A fin de evitar la lujuria, que cada uno tenga su mujer, y que cada mujer tenga su marido
La codicia que se realiza con el cuerpo no procede del cuerpo
Os exhorto a cortar este mal desde el principio. Igual que la fiebre, cuando empieza, no procura una sed muy ardiente, pero cuando ha aumentado y encendido el fuego, causa una sed que ya no puede apagarse, de modo que ni la bebida más abundante podría saciarla y no hace sino atizar la hoguera, así ocurre en esta pasión: si no la arrancamos desde el principio, si no le cerramos la puerta de nuestra alma, una vez entrada nos traerá una enfermedad que ya no se podrá curar... Suplico, pues, a quienes aún no conocen esta enfermedad, que se protejan de ella
[La terapéutica de la lujuria] requiere especialmente, además de los remedios espirituales, la práctica de la templanza [corporal]
No esperes rechazar al demonio de la lujuria mediante la discusión y la contradicción, pues, como tiene por arma a la naturaleza, hallará buenas razones
El matrimonio es bueno, pues corta la lujuria y la rabia del deseo mediante relaciones lícitas, evitando la locura de actos antinaturales. El matrimonio es bueno para quienes carecen de autocontrol; pero es mejor la virginidad, que aumenta la fertilidad del alma
A quienes están afectados [por esta enfermedad], si quieren tomar a la razón como médico, les prometo grandes posibilidades de salvarse por la gracia de Dios
La ciencia de los médicos espirituales se aplica primero a considerar la causa primera de semejantes enfermedades, que consiste en el exceso de alimentación
Es necesario sustraer a la concupiscencia los objetos que la inician, no vaya a ser que ella se precipite a saciarse
Esta enfermedad [la lujuria], aparte de la mortificación del cuerpo y la contrición del corazón, exige también la soledad y la calma para poder hacer que decaiga la malvada fiebre de las pasiones y sanar por completo. Igual que a aquellos que padecen una determinada enfermedad les resulta útil que no les dejen ver siquiera los alimentos que les sentarían mal, para evitar que conciban un deseo que sería fatal, lo mismo la calma y la soledad son muy útiles para combatir esta particular enfermedad, a fin de que el espíritu enfermo deje de ser estorbado por múltiples imágenes y logre una mirada interior más pura, y desarraigar más fácilmente la hoguera pestilente de la concupiscencia
En la misma medida en que podemos fácilmente mantenernos en guardia contra [esta enfermedad] y rechazarla, así también, si por negligencia, la dejamos entrar en el corazón, se vuelve más peligrosa que todas las demás enfermedades y más difícil de rechazar