)

Poemén Apotegmas, serie alfabética, Poemen, 12

Aquel que ama el mundo se entristecerá muchas veces

Evagrio Póntico

El demonio envuelve tu espíritu con esas negras penas como con una profunda oscuridad, y se esfuerza por arrebatarte los pensamientos que podrían tranquilizarte en contra de ti mismo. Pero, como entonces encuentra a tu alma sola, la llena de golpes y de heridas

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Consolaciones a Estagiro, I, 1; II, 1

Igual que llevamos por doquier con nosotros la sombra de nuestro cuerpo, así debemos tener con nosotros en todo lugar las lágrimas y la compunción

Padres del desierto Apotegmas, N 140

La tristeza proviene a veces de que nos hemos encolerizado

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, IX, 4; Conferencias, V, 11

No hay que entristecerse en absoluto por nada de este mundo, sino únicamente por el pecado

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 682

Si buscamos cuidadosamente la causa de la inquietud [que sentimos como consecuencia de una ofensa], siempre es el hecho de no acusarnos a nosotros mismos. De ahí viene que sintamos ese abatimiento y que no hallemos nunca reposo. No hay que extrañarse de que todos los santos digan que no existe más camino que éste. Si no vamos por esta vía, no dejaremos nunca de hacer sufrir y de sufrir nosotros mismos, haciendo inútiles todos nuestros esfuerzos. En cambio, qué alegría, qué descanso disfruta, por doquiera que va, el que se acusa a sí mismo, como dice Abba Poemen. Si le sobreviene un daño, un ultraje o una pena cualquiera, se juzga a priori digno de ella y no se perturba. ¿Acaso hay un estado más exento de preocupaciones?

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, VII, 81-82

No hay ilusión más perfecta ni más cierta que la de aquel que cree que no está apegado a una cosa y, sin embargo, se entristece en su corazón cuando se halla privado de ella

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, II, 11; 17

Quien se libera de todas las codicias del mundo se vuelve inaccesible a cualquier tristeza del mundo

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 22

No es posible que un hombre continuamente afligido en el duelo sea perturbado por las pasiones. Vivir en duelo y llorar son el carisma mismo de los impasibles. Si las lágrimas no solo pueden llevar a la impasibilidad a quien vive momentáneamente en el duelo y llora, sino que también pueden purificar su inteligencia y liberarla del recuerdo de las pasiones, ¿qué diremos de aquellos que noche y día se entregan conscientemente a esta tarea?

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 2; 85

Sin lágrimas nunca, nunca jamás se ha oído decir que un alma se haya purificado de la inmundicia del pecado cuando ha caído después del bautismo

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XXIX, 191-192

Os habéis entristecido según Dios, de manera que no... habéis sufrido ningún perjuicio

Pablo Apóstol 2 Cor 7, 9

La tristeza es la frustración de un placer (σtέρησις ήδονης) presente o esperado

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, De los ocho espíritus de malicia, 11, en PG 79, 1156D; Tratado práctico, 19

Nuestras alegrías y nuestras penas proceden menos de la misma naturaleza de las cosas que de nuestras propias disposiciones. Si estas se encuentran sanamente ordenadas, tendremos siempre en nuestro corazón un gran fondo de contento. Las enfermedades del cuerpo se originan más a causa de algún desorden interno que a causa de las inclemencias del tiempo o de cualquier otra influencia externa; con mucha más razón ocurre lo mismo con las enfermedades del alma. Pues, si las del cuerpo son propias de nuestra naturaleza, las otras no dependen más que de nuestra voluntad

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre las estatuas, I, 3

Persistamos en el recuerdo de nuestros pecados y tendremos un gran duelo en nuestro corazón

Padres del desierto Apotegmas, Bu II, 175

[Hay un tipo de tristeza que] sigue a la ira que se extingue

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, IX, 4; Conferencias, V, 11

[Las lágrimas no le vienen al hombre] sino con esfuerzo, mediante mucha asiduidad y aguante

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 257; Calixto e Ignacio Xanthopouloi, Centuria, 25

