La opción de estos filósofos se señala de inmediato por el nombre que llevan; terapeutas y terapéutridas es su verdadero nombre, primero porque la terapéutica de la que hacen profesión es superior a la que se da en nuestras ciudades: esta no cura más que los cuerpos, pero la otra sana también las almas que son presa de estas enfermedades difíciles de curar que... la multitud infinita de las... pasiones y de las otras miserias abaten sobre ellas
Padre de quien toma su nombre toda familia en los cielos y en la tierra
[El padre espiritual] manifiesta los secretos de los hombres para su provecho
El sacerdote del Señor debe emplear remedios curativos. Es un mal médico el que trata con suavidad los abscesos tumefactos y deja que el veneno se extienda por las partes internas del cuerpo. Se debe hacer una incisión en la herida para abrirla y, tras extirpar las partes gangrenadas, debe intervenir una cura enérgica a pesar incluso de que el enfermo proteste, grite y se lamente porque no puede soportar el dolor; más tarde, cuando se sienta sano, dará las gracias al médico
Los antiguos padres partieron al desierto y fueron curados; se hicieron médicos e, inclinándose sobre otros, los curaron
[Los terapeutas se llaman así] porque curan y sanan las almas de quienes acuden a ellos
[San Antonio] verdaderamente fue dado como médico a Egipto
He aquí mi médico y mi sanador [san Antonio]
Nos empeñamos... en no dejarnos tratar por los remedios de sabiduría que curan la debilidad del alma. O bien... manifestamos una abierta impudicia respecto al pecado y a quienes se encargan de curarlo
Dios los envió [a los Padres del desierto] en medio de los hombres, en posesión de todas las virtudes, para que... curaran sus enfermedades
[El hombre apasionado es] rápido para ver el pecado del prójimo, [pero] lento para reconocer sus propias imperfecciones
Igual que los hombres han encontrado por la experiencia la medicina antes ignorada, y han visto cómo se revelaba progresivamente gracias a ciertas observaciones, de modo que lo útil y lo perjudicial, reconocidos por el testimonio de la experiencia, han entrado así en la doctrina de esta arte, y las observaciones de los predecesores sirven de precepto para el futuro; igual que ahora el que se aplica a esta arte no está obligado a juzgar por su propia experiencia la eficacia de los medicamentos, si se trata de algo pernicioso o de algo curativo, sino que, tras haber recibido de otro sus conocimientos, él mismo ha practicado con éxito su arte, lo mismo ocurre con el arte de curar almas, quiero decir, con la filosofía, por la que aprendemos la terapéutica de las pasiones que afectan al alma: no hay que buscar esta ciencia con conjeturas y suposiciones, sino con una gran capacidad de aprender, junto a quien ha adquirido esta disposición por una larga y rica experiencia
[El monje experimentado] llegará a curar completamente [a quien acude a él]
Por sus oraciones Dios me devolvió la salud
Si queremos alcanzar una auténtica perfección en la virtud, tenemos que obedecer a estos maestros y guías que, lejos de soñarla en discusiones huecas, la han experimentado realmente y pueden enseñárnosla a su vez, dirigidos a ella y mostrarnos el camino más seguro para lograrla
[Hay quienes] se lanzan a dirigir a otros, mientras aún no se han curado de sus propias malas inclinaciones, y no podrían, por tanto, guiar a nadie a una victoria que aún no han conseguido ellos mismos
Es preciso que quien desea tomar su cruz y seguir a Cristo, se preocupe primero por adquirir la ciencia y la inteligencia mediante un examen de su propio pensamiento..., preguntando a aquellos que tienen los mismos sentimientos, que sirven a Dios en conformidad de alma con nosotros y llevan a cabo el mismo combate, para que la ignorancia del destino o de los medios no nos haga caminar a oscuras ni marchar sin luz y sin lámpara. Quien practica la idiorritmia conduce su vida a su manera y camina desprovisto de ciencia evangélica, de discernimiento y de dirección, encuentra muchos obstáculos y cae en múltiples fosos y trampas del diablo; muchos le hacen caer y lo extravían, y se ve rodeado de multitud de peligros sin saber cuál será la salida
