Los hombres afectados por la enfermedad necesitan más ser curados que castigados... El comienzo de la sabiduría de Dios es la indulgencia y la dulzura, que es lo propio de un alma grande, que carga con las enfermedades de los otros. En efecto, se ha dicho: ‘Vosotros, que sois fuertes, soportad las enfermedades de los débiles’ (Rom 15, 1), y también: ‘Levantad con espíritu de mansedumbre al que ha fallado’ (Gal 6, 1)
Traducido del siríaco