Contra... la tristeza, desprecia... los objetos materiales

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, II, 11

Contra la tristeza, desprecia la gloria y la oscuridad

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 13. Cf. Doroteo de Gaza, Sentencias, 3

Todos los santos buscan entrar por ahí [por el duelo y las lágrimas]

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 85 (citas) (cf. 9; 15). Cf. Evagrio Póntico, Tratado práctico, 57

Vuestra tristeza os ha llevado al arrepentimiento... La tristeza según Dios produce, en efecto, un arrepentimiento saludable

Pablo Apóstol 2 Cor 7, 9-10

Es imposible rechazar a este enemigo [la tristeza] si tenemos un apego apasionado a uno cualquiera de los bienes terrenos

Evagrio Póntico Cf. Evagrio Póntico, De los ocho espíritus de malicia, 11-12; Tratado práctico, 19

El demonio no causa en ti esta oscura pena, sino que la misma pena acude en ayuda del demonio y te sugiere estos malos pensamientos

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Consolaciones a Estagiro, II, 1. Cf. III, 13

Del duelo proceden todos los bienes

Padres del desierto Apotegmas, QRT, 33

Ocurre que nos llenamos de una angustia súbita y sin causa; nos sentimos abrumados por una tristeza para la que no hallamos ningún motivo

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, V, 11

La compunción viene al hombre por el recuerdo continuo

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 428 (cf. 242). Cf. Juan Crisóstomo, Tratado de la compunción, II, 4

El hombre que ha llegado así a detestar el mundo, se ha zafado de la tristeza, pero el que está apegado a cualquier cosa sensible no se ha liberado aún de ella. Pues ¿cómo no entristecerse si se está privado de lo que se ama?

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, II, 11

Tristeza y rencor van a la par; por consiguiente, si el espíritu experimenta tristeza al representarse el rostro de un hermano, es la prueba de que le guarda rencor

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 89; 90. Cf. Nil Sorsky, Regla, V

Nada nos despierta a lo espiritual y nos hace vivir como el duelo

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 2

Mirad más bien lo que ha producido en vosotros esta tristeza según Dios. Cuánta diligencia..., cuánto temor, cuánto deseo ardiente, cuánto celo

Pablo Apóstol 2 Cor 7, 11

La tristeza proviene de los pensamientos de la ira

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, De los ocho espíritus de malicia, 11, en PG 79, 1156BC; cf. Tratado práctico, 10; 25

Una tristeza demasiado grande es peligrosa -hace notar san Juan Crisóstomo-, tan peligrosa que incluso puede causar la muerte; por eso decía san Pablo: ‘por miedo a que lo abrume una tristeza excesiva’ (2 Cor 2, 7)

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Juan, LXXVIII, 1

Para salvarse hay que guardar el duelo con una compunción sin límites

Padres del desierto Apotegmas, N 460

[El otro tipo de tristeza] proviene de una ansiedad o una desesperación sin motivo

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, V, 11

Por memoria de las faltas entiendo no que recordemos cada una en particular, por miedo a que el adversario intervenga y nos aprese de nuevo, sino que nos acordemos solo de que estamos endeudados de pecados

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 428 (cf. 242)

La verdadera compunción es un dolor del alma que no le permite ninguna distracción ni le concede ningún descanso, sino que en todo momento le hace presente su vida disoluta

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VII, 31; 57

¿Sientes tristeza contra alguien? Reza por él y quebrarás el impulso de la pasión, pues la oración purifica de toda amargura el recuerdo del mal que este hombre te ha causado. Luego, cuando consigas tener caridad y benevolencia para con el prójimo, eliminarás de tu alma todo resto de pasión

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 89; 90. Cf. Nil Sorsky, Regla, V

El alma que ha recibido el cuidado de la virtud... no puede permanecer ni un día sin tristeza. Pues las virtudes están ligadas a las aflicciones. Quien se separa de las aflicciones, se aleja inevitablemente de la virtud

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 37

Regocijaos sin cesar con alegría

Pablo Apóstol Flp 4,4

En efecto, la ira es un deseo de venganza, y la venganza no satisfecha produce tristeza