[El hombre] no debe confiar en sí mismo y no puede socorrerse a sí mismo
Si alguno tiene la idea de hacer algo bueno por sí mismo y no preguntando a los Padres, está fuera de la ley y no hace nada legítimo. El que, por el contrario, lo hace preguntando, cumple la Ley y los Profetas. Pues preguntar es signo de humildad. Y este es imitador de Cristo, que se humilló hasta convertirse en esclavo. En efecto, se dice que un hombre sin consejero es su propio enemigo
No confíes nunca en tu corazón, pues las antiguas pasiones lo han vuelto ciego
Lo mismo que hay muchas clases de pecados, también hay muchos remedios. Si quieres curarte, dime con toda verdad lo que has hecho, para que yo ponga los remedios apropiados
Se engañan los que confían en ellos mismos y piensan que no necesitan de nadie que los guíe
El sabio no se basa en sus razonamientos. ¿Está convencido de su verdad y de su excelencia? Razón de más para que desconfíe de su juicio y someta a otros hombres prudentes sus razones y sus pensamientos, por miedo a correr y haber corrido en vano (Gal 2, 2)
[Muchos, pretendiendo curar a los demás,] se dieron muerte a ellos mismos... Pues su alma estaba aún sujeta a la enfermedad y ellos no se ocuparon de su salud. Se arrojaron al mar de este mundo para curar las almas de los otros, mientras ellos mismos seguían todavía enfermos. Perdieron sus almas lejos de la esperanza de Dios, pues la enfermedad de sus sentidos no pudo afrontar la llama de las cosas que agravan habitualmente la herida de las pasiones, ni oponerle resistencia
No te entregues en manos de un maestro sin experiencia..., pues te iniciaría más a la vida diabólica que a la evangélica
Si no tienes maestro, busca uno a cualquier precio
Aquellos que quieren caminar sin recibir consejos, siembran con trabajo y dolor, y a menudo no hacen más que soñar
A veces, como dice san Basilio el Grande, se necesita entrar en contacto y en diálogo con un hombre experimentado y edificante, pues una visita en un tiempo apropiado y con una buena intención, una conversación moderada con semejante hombre, sin frivolidad ni charlatanería, pueden no solo expulsar del alma la acedia oculta en ella, sino también procurarle algún reposo y volver a darle fuerzas y celo para el combate siguiente. Sin embargo, los Padres, tras pensar en ello, a la luz de su propia experiencia, dicen que en el momento de la tentación es mejor permanecer en la propia celda, sin perder la hesiquía
Hijos míos, por los que siento de nuevo los dolores del parto, hasta que Cristo se forme en vosotros
Los antiguos Padres se hicieron médicos e, inclinándose sobre los demás, los curaron
[Los sacerdotes que ejercen de padres espirituales son] aquellos a quienes ha sido confiado el ejercicio de la medicina
Porque fueron médicos de las almas y pudieron curar sus enfermedades
[Las pasiones impiden al hombre tener] una percepción cierta de la voluntad de Dios en toda ocasión, en todo lugar y en toda circunstancia
En el tratamiento de los cuerpos, el único objetivo de la medicina es curar al enfermo. Sin embargo, hay diversos tipos de tratamiento, que se corresponden con las distintas enfermedades. De igual modo, dado que las enfermedades del alma son también muy variadas, la forma de curarlas deberá adaptarse a ellas para que el remedio actúe según la causa del mal
En los tratamientos del cuerpo, el que corta por lo sano no siente el dolor de la operación; el desgraciado al que operan es el único que es desgarrado por agudos dolores. No ocurre así en el tratamiento de las almas...: el que habla es el primero que siente la pena cuando reprende a los otros
