Nos recomendamos a nosotros mismos en todos los aspectos como sirvientes de Dios, con mucha paciencia en tribulaciones, calamidades, angustias, bajo golpes, en prisiones, en sediciones, en trabajos, en vigilias, en ayunos
Cuando un alma hundida en el pecado no acepta las tribulaciones que le llegan, entonces los ángeles dicen respecto a ella: ‘Hemos tratado a Babilonia y ella no ha sanado’
Luchar en los padecimientos es el combate de la virtud, el precio de la victoria que, para los que dan pruebas de paciencia, acarrea la impasibilidad del alma