Quotes on vanagloria — 96 quotes

On vanagloria

Nosotros nos gloriamos en Jesucristo y no ponemos nuestra confianza en la carne

Pablo Apóstol Flp 3, 3

[La gloria que viene de Dios es la única que] merece de verdad este nombre

Orígenes Orígenes, Tratado de la oración, 19

[Los bienes adquiridos bajo el impulso de la cenodoxia son] semejantes a las injusticias

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, V, 10; Capítulos parafraseados, 56

Los pensamientos de la cenodoxia y del orgullo son los únicos que sobrevienen tras haber derrotado a los otros

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Reflexiones, 57; De los diversos malos pensamientos, 15

La cenodoxia es un tipo de locura (µανία τίς έστιν ή κενοδοξία)

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, XIX, 1

[Si el diablo] viene a extraviarte en la cenodoxia, realiza una acción o toma ante los hombres una actitud tal que ellos te desprecien. Pues, sábelo bien, Satán nada siente tanto como que el hombre desee la humillación y el desprecio

Padres del desierto Apotegmas, N 592/54

[El segundo tipo de cenodoxia] se infla con el deseo de un vano renombre por bienes espirituales y ocultos

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, V, 11

Su juicio [el de un monje enloquecido por la vanagloria] estaba alterado por el desorden de la cenodoxia

Paladio Paladio, Historia Lausíaca, LVIII, 5

En cuanto percibas un pensamiento que te tienta con la gloria humana, sábete que te prepara la confusión

Marcos el Monje Marcos el Monje, La ley espiritual, 92

[Los demonios] se introducen en el alma como por una ventana oscura y la saquean

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 96

Quien ama ser glorificado por los hombres... entrega su alma a sus enemigos, y estos la entregan a muchos males y se apoderan de ella

Isaías de Escete Apotegmas, VIII, 7; cf. Apotegmas, J 729

[En el origen de la cenodoxia se halla] la ignorancia acerca de esta vida

Juan el Solitario Juan el Solitario, Diálogo sobre el alma y las pasiones de los hombres, ed. Hausherr, 52

Si aumenta la cenodoxia, sobreviene el orgullo

Juan de Gaza Juan de Gaza, Cartas, 460

Quienes desean la gloria se parecen a un hombre desnudo que busca sin cesar un jirón de tela o cualquier otra cosa para tapar su indecencia. De igual modo, el que está desprovisto de virtudes busca la gloria de los hombres

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, II, 35

El demonio de la vanagloria siente una particular alegría cuando ve que se multiplican las virtudes

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXI, 3

Cenodoxia y filargiria se engendran una a la otra. El vanidoso amasa dinero; el rico es vanidoso

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 83

[La cenodoxia] mantiene los pensamientos agitados y en una continua confusión

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 23

Bienaventurado aquel religioso que no encuentra placer y alegría sino en las santísimas palabras y obras del Señor.

Francisco de Asís Admoniciones, 20

Despreciad toda gloria procedente de los hombres, para no buscar más que aquella que merece verdaderamente ese nombre, gloria que solo Dios dispensa a quienes son dignos de ella

Orígenes Orígenes, Tratado de la oración, 19

Los hombres que se alaban a ellos mismos, son sus propios dioses

Macario de Egipto Juan Clímaco, Escala, XXI, 6; Macario de Egipto, Homilías, colección III, XXI, 3, 2

La derrota de los otros demonios aumenta estos pensamientos [de cenodoxia y de orgullo]

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Reflexiones, 57; De los diversos malos pensamientos, 15

[El demonio de la cenodoxia] perturba la razón [del hombre] hasta el delirio

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Sobre la vanagloria, 2; 10; Comentario al salmo 130

Si alguno conserva el recuerdo del hermano que lo ha afligido, herido o insultado, debe acordarse de él como de un bienhechor. Pues si en estas circunstancias te entristeces, es que tu alma está enferma. En efecto, si no estuvieras enfermo, no sufrirías. Debes, pues, dar gracias a este hermano, puesto que gracias a él conoces tu enfermedad, rezar por él y recibir lo que procede de él como remedios que el Señor te envía. Si, por el contrario, te enfadas con él, es como si dijeras a Jesús: ‘No quiero recibir tus remedios; prefiero que la gangrena se introduzca en mis heridas’