El Señor no muestra a nadie el camino de la perfección si, teniendo junto a él de quién aprender, desprecia la doctrina de los Ancianos y su regla de vida, sin hacer caso de estas palabras, que sin embargo deberían observarse celosamente: ‘Pregunta a tu padre y él te lo enseñará; a tus Ancianos, y ellos te lo dirán’ (Dt 32, 7)
El combate se hará más ligero, más claramente identificable, si uno atiende estrictamente... por encima de todo a esforzarse por frecuentar a personas experimentadas que forman parte de los Padres llenos del Espíritu Santo, a vivir con ellos, si pueden, y a dejarse conducir por ellos. Pues el que vive solo, en idiorritmia, sin control o con gente sin experiencia del combate espiritual, corre un grave peligro. Se deja engañar por la diversidad de formas de la guerra, porque las maquinaciones y las asechanzas del mal son numerosas, y variadas las trampas que el enemigo tiende por todas partes. Por eso hay que hacer el mayor esfuerzo por frecuentar a hombres espirituales y conversar a menudo con ellos, a fin de que, incluso si uno mismo no posee la lámpara de la verdadera ciencia, porque aún es un niño y todavía no ha alcanzado su pleno desarrollo espiritual, si camina junto con quien lo ha logrado, no ande en tinieblas, no corra ningún peligro a causa de las trampas y las emboscadas del mal, y no se tope con las fieras espirituales que merodean en.la oscuridad, que raptan y desgarran a quienes marchan a oscuras, sin la lámpara espiritual de la palabra divina
Pregunta a los padres espirituales, haz lo que te digan. No sigas tu propio juicio, no sea que, por ignorancia, te halles en peligro
Estando apasionados, no debemos en absoluto fiarnos de nuestro propio corazón, pues una regla torcida vuelve torcido hasta lo que es recto
[Muchos de aquellos que han emprendido el viaje,] al llegar a la mitad, se hallan en peligro o vuelven atrás, porque no están preparados para las tribulaciones
Si... un hombre siente... que pierde su propia salud queriendo curar a los demás..., que ese hombre recuerde las palabras del apóstol, que exhorta y dice ‘El alimento sólido es de los perfectos’ (Heb 5, 14). Que vuelva atrás, para no oír al mismo Cristo decirle tomándolo de ejemplo: ‘Médico, cúrate a ti mismo’ (Lc 4, 23). Que se condene, que conserve sus propias fuerzas... Pues él también está enfermo, y necesita curarse más que ellos
El pensamiento de los santos, aunque se incline sobre el cenagal de las pasiones y las vergüenzas humanas, no se mancha con ellas, pues su inteligencia está desnuda y es ajena a toda codicia de las pasiones. Si llega el caso que decide emprender el examen de tales estados, lo hace con el único objetivo de observar y comprender los movimientos desordenados de las pasiones y sus efectos; para saber de dónde proceden y cuáles son, a su vez, los remedios que los neutralizan, como oímos que hacen los médicos y como hemos oído decir a los ancianos: disecan los cadáveres para entender el funcionamiento del cuerpo, para darse cuenta así de la organización interior de los seres vivos e intentar en otros el tratamiento de las afecciones ocultas. Tal es, en suma, el método que practica igualmente el médico espiritual, que quiere curar con ayuda de la experiencia las pasiones del alma
Es preciso buscar un maestro infalible, pues sus lecciones nos mostrarán nuestras desviaciones a derecha o a izquierda...; su experiencia personal de estas dificultades nos iluminará respecto a ellas y nos mostrará, sin duda alguna, el camino espiritual que podremos entonces recorrer con facilidad
[Cristo,] por haber sufrido y haber sido él mismo tentado, [puede socorrer a quienes son tentados]
En la medida de lo posible el monje debe confesar a los ancianos el número de pasos y el número de gotas de agua que bebe en su celda, para saber si no se equivoca en esto
