La humildad es la madre de la mansedumbre del corazón. Si cierras la puerta al orgullo, la ira no encuentra entrada. La brutalidad y la ignominia provocan esta enfermedad en los violentos. Pero la ignominia no alcanza al que practica la humildad
[Cristo] nos muestra la causa que conduce al desprecio y a la transgresión de los preceptos de Dios; de este modo nos proporciona el remedio para que podamos obedecer y salvarnos. ¿Cuál es, pues, este remedio y cuál es la causa del desprecio? Escuchad lo que dice nuestro Señor mismo: ‘Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis reposo para vuestras almas’ (Mt 11,29). He aquí que brevemente, en pocas palabras, nos muestra la raíz y la causa de todos los males, así como su remedio, causa de todos los bienes; nos muestra que es el engreimiento lo que nos ha hecho caer, y que es imposible obtener misericordia si no es por medio de la disposición contraria, que es la humildad
(La mansedumbre es) la mensajera de toda humildad
Cristo nos enseña la causa que lleva hasta el desprecio y la transgresión de los preceptos de Dios [a saber, el orgullo]; nos proporciona así el remedio para que podamos obedecer y salvarnos. ¿Cuál es este remedio y cuál es la causa del desprecio? Escuchad lo que dice nuestro Señor mismo: ‘Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas’ (Mt 11, 29). He aquí que, brevemente, en muy pocas palabras, nos muestra la raíz y la causa de todos los males, junto con su remedio, fuente de todos los bienes; nos muestra que lo que nos ha hecho caer es el habernos elevado, y que no se puede obtener misericordia sino mediante la disposición contraria, que es la humildad