Padres del desierto Apotegmas, XVI, 17-19

Los ancianos han descrito muy bien la naturaleza de esta enfermedad [la cenodoxia] comparándola con una cebolla: cuando le quitamos una capa, encontramos al momento otra, y cuantas más capas retiramos, más encontramos

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, XI, 4

Cuando veas a alguien abrumado por el desprecio, sábete que está lleno de pensamientos de vanagloria

Marcos el Monje Marcos el Monje, De quienes piensan que están justificados por sus obras, 118

Los demonios toman como ocasión para su propia maldad sobre todo el amor a la gloria; por él entran en las almas como por una ventana oscura y la saquean

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 96. Cf. Evagrio Póntico, Tratado de la oración, 72

Debido a que los hombres no comprenden la fragilidad de los bienes [de esta vida] ni la vanidad de la gloria que proviene de ellos; y a que no perciben la excelencia de las obras de Dios, ni la sabiduría de su Providencia, ni la pequeñez de la naturaleza de los hombres, que antes de florecer se marchitan, antes de llegar al poder se disuelven y antes de elevarse son humillados, cuya condición natural está sujeta a toda mutación, y todas sus producciones abocadas a la disolución; y debido a que no se dedican a meditar estas cosas, los coge de improviso el amor a la alabanza recíproca, dado sobre todo que el hombre no reflexiona lo suficiente como para decir: qué valor tiene esta vanidad que me cautiva, hasta el punto de que prefiero ver a los hombres que ver a Dios, y estoy ávido de sus elogios y no de los de Dios, como si la gloria que viene de ellos fuera superior a la gloria del Maestro universal, como si considerara que el honor de los hombres fuera equivalente al honor de los ángeles

Juan el Solitario Juan el Solitario, Diálogo sobre el alma y las pasiones de los hombres, ed. Hausherr, 52

El médico de nuestras almas es Cristo, que lo sabe todo y da a cada pasión el remedio apropiado, quiero decir, sus mandamientos: contra la cenodoxia, la humildad

Doroteo de Gaza Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, XI, 113 (cf. II, 29)

[Igual que] la hormiga espera que llegue la cosecha y que el trigo esté maduro, así la vanagloria espera que hayamos hecho acopio de todas nuestras riquezas espirituales

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXI, 3

Si has podido con las pasiones más vergonzosas..., al momento se asientan en ti los pensamientos de la vanagloria

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 59

Los vanidosos... pierden la razón

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 5; 8

Bienaventurado el siervo que, cuando habla, no manifiesta todas sus cosas con miras a la recompensa, y no es precipitado en hablar.

Francisco de Asís Admoniciones, 21

Aquel a quien le ruegan que hable y le obligan a anunciar la palabra, debe entristecerse, huir de ello como del fuego y rechazar el pensamiento a fin de escapar de él y no caer en la cenodoxia a causa de su palabra

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, LV, 2

Resulta difícil escapar de la vanidad, pues hasta lo que haces para desembarazarte de ella se convierte para ti en una nueva fuente de vanidad

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 30

[La gloria que viene de Dios es] la gloria propia de la dignidad del hombre

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, IV, 10

Si quieres curarte de estas terribles heridas del alma, debes soportar lo que el médico te impone. En efecto, el que tiene el cuerpo enfermo no sufre una amputación o toma una purga por gusto, e incluso conserva un mal recuerdo de ello; y, sin embargo, convencido de que sin estos tratamientos no podría verse libre de su enfermedad, soporta lo que le impone el médico. Sabe que con una pequeña molestia se librará de una larga enfermedad. El cauterio de Jesús es aquel que, insultándote o perjudicándote, te libera de la vanagloria

Padres del desierto Apotegmas, XVI, 17-19

La desgraciada alma, presa de un profundo letargo, está hasta tal punto en manos de la cenodoxia que, seducida por la suavidad de estos pensamientos y acaparada por estas imágenes, no puede por lo general ni siquiera atender a lo que se hace en su presencia ni a sus hermanos, mientras que halla placer en apegarse, como si fueran verdaderas, a cosas que ha soñado despierta en sus divagaciones

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, XI, 15

[La cenodoxia es] madre de los males

Marcos el Monje Marcos el Monje, La ley espiritual, 98; 102; 107; De quienes piensan estar justificados por las obras, 143-144