[Nosotros, los sacerdotes] somos los sirvientes y los colaboradores de esta medicina [espiritual]
[Los antiguos Padres] fueron médicos de las almas y pudieron curar sus enfermedades
Si en tu casa reinan el desorden y la indisciplina, aquellos sobre los que mandas dirigirán contra ti las palabras: ‘Médico, cúrate a ti mismo’. Curémonos, pues, primero a nosotros mismos
Para curar el alma, al igual que para curar el cuerpo, no basta con adaptar el remedio al mal, también es preciso aplicarlo en el tiempo adecuado
Si queremos alcanzar una auténtica perfección en la virtud, tenemos que obedecer a esos maestros y guías que, lejos de soñarla en discusiones vacías, han hecho realmente experiencia de ella
Es perjudicial... rememorar con detalle los pecados pasados; pues, si engendran tristeza, alejan de la esperanza; si, por el contrario, su representación no produce pena, conducen de nuevo a la antigua mancha
Solicita [a los santos], como quien está enfermo y necesita un médico... Y sírvete de ellos, hasta que Dios te lleve a la salud perfecta
Si un hombre no confiesa todo lo que hay en él, el diablo descubrirá en él una voluntad propia... que le [permitirá] derribarlo. Cada vez que nos apegamos obstinadamente a nuestra propia voluntad..., mientras pensamos hacer maravillas, nos tendemos trampas a nosotros mismos, y no sabemos que nos encaminamos a nuestra perdición. En efecto, ¿cómo podríamos conocer la voluntad de Dios, o buscarla verdaderamente, si ponemos la confianza en nosotros mismos y afirmamos nuestra propia voluntad?
Los enfermos recibirán de la providencia de Dios y de sus médicos espirituales el remedio eficaz
[El que quiere curar a los demás,] cuando vea que su alma está sana, entonces que sirva también a los demás, y que los cure con su propia salud
[El padre espiritual que no ha recibido la luz del Espíritu es] un ciego guiando a otro ciego
Si alguno no sabe dirigir su propia casa, ¿cómo se va a ocupar de la Iglesia de Dios?
Verdaderamente, me parece que guiar al ser humano, que es el más diferente y más complejo de los seres, es el arte de las artes y la ciencia de las ciencias. Esto es fácil de captar si establecemos un paralelo entre la medicina de las almas y la terapéutica de los cuerpos. Cuanto más nos damos cuenta de lo que esta última tiene de laborioso, más hace aparecer la comparación que la medicina que nosotros practicamos requiere mucho más trabajo, y más preciosa parece en razón de la naturaleza del objeto a que concierne, de los recursos de la ciencia que implica y del objetivo al que apunta la energía desplegada. En el primer caso, uno se preocupa por el cuerpo, es decir, por una materia perecedera cuyo flujo se derrama, y que está llamada de todas formas a deshacerse y a sufrir su condición... En el otro caso, la solicitud se dirige a esta alma que viene de Dios, que es divina, que participa de la nobleza del cielo y que se apresura por recuperarla
[Estos Padres] no [fueron] enviados [a los hombres] hasta que todas sus propias enfermedades [estuvieron] curadas
[En algunos casos] es totalmente necesario encontrar a un hombre sabio, que tenga experiencia de estas cosas, para recibir de él la luz y la fuerza
Igual que los médicos más experimentados no se contentan generalmente con curar las enfermedades presentes, sino que, con su sabia experiencia, toman la delantera a las posibles enfermedades futuras y las previenen mediante prescripciones y remedios saludables, así también estos auténticos médicos de las almas, al destruir de antemano en el diálogo espiritual, como por un celeste antídoto, las enfermedades del corazón antes de que aparezcan, y al no permitir que se desarrollen en el espíritu de los jóvenes, les revelan la causa de las pasiones que los amenazan y los remedios que les procuran la salud
