Padre capadocio del siglo IV, obispo de Sasima y brevemente arzobispo de Constantinopla, llamado «el Teólogo» por sus cinco Discursos teológicos en defensa de la fe nicena. Su elaboración de la doctrina trinitaria y su antropología de la imagen de Dios son fuente constante de la teología ascética bizantina.
La fecha de su muerte oscila entre 389 y 390 según las fuentes; el año de nacimiento se sitúa entre 325 y 330.
Nos empeñamos... en no dejarnos tratar por los remedios de sabiduría que curan la debilidad del alma. O bien... manifestamos una abierta impudicia respecto al pecado y a quienes se encargan de curarlo
[Los sacerdotes que ejercen de padres espirituales son] aquellos a quienes ha sido confiado el ejercicio de la medicina
[Nosotros, los sacerdotes] somos los sirvientes y los colaboradores de esta medicina [espiritual]
Verdaderamente, me parece que guiar al ser humano, que es el más diferente y más complejo de los seres, es el arte de las artes y la ciencia de las ciencias. Esto es fácil de captar si establecemos un paralelo entre la medicina de las almas y la terapéutica de los cuerpos. Cuanto más nos damos cuenta de lo que esta última tiene de laborioso, más hace aparecer la comparación que la medicina que nosotros practicamos requiere mucho más trabajo, y más preciosa parece en razón de la naturaleza del objeto a que concierne, de los recursos de la ciencia que implica y del objetivo al que apunta la energía desplegada. En el primer caso, uno se preocupa por el cuerpo, es decir, por una materia perecedera cuyo flujo se derrama, y que está llamada de todas formas a deshacerse y a sufrir su condición... En el otro caso, la solicitud se dirige a esta alma que viene de Dios, que es divina, que participa de la nobleza del cielo y que se apresura por recuperarla
Añadamos este otro motivo: la medicina del cuerpo practica poco el análisis de las profundidades, ya que la mayor parte de su actividad concierne a las apariencias, mientras que nosotros ponemos todos nuestros cuidados y todo nuestro celo en el estudio del hombre que está oculto en el fondo del corazón, y nos batimos contra un enemigo que lleva a cabo una lucha y una guerra interiores contra nosotros
Estas son las razones por las que juzgamos que la medicina que nosotros practicamos es más laboriosa, y de lejos, que aquella que se ejerce sobre los cuerpos, y que esto mismo le confiere un valor más grande
En los tratamientos que practicamos, un único y mismo remedio no es siempre y para los mismos muy saludable o muy arriesgado... Depende, me parece, de las circunstancias, de los acontecimientos y de lo que el carácter de los pacientes permite. Es imposible abarcar todos estos elementos con la mayor exactitud para lograr que esta medicina entre en un tratado, cualesquiera que sean los cuidados y la inteligencia que en ello se ponga; son los acontecimientos y la misma experiencia los que los dan a conocer a la medicina y al médico
En este ámbito [de la guía espiritual], si uno se inclina en un sentido o en otro por error o por ignorancia, el peligro de caer en el pecado, para el interesado y para aquellos a quienes guía, no es cualquier cosa
[El padre espiritual llega a] descuidar en todo su propia persona en provecho de lo que es útil a los demás
El médico observará los lugares, las circunstancias, las edades, los momentos y otras cosas de este género
En los tratamientos que aplicamos, un único y mismo remedio no es siempre y para los mismos muy saludable o muy arriesgado... Por el contrario, tal régimen es bueno y útil para unos, mientras que el régimen contrario tiene el mismo efecto para otros. Depende, me parece, de las circunstancias, de los acontecimientos y de lo que el carácter de los pacientes permite. Es imposible abarcar todos estos elementos con exactitud y recogerlos en un tratado de esta medicina, cualesquiera que sean el cuidado y la inteligencia que en ello se ponga; son los acontecimientos y la experiencia los que los dan a conocer a la medicina y al médico
Del mismo modo que no se dan al cuerpo los mismos remedios y los mismos alimentos, sino que cada uno recibe su tratamiento específico dependiendo de si goza de buena salud o sufre una enfermedad, así también se cura a las almas según principios y métodos diferentes. Los testigos de la eficacia del tratamiento son los mismos pacientes. A unos los mueve la palabra, a otros los determina el ejemplo. Unos necesitan aguijón; otros, freno. Unos son lentos y se dejan empujar al bien con dificultad; a estos los tiene que despertar el choque de la palabra
Para unos es útil el elogio y para otros la amonestación si se utilizan oportunamente; pero, prodigados a destiempo y de forma incongruente, los dos son perjudiciales. Unos son devueltos al buen camino mediante una palabra de aliento; otros, mediante una reprimenda