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, De los ocho espíritus de malicia, 11, en PG 79, 1156BC; cf. Tratado práctico, 10; 25

El demonio no posee armas más temibles que la desesperación; así que le complacemos menos pecando que desesperándonos

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la penitencia, I, 2

A veces, sin ninguna causa aparente que nos provoque esta caída, la maldad del enemigo nos abruma de pronto

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, IX, 4. Cf. Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, V, 67

El penthos es el dolor que se ha vuelto natural para un alma en llamas

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VII, 31; 57

La tristeza insensata de la mayoría, que introduce la muerte en el alma mediante unas pasiones insatisfechas o unos objetos materiales ausentes, porque sus impulsos se dirigen de modo antinatural hacia lo que no se debe y sus repulsiones, hacia lo que conviene

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 58, en PG 90, 597B; Centurias sobre la caridad, I, 41

Todos los santos han abandonado esta vida afligidos por el duelo... Bienaventurados los corazones puros, pues no hay momento en que no gocen de las delicias de las lágrimas, y en tales delicias ven siempre al Señor. Sus lágrimas siguen en sus ojos cuando se les concede ver las revelaciones de Dios en su elevada oración

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 85; 55. Cf. Juan Clímaco, Escala, VII, 50

[La tristeza] es un obstáculo para todos los bienes

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, De los ocho espíritus de malicia, 11

Estos funestos pensamientos no proceden solo del demonio, y tu melancolía influye mucho en ellos. Sí, esta sombría tristeza los provoca mucho más que el espíritu maligno, incluso quizá es su única causa. En efecto, es cierto que muchos, que carecen de esta obsesión diabólica, experimentan esta manía del suicidio como consecuencia de violentos sufrimientos

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Consolaciones a Estagiro, II, 1

Si [a la tristeza] le permitimos que se vaya apoderando poco a poco de nuestra alma, a merced de las distintas circunstancias, entonces sacude y deprime (labefactat et deprimit) nuestro espíritu

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, IX, 1

La aflicción es un sufrimiento que se ha vuelto como natural para un alma penitente, que añade cada día dolor tras dolor, como una mujer con dolores de parto

Juan Clímaco Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, XII, 67

Esta tristeza razonable, que aprueban los entendidos en las cosas divinas

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 58, en PG 90, 597B; Centurias sobre la caridad, I, 41

Incluso la perfección de los perfectos es imperfecta

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 85; 55. Cf. Juan Clímaco, Escala, VII, 50

[La tristeza] destroza la oración

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, A los monjes, 56. Cf. De los ocho espíritus de malicia, 11

Una tristeza profunda, incluso sin el concurso del demonio, genera los males más grandes... Bajo la presión de un sombrío abatimiento los desdichados se cuelgan de una cuerda, se atraviesan con un puñal, se arrojan al agua o recurren a cualquier otro tipo de muerte violenta. Incluso esos mismos en quienes se manifiesta la acción del espíritu maligno, no deben acusar de su pérdida tanto a él como a la tiranía y al exceso de sus penas

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Consolaciones a Estagiro, II, 1

[La tristeza,] una vez que [aquel que está afectado por ella] se ha vuelto incapaz de tomar una decisión saludable y se ve privado de la paz del corazón, lo convierte en un loco... al que ella abate y sumerge bajo una penosa desesperación

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, IX, 1

Las lágrimas puras destruyen todas las impurezas visibles o escondidas

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VII, 35 (cf. VII, 37; XXVI, 151)

Quien ama a Dios, no se entristece contra nadie por motivos de orden temporal. No inspira ni siente más que una tristeza, pero saludable

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 58, en PG 90, 597B; Centurias sobre la caridad, I, 41

Aquel que huye de todos los placeres del mundo es una ciudadela inaccesible para el demonio de la tristeza. La tristeza, en efecto, es la frustración de un placer, presente o esperado, y es imposible rechazar a este enemigo si tenemos un apego apasionado a uno u otro de los bienes terrenos; pues el enemigo extiende sus redes y produce la tristeza precisamente allí donde ve que se dirige nuestra inclinación