Cuando el espíritu, al negarse a sí mismo, se agarra únicamente a la esperanza, entonces el enemigo, bajo pretexto de confesión, le pone ante los ojos una imagen de sus antiguos pecados para volver a encender las pasiones olvidadas por la gracia de Dios y perjudicarlo solapadamente. Pues, aunque el espíritu sea entonces luminoso y esté lleno de aversión por las pasiones, se volverá necesariamente tenebroso, una vez implicado de nuevo en las acciones pasadas. Si su alma es turbia y amiga del placer, no puede dejar de entretenerse con complacencia en esas sugestiones, de modo que tal rememoración será en realidad una predisposición al pecado más que una confesión
Conviene solicitar la oración de nuestros Padres. Pues se ha dicho: ‘Rezad unos por otros’ (Sant 5, 16). Y también: ‘No son los sanos quienes tienen necesidad de médico, sino los enfermos’ (Lc 5, 31)... Y para pedir la oración, di esto: ‘Abba, estoy mal, te lo ruego, reza por mí; tú sabes cuánto necesito la misericordia de Dios’
Se dice en los Proverbios: ‘Quienes no tienen guía, caen como hojas. La salvación se encuentra en los muchos consejos’ (Prov 11, 14). Examinad, hermanos, el sentido de estas palabras, y ved lo que nos enseña la santa Escritura. Nos pone en guardia contra la confianza en nosotros mismos y contra la ilusión de creernos advertidos y capaces de dirigirnos a nosotros mismos. Necesitamos ayuda, necesitamos guías cercanos a Dios. No hay nada más miserable ni más vulnerable que aquellos que no tienen guía y caen como hojas
Quienes son curados de las pasiones del alma mediante los cuidados de los médicos
El alimento sólido [de la paternidad espiritual] es para quienes están sanos, quienes han ejercitado los sentidos y pueden comer de todo. Quiero decir que pueden soportar las agresiones que sufren los sentidos, y que su corazón no se ha degradado a causa de todo lo que se encuentran en el ejercicio de la perfección
[El que no tiene en él la luz del Espíritu Santo] no puede ver como es debido sus propias acciones, ni estar seguro de que se corresponden con lo que Dios quiere. En cuanto a guiar a los demás, o a enseñarles la voluntad de Dios, tampoco es capaz, ni tampoco es digno de recibir los pensamientos del prójimo... mientras no posea, brillando en él, la luz... ‘El que camina en la oscuridad no sabe adonde va’ (Jn 12, 35). Por tanto, si este hombre no sabe adónde va, cómo va a mostrar el camino a los demás?
Acordaos de vuestros dirigentes, que os han anunciado la palabra de Dios; considerad cuál ha sido el fin de su vida e imitad su fe
Añadamos este otro motivo: la medicina del cuerpo practica poco el análisis de las profundidades, ya que la mayor parte de su actividad concierne a las apariencias, mientras que nosotros ponemos todos nuestros cuidados y todo nuestro celo en el estudio del hombre que está oculto en el fondo del corazón, y nos batimos contra un enemigo que lleva a cabo una lucha y una guerra interiores contra nosotros
Si no se han expuesto primero las formas variadas de una enfermedad, si no se han descrito su origen y sus causas, no se podrá aplicar a los enfermos el tratamiento adecuado ni permitir a los sanos conservar su buena salud. Los antiguos, que poseen una gran experiencia de este género de caídas, acostumbran exponer esto en sus tratados... Muy a menudo reconocíamos muchos elementos de estas pasiones en nosotros mientras los ancianos las exponían por completo, como si ellos mismos estuvieran turbados por ellas, y, sin tener que sonrojarnos de vergüenza, nos curábamos sin decir nada, aprendiendo los remedios y a la vez las causas de los vicios que nos minaban
[Solo sometido a un Anciano podrá el hombre seguir hasta el final] sin error ni peligro el camino de los Padres
Pon tu llaga al desnudo ante el médico
