La humildad es la madre de la mansedumbre del corazón. Si cierras la puerta al orgullo, la ira no encuentra entrada. La brutalidad y la ignominia provocan esta enfermedad en los violentos. Pero la ignominia no alcanza al que practica la humildad
La humildad no se irrita contra nadie
[La paciencia] no viene de ninguna otra fuente [que la humildad]
La conversión exige mucha humildad
[Hay que] vivir profundamente la humildad del corazón. Los que están enraizados en esta experiencia no dejan en su alma ningún resquicio a la ira
[La humildad conduce] a desterrar de nuestra alma todos los movimientos y todos los arrebatos de la ira
(La mansedumbre es) la mensajera de toda humildad
Igual que las tinieblas se disipan en cuanto aparece la luz, así también el perfume de la humildad hace que se desvanezca cualquier rastro de amargura y de irascibilidad
La ausencia de ira es un deseo insaciable de humillaciones... La ausencia de ira es una derrota de la naturaleza, que se ha vuelto insensible a las injurias
La primera y más eminente propiedad de esta eminente y excelente trinidad es la aceptación llena de alegría de la humillación, que el alma recibe y acoge con las manos extendidas como un remedio que alivia y cauteriza sus enfermedades y sus faltas graves. La segunda propiedad es la pérdida de toda irritabilidad, y la modestia que acompaña este sosiego
[Una de las propiedades de la humildad es] la pérdida de toda irritabilidad