¡Desgraciado de mí! Dios me ha creado libre, pero estoy dominado por mucha gente: soy esclavo de todo el mundo debido al deseo de complacer a todos

Juan el Solitario Juan el Solitario, Diálogo sobre el alma y las pasiones de los hombres, ed. Hausherr, 52. Cf. Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, LXV, 5

El sol brilla para todos igual, y la vanagloria encuentra cómo gozar de todas nuestras actividades. Por ejemplo, yo me enorgullezco de ayunar y luego, cuando suspendo el ayuno para no hacerme notar, me vanaglorio de mi prudencia. Cuando me pongo hermosos vestidos, me vence la vanagloria, y cuando llevo trajes de pobre, sigo cayendo en la vanidad. Cuando hablo, ella me vence, y cuando guardo silencio, continúa dominándome. Se parece a una de esas trampas de tres puntas: la tires como la tires, se mantiene siempre en pie sobre una de sus puntas

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXI, 5

Lo que es un mal no es la gloria, sino la vanagloria

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 3-4

La cenodoxia se inventa e imagina unos personajes, y lleva a desear y a proyectarse

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 5; 8

La cenodoxia es el origen de las ilusiones del espíritu

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado de la oración, 116

Tras haber perdido la gloria propia de la dignidad del hombre, busca por doquier una gloria desdeñable y digna del mayor desprecio

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, IV, 10

Yo no acuso a los que me hacen reproches, sino que los nombro mis bienhechores, y no rechazo al médico de las almas, que proporciona un remedio humillante a mi alma impura y orgullosa

Padres del desierto Apotegmas, XVI, 17-19

La cenodoxia es un alimento que hincha al alma por un tiempo, pero luego la vuelve vacía, sin virtud y desnuda, dejándola estéril y privada de todos los frutos espirituales, de modo que, no solo destruye el mérito de esfuerzos considerables, sino que incluso le acarrea mayores suplicios

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, V, 21 (3)

[La cenodoxia] conduce por naturaleza a la esclavitud del pecado

Marcos el Monje Marcos el Monje, La ley espiritual, 98; 102; 107; De quienes piensan estar justificados por las obras, 143-144

Nuestra alma por naturaleza ama la gloria, pero debe ser la gloria del cielo, no la de la tierra

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVI, 141

[Lo que es malo] es el mal uso, debido a la negligencia de nuestro espíritu para cultivarse según la naturaleza

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 3-4

Una vez que la inteligencia ha llegado a la oración más pura y verdadera, los demonios no se acercan a ella por la izquierda, sino por la derecha. Le representan una visión ilusoria de Dios en alguna figura agradable a los sentidos, de forma que le hacen creer que ha obtenido a la perfección el objetivo de la oración. Ahora bien, decía un admirable gnóstico, eso es obra de la pasión de la cenodoxia

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado de la oración, 72

¿Por qué corres tras una sombra en lugar de atrapar la verdad? ¿Por qué buscas lo que es perecedero, y no lo que permanece?... Abandona el humo, la pura sombra, la hierba vil, las telarañas. Es imposible encontrar una palabra que exprese como es debido esta miserable inconsistencia

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre estas palabras: «No temáis» (Sal 48, 17), 1; Homilías sobre la Epístola a los hebreos, IX; Comentario al salmo 4, 6. Cf. también la continuación de la primera homilía citada y el Comentario a san Mateo, LXV, 5

Si quieres que Dios te conozca, permanece ignorado por los hombres

Padres del desierto Apotegmas, Arm II, 250

El crecimiento de la primera [la cenodoxia] se convierte en el origen del segundo [el orgullo]

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, V, 10

Hay una gloria que viene de Dios, según la palabra de la Escritura: ‘Glorificar a los que me glorifican’, dice el Señor (1 Re 2, 30). Y hay una gloria que no procede sino de la maldad astuta del demonio

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXI, 36

Los vicios se instalan en nuestra alma en la medida en que hacemos mal uso de sus potencias

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 3-4

[La cenodoxia] empuja a la inteligencia a intentar circunscribir a la divinidad en figuras y formas

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado de la oración, 116; 72

Las cosas humanas no son más que ceniza y polvo; un polvo que el viento disipa; sombra, humo, una hoja que es juguete del viento; una flor, un sueño, un ruido que pasa, un aire ligero que se desvanece por casualidad; la pluma ligera que sale volando, el agua que se escurre, menos que todo esto

