Citas sobre vigilancia — 69 citas

Sobre vigilancia

Despertad (έκνήψατε), como es debido, y no pequéis

Pablo Apóstol 1 Cor 15, 34

Nada guarda nuestro corazón como el temor de Dios

Orígenes Orígenes, Comentario al salmo 40, 3, en PG 12, 1666A

El hombre de Dios no debe comenzar a seguir ni un solo pensamiento sin hacer discernimiento

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, VI, 1

Debéis aplicaros en todo a conocer la situación y las enfermedades de vuestra alma. Pues muchos tienen enfermedades peligrosas y no se dan cuenta... Dios nos advierte de que no nos inmiscuyamos en curar los males del prójimo, ni dediquemos nuestro estudio a conocer la naturaleza de sus enfermedades, sino que reservemos una parte de nuestros cuidados y de nuestra aplicación para hurgar en los recovecos de nuestro corazón

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Homilía sobre estas palabras: «Pon atención en ti mismo»

La vigilancia, la atención a uno mismo y el discernimiento son las guías del alma

Poemén Apotegmas, serie alfabética, Poemen, 35; 137

Sé el portero de tu corazón y, a todo pensamiento que se presente, dirige esta pregunta: ¿eres de los nuestros o de los adversarios?

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Antirrético, Orgullo, 17

De los malos pensamientos, unos no llegan a franquear el umbral de nuestra alma, si hemos sabido proveerla de buenas murallas; otros, después de nacer en nosotros, crecen si no tenemos cuidado, pero, si sabemos prevenir su progreso, pronto los ahogamos y enterramos. Otros, por último, nacen, crecen y se desarrollan en malas acciones, arruinan la salud de nuestra alma en cuanto nuestra negligencia traspasa los límites

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre Ozías, IV, 5

El trabajo del monje es ver venir de lejos sus pensamientos

Padres del desierto Apotegmas, M 64

En la misma medida en que podemos fácilmente mantenernos en guardia contra [esta enfermedad] y rechazarla, así también, si por negligencia, la dejamos entrar en el corazón, se vuelve más peligrosa que todas las demás enfermedades y más difícil de rechazar

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VI, 2 (cf. VI, 21)

Del mismo modo que los ojos de nuestro cuerpo, cuando están en buen estado, pueden verlo todo, hasta las moscas y los mosquitos que revolotean por el aire; pero, cuando se hallan velados y ven borroso..., si se presenta ante ellos objetos grandes, los ven confusamente, mientras que los pequeños ni siquiera los perciben; lo mismo ocurre con el alma: si disminuye mediante la atención la ceguera que le viene del amor al mundo, mira como muy grandes sus caídas más ligeras

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 27

El duelo es vigilancia perfecta; allí donde no hay duelo, no puede haber vigilancia

Isaías de Escete Abba Isaías, Asceticón, 30,4 B

Estate vigilante para exterminar con fuerza las ocho naciones extranjeras [las ocho pasiones principales]

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 44

Los perfectos están perfectamente atentos a sí mismos, como el artesano que conoce perfectamente su oficio. Si, mientras trabaja, se pone a hablar con algunos, su conversación no le impide proseguir al mismo tiempo el ejercicio de su arte

Juan de Gaza Juan de Gaza, Cartas, 459

La vigilancia debe ser de todos los instantes... Hay que estar constantemente en pie de guerra, para entablar el combate con el Adversario; nuestra desconfianza debe prever sin descanso sus maniobras ocultas... Si queremos que la tentación repentina y oculta no nos sorprenda, necesitamos permanentemente mantenerla a raya con... la espada de nuestra vigilancia

Gregorio Magno Gregorio Magno, Morales sobre Job, XX, 3

El amigo de la hesijía es aquel cuyo pensamiento [está] siempre alerta

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVII, 3; 39. Cf. Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 73

La riqueza y la salud del alma están hechas de vigilancia y atención

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 38

El objetivo... de la vigilancia incesante... es ver las fantasías de los pensamientos en la mente desde que se forman