Los hombres afectados por la enfermedad necesitan más ser curados que castigados... El comienzo de la sabiduría de Dios es la indulgencia y la dulzura, que es lo propio de un alma grande, que carga con las enfermedades de los otros. En efecto, se ha dicho: ‘Vosotros, que sois fuertes, soportad las enfermedades de los débiles’ (Rom 15, 1), y también: ‘Levantad con espíritu de mansedumbre al que ha fallado’ (Gal 6, 1)
Quien ve de manera espiritual y oye así, cuando ve a alguien, se encuentra y habla con él frecuentemente, ve su alma, si no en cuanto a su esencia, por lo menos en cuanto a su estado, y cuáles son su cualidades y disposiciones. Por tanto, si ha sido considerado digno de participar en el Espíritu Santo, halla este conocimiento en la visión misma de éste
Obedeced a vuestros dirigentes, tened deferencia para con ellos
Estas son las razones por las que juzgamos que la medicina que nosotros practicamos es más laboriosa, y de lejos, que aquella que se ejerce sobre los cuerpos, y que esto mismo le confiere un valor más grande
Lo mismo que los médicos más experimentados no se contentan generalmente con curar las enfermedades presentes, sino que, con su sabia experiencia, toman la delantera a las enfermedades futuras y las previenen mediante prescripciones y remedios saludables, así también estos auténticos médicos de las almas, destruyendo de antemano en la conferencia espiritual, como por un antídoto celestial, las enfermedades del corazón antes de que aparezcan y no dejando que se desarrollen en el espíritu de los jóvenes, les desvelan tanto la causa de las pasiones que los amenazan como los remedios que procuran la salud
[Los santos] no odian al pecador, no lo juzgan, no lo rehúyen. Al contrario, lo compadecen, le exhortan, lo consuelan, lo cuidan como a un enfermo, hacen cualquier cosa para salvarlo
Sin la ayuda de un médico, son raros quienes sanan
Un enfermo va a ver al médico espiritual... El médico humano y compasivo examina a este enfermo; comprende la debilidad de su hermano, la inflamación del mal, la hinchazón; ve al enfermo en poder de la muerte... Cuando el médico espiritual ve a su hermano en el estado descrito, no empieza a gritarle, ni se desentiende de él diciéndole: ‘Lo que pides es malo y mortal, y me niego a darte ese auxilio’, no vaya a ser que, al oír eso, el enfermo salga corriendo y vaya a otro médico sin experiencia en esas afecciones, pues moriría al instante. Por el contrario, lo retiene, lo reconforta y se muestra a la vez lleno de caridad y sencillez
En los tratamientos que practicamos, un único y mismo remedio no es siempre y para los mismos muy saludable o muy arriesgado... Depende, me parece, de las circunstancias, de los acontecimientos y de lo que el carácter de los pacientes permite. Es imposible abarcar todos estos elementos con la mayor exactitud para lograr que esta medicina entre en un tratado, cualesquiera que sean los cuidados y la inteligencia que en ello se ponga; son los acontecimientos y la misma experiencia los que los dan a conocer a la medicina y al médico
Mientras ellos exponen las ilusiones de todas las pasiones, las propias de los principiantes y las de los fervorosos, los jóvenes aprenden los secretos de sus combates, que ven como en un espejo, enterándose de las causas y los remedios de los vicios que los sacuden, y saben también, antes de que se produzcan, cómo tienen que precaverse contra los combates por venir y cómo hacerles frente luchando contra ellos
[Con sus palabras el padre espiritual alienta a su hijo,] lo exhorta, lo consuela, lo cura como a un miembro enfermo
[Quienes se han empeñado en sanar,] una vez recuperada la salud, se convierten en médicos... para todos, enseñando los síntomas de cada enfermedad, y su propia experiencia les hace capaz de impedir caer a los demás