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre estas palabras: «No temáis» (Sal 48, 17), 1; Homilías sobre la Epístola a los hebreos, IX; Comentario al salmo 4, 6. Cf. también la continuación de la primera homilía citada y el Comentario a san Mateo, LXV, 5

Todos los vicios, una vez dominados, se marchitan y cuando han sido vencidos se debilitan de día en día... La cenodoxia, tras ser abatida, vuelve a levantarse para combatir con mayor violencia y, cuando la creemos extinguida, se apoya en su derrota para incrementar su fuerza. Los otros vicios no atacan generalmente más que a aquellos a los que ya han vencido; pero este persigue más sañudamente a sus vencedores y, cuanto más enérgicamente ha sido aplastado, más se aprovecha del orgullo de su vencedor para atacarlo más violentamente

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, XI, 7; 9

La vanagloria es una pasión engañosa, que nos representa de forma totalmente distinta a como somos

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXI, 2; 10

[Al usar los dones de Dios para su propia gloria, el hombre] falsifica la naturaleza y hasta la misma virtud

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 64, en PG 90, 716B

La gloria es un nombre y nada más que un nombre... ¿Quién es, entonces, el hombre insensato que se apegara a nombres sin realidad, a fantasmas de los que tendría que huir?... Por eso gime el profeta, al ver tanta sinrazón en nuestra vida. Igual que un hombre, viendo a uno que huye de la luz y busca las tinieblas, le diría: ‘¿Por qué haces esta locura?’, así el profeta nos pregunta: ‘¿Por qué amáis la vanidad y buscáis la mentira?’

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre estas palabras: «No temáis» (Sal 48, 17), 1; Homilías sobre la Epístola a los hebreos, IX; Comentario al salmo 4, 6. Cf. también la continuación de la primera homilía citada y el Comentario a san Mateo, LXV, 5

La cenodoxia... embauca más cruelmente a aquellos que no se la esperan y no están sobre aviso

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, XI, 7; 9

[La cenodoxia] con frecuencia trae consigo la humillación en lugar del honor

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXI, 24

[La ostentación, compuesta de cenodoxia y orgullo,] posee hacia la naturaleza una aversión alienante por la cual maneja todas las cosas de la naturaleza de un modo antinatural, haciendo mal uso de ellas

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, 64, en PG 90, 716B

Quien está afectado por esta pasión pierde, por decirlo así, la lucidez de las percepciones, y no está menos dañado que los locos

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Catequesis bautismales, V, 6

Lo mismo que los médicos más experimentados no se contentan generalmente con curar las enfermedades presentes, sino que, con su sabia experiencia, toman la delantera a las enfermedades futuras y las previenen mediante prescripciones y remedios saludables, así también estos auténticos médicos de las almas, destruyendo de antemano en la conferencia espiritual, como por un antídoto celestial, las enfermedades del corazón antes de que aparezcan y no dejando que se desarrollen en el espíritu de los jóvenes, les desvelan tanto la causa de las pasiones que los amenazan como los remedios que procuran la salud

Juan Casiano Cf. Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, XI, 4; 19

Entre estas dos pasiones no hay más diferencia que la que se da entre un niño y un hombre, entre el trigo y el pan. Pues la cenodoxia es el comienzo del orgullo y el orgullo es el fin y la consumación de la cenodoxia

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXI, 1. Cf. 35; 45

A los ojos de los padres apasionados, unos hijos deformes hasta ser completamente ridículos son los más guapos y bien proporcionados de todos. Lo mismo le pasa a una inteligencia atontada: sus ocurrencias, aunque batan todos los récords de la estupidez, le parecen las más finas del mundo

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 58

El deseo de honores es fuente de los mayores males

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Catequesis bautismales, V, 6

Mientras ellos exponen las ilusiones de todas las pasiones, las propias de los principiantes y las de los fervorosos, los jóvenes aprenden los secretos de sus combates, que ven como en un espejo, enterándose de las causas y los remedios de los vicios que los sacuden, y saben también, antes de que se produzcan, cómo tienen que precaverse contra los combates por venir y cómo hacerles frente luchando contra ellos

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, XI, 17, 1-2

[La cenodoxia es] la más difícil y peligrosa de todas las trampas

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, IV, 90; Juan de Gaza, Cartas, 224

