Verdaderamente, me parece que guiar al ser humano, que es el más diferente y más complejo de los seres, es el arte de las artes y la ciencia de las ciencias. Esto es fácil de captar si establecemos un paralelo entre la medicina de las almas y la terapéutica de los cuerpos. Cuanto más nos damos cuenta de lo que esta última tiene de laborioso, más hace aparecer la comparación que la medicina que nosotros practicamos requiere mucho más trabajo, y más preciosa parece en razón de la naturaleza del objeto a que concierne, de los recursos de la ciencia que implica y del objetivo al que apunta la energía desplegada. En el primer caso, uno se preocupa por el cuerpo, es decir, por una materia perecedera cuyo flujo se derrama, y que está llamada de todas formas a deshacerse y a sufrir su condición... En el otro caso, la solicitud se dirige a esta alma que viene de Dios, que es divina, que participa de la nobleza del cielo y que se apresura por recuperarla
Traducido del griego