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 14; 44; Filoteo el Sinaita, Cuarenta capítulos népticos, 25

[Se trata de] vigilar rigurosamente las intrigas de las potencias malvadas y sus ataques surgidos de la imaginación

Filoteo el Sinaíta Filoteo el Sinaíta, Cuarenta capítulos népticos, 26

La atención es el signo de la penitencia realizada..., es el desprendimiento de las pasiones..., es la certeza indudable del perdón de los propios pecados

Nicéforo el Solitario Nicéforo el Solitario, Tratado sobre la vigilancia y la custodia del corazón

‘Estate atento a ti mismo’, dice Moisés (Dt 15, 9). Es decir, a todo tu ser: no a una parte de ti mismo descuidando el resto... Apuesta, por tanto, esta guardia en tu alma y en tu cuerpo... Encomiéndate, pues, a esta guardia, a esta atención, no pierdas el control de ti mismo, o más bien, ten cuidado, estate atento y vigílate... ‘Si el espíritu del que domina’, es decir, el de los malos espíritus y las malas pasiones, ‘se levanta contra ti, no abandones tu sitio’, es decir, no dejes sin vigilancia ninguna parte de tu alma, ningún miembro de tu cuerpo. Así, en efecto, te volverás inaccesible a los espíritus que te atacan desde abajo

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, I, 2, 9

No durmamos como los otros, sino velemos y estemos sobrios

Pablo Apóstol 1 Tes 5, 6

Por el esfuerzo y la tensión, la vigilancia y el combate, llegamos a ser capaces de adquirir el amor de Dios, ese amor que la gracia y el don de Cristo forman en nosotros

Macario de Egipto Macario de Egipto, Capítulos parafraseados, 11 (cf. 13); Homilías, colección II, V, 12

Estad atentos a vosotros mismos y no encerréis en vuestro espíritu malos pensamientos... Somos frágiles y pecamos fácilmente por los pensamientos; por eso Dios, que ha formado nuestros corazones, conociendo que los movimientos de nuestra voluntad nos hacen caer en muchos desórdenes, nos ha recomendado conservar en una gran pureza la parte racional del alma, porque ella es la que gobierna y manda. Hay que conservar con más cuidado lo que está más inclinado al pecado. Los médicos hábiles, como conocen el temperamento de los cuerpos débiles, les prescriben remedios para fortalecerlos. Por eso, Dios nos ha dado más medios para fortalecer en nosotros la parte más débil

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Homilía sobre estas palabras: «Pon atención en ti mismo»

No necesitamos nada más que un espíritu vigilante

Poemén Apotegmas, serie alfabética, Poemen, 35; 137

Os exhorto a cortar este mal desde el principio. Igual que la fiebre, cuando empieza, no procura una sed muy ardiente, pero cuando ha aumentado y encendido el fuego, causa una sed que ya no puede apagarse, de modo que ni la bebida más abundante podría saciarla y no hace sino atizar la hoguera, así ocurre en esta pasión: si no la arrancamos desde el principio, si no le cerramos la puerta de nuestra alma, una vez entrada nos traerá una enfermedad que ya no se podrá curar... Suplico, pues, a quienes aún no conocen esta enfermedad, que se protejan de ella

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre 1 Corintios, XI, 4-5

Bienaventurado aquel que tiene siempre ante los ojos sus pecados, pues tal hombre siempre permanece vigilante

Padres del desierto Apotegmas, PE III, 35, 24-25

[La tristeza forma parte de esas pasiones que,] curadas por la meditación del corazón y por una vigilancia prolongada, lo son también por el trato frecuente con los hermanos y su constante provocación; cuanto más a menudo se manifiestan y nos son reprochadas estas perturbaciones, más pronto conseguimos curarnos de ellas

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, IX, 7; VI, 3; Conferencias, V, 4 (cf. XIX, 6)