En esta vida o en la otra, penas y sufrimientos siguen a la cenodoxia

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 58

Esta pasión [la cenodoxia] es singularmente peligrosa

Juan Crisóstomo

Si la peste infecciosa infecta la parte racional, engendra en ella la cenodoxia, el encumbramiento, el orgullo, la presunción... Aplicad, pues, al miembro o a la parte de vuestra alma que hemos dicho que está especialmente herida, el remedio de la verdadera humildad

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XXIV, 15-16

Afánate en tu alma sin manifestarlo para nada en tu cuerpo, ni por tu apariencia externa, ni por una palabra, ni por un sobreentendido

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, IV, 91; XXI, 36 y 39

Contra la tristeza, desprecia la gloria y la oscuridad

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 13. Cf. Doroteo de Gaza, Sentencias, 3

Hermanos, tengamos cuidado de no hablar presumiendo de nosotros, pues esta vanidad nos hace odiosos a los hombres y abominables ante Dios

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, III, 5

Doquiera que vayas, esconde tu manera de vivir

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, IV, 91; XXI, 36 y 39

[Sin despreciar la gloria] es imposible cortar de raíz los pretextos de la ira

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 20 (cf. III, 13; IV, 41); I, 75

[La cenodoxia es] la última y más miserable de las servidumbres

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, IV, 9; cf. LXV, 4

El comienzo de la victoria contra la cenodoxia es la vigilancia de los labios

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, IV, 91; XXI, 36 y 39

La cenodoxia se suprime mediante la acción oculta

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 62; IV, 43

Tras censurar la vanidad..., proporciona el remedio para un alma afectada de este mal [ordenando]...: ‘Que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu mano derecha’ (Mt 6, 3)

Juan Crisóstomo Cf. Juan Crisóstomo, Comentario a san Mateo, XIX, 2

No escondas una falta humillante con el pretexto de evitar el escándalo; pero quizá no es apropiado usar este remedio en todos los casos; depende de la naturaleza de la falta

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXI, 39-38; XXV, 42; IV, 36; Apotegmas, N 592/ 54

Es un duro combate el de la cenodoxia. Se libra uno de ella mediante la práctica oculta de las virtudes...

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 62; IV, 43

Si no perdemos de vista nuestros pecados, los bienes externos no podrán nunca hinchar nuestras almas. Las riquezas, el poder, el rango supremo, las dignidades y los honores no tendrán ninguna influencia sobre nosotros

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre la Epístola a los hebreos, IX, 5; Juan Climaco, Escala, XXI, 42 (cf. 41)

El comienzo de la victoria sobre la cenodoxia es... el amor a las humillaciones

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXI, 39-38; XXV, 42; IV, 36

El amor al prójimo... vuelve indiferente la gloria

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 75 (cf. 43). Cf. Juan Clímaco. Escala, XXI, 39

Dios se regocija cuando nos ve correr al encuentro de las humillaciones, para reprimir, golpear y aniquilar nuestra vana autoestima

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXI, 39-38; XXV, 42; IV, 36; Apotegmas, N 592/ 54

La humildad libera al espíritu... de la cenodoxia

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, I, 80

Habiendo observado que a algunos les gustaba exhibirse cuando los seglares acudían al monasterio, el médico les infligía ante los visitantes las más graves injurias y les encargaba las tareas más humillantes

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXI, 39-38; XXV, 42; IV, 36

El Señor conduce a menudo a los vanidosos a la ausencia de vanagloria por medio de alguna humillación que les ocurre

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXI, 39-38; XXV, 42; IV, 36; Apotegmas, N 592/ 54

Cuando nuestros aduladores... comienzan a alabarnos, traigamos brevemente a nuestra memoria la multitud de nuestros pecados, y nos reconoceremos indignos de lo que se dice o se hace en nuestro honor

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXI, 42 (cf. 41)

Como el fuego no engendra la nieve, así los que buscan la gloria aquí abajo no gozarán de ella allá arriba

Juan Clímaco

Esforcémonos por no gozar sino de la gloria de arriba. En efecto, quien ha gustado de ella despreciará cualquier gloria terrena

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXI, 29

Desde el momento en que... la santa humildad empieza a florecer en nosotros, nos ponemos de inmediato... a odiar toda gloria y toda alabanza humana

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXI, 4