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 19

Grande es el dominio de la tristeza: es una enfermedad del espíritu que requiere mucha fuerza para resistirse a ella valientemente y para rechazar lo que tiene de malo

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Juan, LXXVIII, 1

Dios, el creador de todo, que sabe mejor que nadie cómo curar a sus criaturas, y que la raíz y la causa de nuestros pecados no reside en las cosas sino en nosotros mismos, no nos ha mandado que dejemos de frecuentar a nuestros hermanos, ni que evitemos a aquellos a los que pensamos haber hecho daño o que creemos que nos han ofendido

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, IX, 7; VI, 3; Conferencias, V, 4 (cf. XIX, 6)

Esta fuente de lágrimas que brota después del bautismo es más grande que el propio bautismo... El bautismo, en efecto, nos purifica de las faltas que lo han precedido, mientras que las lágrimas borran todas las faltas que cometemos después. Como todos recibimos el bautismo en la infancia, luego lo manchamos, pero por medio de las lágrimas lo renovamos en su pureza primera

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VII, 8

La tristeza sobreviene cuando no se obtiene lo que se desea carnalmente; ahora bien, como a toda pasión va ligado un deseo, quien ha vencido a las pasiones no estará dominado por la tristeza... El que domina las pasiones, domina la tristeza; pero el que ha sido vencido por el placer, no escapará a sus lazos. El que ama el mundo, se entristecerá muchas veces... Pero el que desprecia los placeres del mundo no será perturbado por los pensamientos de la tristeza

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, De los ocho espíritus de malicia, 11-12, en PG 79, 1156D, 1157BC

Una tristeza profunda nos perjudica mucho más que todos los ataques del espíritu maligno

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Consolaciones a Estagiro, III, 13

[La tristeza forma parte de esas pasiones que,] curadas por la meditación del corazón y por una vigilancia prolongada, lo son también por el trato frecuente con los hermanos y su constante provocación; cuanto más a menudo se manifiestan y nos son reprochadas estas perturbaciones, más pronto conseguimos curarnos de ellas

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, IX, 7; VI, 3; Conferencias, V, 4 (cf. XIX, 6)

El abismo de la aflicción ve el consuelo... El auxilio divino es una renovación del alma abatida por la pena que, de una manera maravillosa, vuelve indoloras las lágrimas dolorosas

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VII, 60

[Las lágrimas que derramamos llorando por nuestros pecados son] el antídoto de las pasiones

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado de la oración, 8

Es muy útil para disipar la tristeza afligirse profundamente por ella

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Consolaciones a Estagiro, III, 14

[En el caso de estas pasiones,] la sociedad no perjudica; todo lo contrario: ofrece las mayores ventajas a quien desea verdaderamente corregirse de ellas. Se ponen al descubierto en el trato con los hombres y, por el hecho mismo de que se manifiestan con más frecuencia cuando hay ocasión, permiten una curación más rápida

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, IX, 7; VI, 3; Conferencias, V, 4 (cf. XIX, 6)

De la aflicción (πένθος) que produce alegría

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VII

Obliga a tu alma, desde el comienzo de la oración, al llanto y a la compunción, para que toda la oración sea fructífera

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Paranética, ed. Frankenberg, 60; Tratado de la oración, 6

[Los médicos necesitan] una esponja, nosotros aplicamos el remedio con la lengua; como los médicos para calentar el agua, nosotros también necesitamos fuego; lo que calienta nuestros discursos es la gracia del Espíritu Santo. También hoy buscamos consolaros. Si no lo hiciéramos, ¿dónde hallaríais alivio a vuestros males?

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre las estatuas, VI, 1

[La tristeza forma parte de esas pasiones que] se curan con la meditación del corazón y una vigilancia prolongada

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VI, 3; IX, 13

Cuando considero la naturaleza de la compunción, me lleno de asombro: ¿cómo lo que llamamos aflicción y tristeza puede contener oculta en su seno tanta dicha y alegría?

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, VII, 41; 54

Usa las lágrimas para conseguir todo lo que pides, pues tu Señor se complace mucho al recibir una oración hecha con lágrimas

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Paranética, ed. Frankenberg, 60; Tratado de la oración, 6
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