Un enfermo acude a ver al médico espiritual. Embotado por el sufrimiento, con la mente del todo confundida, va buscando, más que una medicina, aquello que lo perjudica, es decir, que va a agravar su mal y a abocarlo a la muerte en breve... Cuando el médico espiritual ve a su hermano en el estado descrito, no se pone a reprenderle con severidad, ni tampoco escurre el bulto y le dice: ‘Lo que me pides es malo y mortal, así que me niego a dártelo’... Por el contrario, lo retiene, lo reconforta, se muestra a la vez lleno de caridad y sencillez, le asegura que le va a aplicar los remedios que le solicita y que está dispuesto a cumplir su deseo. Hay enfermos que tienen el alma gravemente afectada y, aun así, buscan lo que empeora su enfermedad. Y su mal puede ser que, cuando serían necesarias la dieta y la abstinencia de lo que les apetece, desean más bien satisfacerse con alimentos nocivos y atiborrarse de ellos. Por eso, como acabo de decir, el médico experimentado no accede sin más a los requerimientos del paciente, pero le promete satisfacer sus exigencias. El enfermo persigue el objeto de sus deseos, convencido de que es bueno, mientras que el médico le va suministrando disimuladamente las medicinas; uno espera pacientemente tan contento, mientras el otro, hábil, le da lo que en apariencia es igual a lo que busca pero, en realidad, es totalmente diferente y de una eficacia insospechada. Desde el momento en que el enfermo toca los remedios, su mero contacto, en contra de lo que esperaba, le hace ya efecto; así, al mismo tiempo que baja de inmediato la hinchazón, desaparece por completo la herida, y ya ni siquiera soporta pensar en lo que antes inflamaba su codicia. Es preciso ver y admirar el milagro absolutamente inexplicable que se produce: sin más ayuda que el contacto y la vista de las preparaciones medicinales, el médico consigue que la salud vuelva a los enfermos, que las heridas y la hinchazón se reduzcan, y que se aplaque el ardor de la sed. Los pacientes, antes devorados por el deseo de los alimentos malsanos y nocivos, desean ahora, por el contrario, los provechosos, y cuentan por todas partes los milagros que ha operado el médico y los procedimientos maravillosos de su arte
En este ámbito [de la guía espiritual], si uno se inclina en un sentido o en otro por error o por ignorancia, el peligro de caer en el pecado, para el interesado y para aquellos a quienes guía, no es cualquier cosa
El médico es aquel que ha adquirido la salud [espiritual] del alma y del cuerpo y no necesita [ya] ningún remedio para ellos
[El padre espiritual llega a] descuidar en todo su propia persona en provecho de lo que es útil a los demás
El médico debe estar completamente despojado de las pasiones
El médico observará los lugares, las circunstancias, las edades, los momentos y otras cosas de este género
Bienaventurados los médicos que no sufren náuseas, y los superiores que poseen la impasibilidad
En los tratamientos que aplicamos, un único y mismo remedio no es siempre y para los mismos muy saludable o muy arriesgado... Por el contrario, tal régimen es bueno y útil para unos, mientras que el régimen contrario tiene el mismo efecto para otros. Depende, me parece, de las circunstancias, de los acontecimientos y de lo que el carácter de los pacientes permite. Es imposible abarcar todos estos elementos con exactitud y recogerlos en un tratado de esta medicina, cualesquiera que sean el cuidado y la inteligencia que en ello se ponga; son los acontecimientos y la experiencia los que los dan a conocer a la medicina y al médico
El que está perfectamente purificado ve el alma de su prójimo, no en ella misma, sino en cuanto a las disposiciones en que se encuentra
Del mismo modo que no se dan al cuerpo los mismos remedios y los mismos alimentos, sino que cada uno recibe su tratamiento específico dependiendo de si goza de buena salud o sufre una enfermedad, así también se cura a las almas según principios y métodos diferentes. Los testigos de la eficacia del tratamiento son los mismos pacientes. A unos los mueve la palabra, a otros los determina el ejemplo. Unos necesitan aguijón; otros, freno. Unos son lentos y se dejan empujar al bien con dificultad; a estos los tiene que despertar el choque de la palabra
