Si hacéis buen uso de la ira y os servís de ella según las reglas de la razón, ella se convertirá en fuerza
En cuanto a la irascibilidad, a la ira, al odio, es preciso que utilicen su fuerza natural contra el ladrón, contra el enemigo que se desliza dentro para echar a perder el tesoro divino y viene para ‘robar, matar y destruir’ (Jn 10, 10)
La naturaleza de la parte irascible es combatir contra los demonios
La ira ha sido puesta en nosotros no para que pequemos..., no para que se convierta en nosotros en una pasión, en una debilidad, sino para que sea un remedio contra las pasiones
¿Acaso no dice con evidencia: irritaos contra vuestros vicios y vuestra ira?
Guárdate de descuidar la caridad y la templanza, pues ellas son las que purifican a fondo las potencias patéticas del alma y te abren sin cesar el camino del conocimiento
[Conviene convertir la potencia irascible para que actúe] de una manera justa, tal como ha sido creada por Dios
[El temor de Dios, unido a la fe, proporciona al hombre] la fuerza para emprenderlo todo, incluso lo que parece difícil o imposible a la mayoría
[El hombre que usa virtuosamente la potencia irascible] la emplea como un remedio
[El principio de la potencia irascible en su uso patológico era] luchar con vistas al placer, cualquiera que fuera
Grande es el poder de la tristeza; es una enfermedad espiritual que requiere mucha fuerza para hacerle frente valientemente y para rechazar lo que tiene de malo después de tomar lo que tiene de útil, pues posee su utilidad. En efecto, la tristeza es buena y útil cuando hemos pecado, pero es inútil cuando está causada por calamidades humanas
Comprendemos que hasta la excitación de la ira puede sernos muy saludable para que, enfadándonos con nuestros vicios y nuestros extravíos, nos apliquemos más a las virtudes y a los ejercicios espirituales
El Salvador dijo: ‘Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios’. Lo verán, a Él y a los tesoros que están en Él, cuando se purifiquen por medio de la caridad y la templanza, y tanto más cuanto más enérgico sea su esfuerzo por purificarse
Debemos poner en práctica... la parte irascible del alma contra nuestro hombre exterior... Está escrito: ‘enfureceos contra el pecado’, es decir, ‘enfureceos contra vosotros mismos’
Como un soldado dócil a las órdenes de su capitán está siempre dispuesto a ir a socorrer a quienes lo necesitan, así también la ira puede ayudar a la razón a combatir el pecado. La indignación sirve al alma de resorte; le inspira fuerza, valor y constancia para conducir la empresa hasta el final; da vigor y firmeza a un espíritu que se deja ablandar por el placer. Nunca sentiremos el horror que debemos tener al pecado si no somos animados por la indignación y la ira, de modo que, cuando está sometida a la razón, debemos amarla tanto como hemos de odiarla cuando es irracional
Cuando la virtud está en la parte irascible, se llama valentía
Se nos ha ordenado para nuestra salvación ‘enfurecernos’ contra nosotros mismos y contra las malas sugerencias que surgen en nosotros, y ‘no pecar’, es decir, impedirles hacer daño
Que la potencia de la agresividad luche para conservar a Dios
Debemos emplear... de un modo justo, según la naturaleza... la parte irascible contra Satán, la serpiente
En el momento de las tentaciones no se debe dejar la celda..., sino recibir valientemente a los asaltantes, a todos ellos, pero sobre todo al demonio de la acedia que, puesto que es el más opresivo de todos, la pone a prueba en el más alto grado
La ira tiene en nosotros un servicio que prestar, y solo en función de este nos resulta útil y saludable acogerla: se trata de cuando nos sublevamos contra los movimientos lascivos de nuestro corazón
[La potencia irascible lucha también] por el placer espiritual y la felicidad que lo sigue
Cuando es conforme a la naturaleza, la ira es valentía