Todo lo puedo en Aquel que me fortalece: Cristo
El sacerdote del Señor debe emplear remedios curativos. Es un mal médico el que trata con suavidad los abscesos tumefactos y deja que el veneno se extienda a las partes internas del cuerpo. Hay que abrir y sajar la herida y, tras extirpar las partes gangrenadas, se debe emplear una cura enérgica. Y también aunque el enfermo proteste, grite y se lamente porque no puede soportar el dolor; después, cuando sienta que está sano, dará las gracias al médico
Entrad en la Iglesia y haced penitencia; allí reside el médico que cura, y no el juez que condena; allí no se exige el castigo del pecado, sino que se otorga la remisión
[Tenemos que rechazar toda tristeza,] excepto la que suscita una penitencia saludable, la búsqueda de la perfección o el deseo de los bienes futuros
A veces lo que para uno es remedio, para otro es veneno; y a veces lo que se administra a una misma persona le sirve de remedio si se le da en el momento oportuno, pero a destiempo se vuelve veneno
[El conocimiento espiritual,] por la penitencia lo recibimos como una gracia
[Hay que] encontrar un hombre espiritual experimentado, capaz de curarnos, para confesarnos con él
El fruto y la tarea propias de la penitencia son lo que expulsa la ignorancia y procura al mismo tiempo el conocimiento. Por conocimiento entiendo en primer lugar el de nosotros mismos y de lo que nos concierne, después el de lo que nos sobrepasa y de los misterios divinos, que son invisibles e incognoscibles para aquellos que no han hecho penitencia
La limosna hace que el remedio de la penitencia produzca su pleno y entero efecto. Los remedios que los médicos mandan se componen a menudo de ciertas plantas, entre las cuales hay una más saludable que las otras. Lo mismo ocurre con el remedio de la penitencia. De los ingredientes que la componen, se encuentra una planta más eficaz que todas las demás y que lo es todo. Esta planta se llama limosna
[La] tristeza que ‘provoca una penitencia que lleva a la salvación’ (2 Cor 7, 10), es obediente, afable, humilde, mansa, llena de dulzura y de paciencia, porque proviene del amor de Dios. Por desear la perfección, se extiende sin cansarse a todos los dolores del cuerpo y a la contrición del espíritu; alegre en cierta manera, y fortalecida por su progreso, conserva siempre su amabilidad y su grandeza de alma, y posee todos los frutos del Espíritu Santo que enumera el apóstol san Pablo: caridad, alegría, paz, longanimidad, bondad, benignidad, fe, mansedumbre, continencia (Gal 5, 22-23)
Vi a un médico torpe que, humillando a un enfermo profundamente abatido, no logró sino sumirle en la desesperación. Y vi cómo un hábil médico operaba un corazón orgulloso con el escalpelo de la humillación y lo vaciaba así de toda infección
[Es necesario tener en cuenta] las particularidades individuales, bien de la voluntad de quien comete el pecado, bien del lugar donde lo comete, o de los progresos espirituales de quien lo comete, y otras muchas circunstancias
La aflicción es un sufrimiento que se ha vuelto como natural para un alma penitente, que añade cada día dolor tras dolor, como una mujer con dolores de parto
[La penitencia, la compunción y la humildad,] esta santa cuerda de tres hebras... se reduce a una sola entidad que tiene un mismo poder y una misma actuación, adquiere caracteres y cualidades propios, y en la que lo que designamos como señal de uno de sus elementos resulta ser también la marca de los otros