[El padre espiritual debe] dar su alma por el alma del prójimo
Para unos es útil el elogio y para otros la amonestación si se utilizan oportunamente; pero, prodigados a destiempo y de forma incongruente, los dos son perjudiciales. Unos son devueltos al buen camino mediante una palabra de aliento; otros, mediante una reprimenda
Nada muestra mejor el amor a los hombres y la bondad del Creador para con nosotros, que el hecho de haber dejado las noventa y nueve ovejas para buscar a la que se había perdido (cf. Lc 15, 4). Estate, pues, atento, venerado padre, y emplea todo tu celo, toda tu caridad, todo tu fervor, todos tus cuidados, todas sus súplicas ante Dios, a favor de quien está completamente extraviado y roto. Pues, donde las enfermedades y las heridas son graves, allí también, sin duda alguna, se conceden grandes recompensas
El médico sabrá que Dios le ha dado la sabiduría, cuando pueda curar enfermedades incurables para muchos otros
[Al elegir maestro espiritual, es preciso examinar, no vayamos a dar] con un enfermo en lugar de con un médico, con un hombre sujeto a las pasiones en lugar de con un hombre impasible
La habilidad del médico debe guardar proporción con la corrupción de nuestras llagas
Cuando un médico nos confiesa su impotencia, es necesario que vayamos a buscar otro
Si resulta que encuentras un hospital y un médico desconocidos, compórtate como si te limitaras a pasar y sondea en secreto a todos quienes están allí. Y, cuando empieces a sentir que los cuidados proporcionados por aquellos hombres del arte y aquellos enfermeros son de alguna utilidad para tus enfermedades y, sobre todo, que te procuran el remedio que buscabas contra el engreimiento del espíritu, entonces adelántate, cómpralo con el oro de la humildad, y firma el contrato sobre el pergamino de la obediencia
Todos lo miran como a una imagen ejemplar, y consideran sus palabras y sus actos como una regla y una norma
[El padre espiritual puede aliviar a los que sufren] sin que ellos se den cuenta y en secreto
[El padre espiritual] debe observar y adaptar los remedios
En ocasiones, lo que para uno es medicina, para otro es veneno; y algunas veces lo que se administra a una persona le sirve de medicina si se le da en el momento oportuno, pero dado a destiempo se convierte en veneno
He visto a un médico torpe que, humillando a un enfermo ya profundamente abatido, no lograba más que hundirlo en la desesperación. Y he visto a un médico hábil operar un corazón orgulloso con el cuchillo de la humillación y vaciarlo así de toda su infección
Debemos tener en cuenta los lugares, el género de conversión y de costumbres [de los enfermos]
[Los enfermos] son extremadamente diferentes. A menudo, el más debilitado resulta ser también el más humilde de corazón y, por consiguiente, debe recibir un tratamiento más suave por parte del médico espiritual. Lo contrario es evidente
[En los casos en que la corrupción es grave,] se necesita un tratamiento enérgico
Entristece al enfermo durante un tiempo, no vaya a ser que su enfermedad se haga crónica o que él muera
Los enfermos que, después de hacer la experiencia de un médico y de aprovecharse de sus cuidados, lo abandonan por otro antes de haberse curado completamente, merecen el castigo más grave por parte de Dios
El médico no puede curar al paciente si este no ha ido primero a consultarle y no le ha mostrado sus heridas con entera confianza
Habiendo observado que a algunos les gustaba exhibirse cuando los seglares acudían al monasterio, el médico les infligía ante los visitantes las más graves injurias y les encargaba las tareas más humillantes