[El alma,] cuando ha empezado a purificarse por la intensidad de su atención, siente entonces, como un verdadero remedio de vida, el temor divino que la quema, como por la acción de sus reproches, en un fuego de impasibilidad

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 17

[Los perfectos son aquellos] que son capaces de dirigir su espíritu y de conservarlo en el temor de Dios, para que no vaya a la deriva y no sea engullido por una profunda distracción o por fantasías

Barsanufio de Gaza Barsanufio, Cartas, 431

Si el corazón vela, el sueño del cuerpo no es nada

Juan de Gaza Juan de Gaza, Cartas, 519

El comienzo de la victoria contra la cenodoxia es la vigilancia de los labios

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, IV, 91; XXI, 36 y 39

La pureza de los pensamientos tiene su fuente en los esfuerzos y la vigilancia

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 30

La vigilancia es la concentración perseverante de un pensamiento en guardia a la puerta del corazón. Tal pensamiento observa los pensamientos pérfidos que sobrevienen, escucha lo que dicen, mira lo que hacen estos asesinos, y qué forma han grabado en ellos los demonios

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 6

[La atención y la vigilancia son] los remedios que salvan al alma

Filoteo el Sinaíta Filoteo el Sinaíta, Cuarenta capítulos népticos, 14

La atención es despojarse de las pasiones para revestirse de las virtudes

Nicéforo el Solitario Nicéforo el Solitario, Tratado de la vigilancia y de la custodia del corazón

Apuesta, pues, esta guardia en tu alma y en tu cuerpo; ella te librará fácilmente de las malas pasiones del cuerpo y del alma

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, I, 2, 9

Dirigid los ojos a todos lados para que no os sorprendan

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Homilía sobre estas palabras: «Pon atención en ti mismo»

Si estamos activos y muy vigilantes, no hallaremos mancha en nosotros

Poemén Apotegmas, serie alfabética, Poemen, 173

Donde está el temor, se reprimen los malos deseos, se destierran las pasiones desordenadas; y lo mismo que, cuando una casa está vigilada sin cesar por una patrulla de soldados, ningún ladrón, ni asesino, ni otro malhechor se atreve a acercarse, así también, cuando el temor se apodera de nuestras almas, no entra en ellas ninguna pasión deshonesta, sino que todas huyen y se retiran, expulsadas de todos lados por la fuerza imperiosa de un espanto saludable

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre las estatuas, XV, 1. Cf. Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, IV, 49

[La tristeza forma parte de esas pasiones que] se curan con la meditación del corazón y una vigilancia prolongada

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VI, 3; IX, 13

Haz lo mismo con todos los pensamientos: en cuanto surge el pensamiento, examínalo

Juan de Gaza Juan de Gaza, Cartas, 86

[Si el hombre] carece de vigilancia y no tiene cuidado, se aparta fácilmente del camino, bien a la derecha o bien a la izquierda... y provoca esta enfermedad que es el mal

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 38

Tienes que ver con la mirada penetrante e intensa del espíritu, para reconocer a los que entran

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 6

[La vigilancia es] el lugar del espíritu

Filoteo el Sinaíta Filoteo el Sinaíta, Cuarenta capítulos népticos, 19

En cuanto sintáis sus primeras acometidas [las de la ira], contenedla, sometedla a la razón como se sujeta a un caballo con el bocado

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Homilías, X, Sobre la ira

[La ira no puede] curarse más que mediante una vigilancia prolongada

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, VI, 3

Custodiar el corazón es tener el espíritu vigilante y lúcido de aquel que está en guerra... Si quieres saber con quién te relacionas, con un enemigo o con un amigo, lanza una oración y pregúntale: ‘¿Eres de los nuestros o de los enemigos?’, y él te dirá la verdad

Juan de Gaza Juan de Gaza, Cartas, 166

La riqueza y la salud del alma están hechas de sobriedad vigilante y de atención. Mientras un hombre vive, tiene necesidad de sobriedad vigilante, de atención y de vigilia para guardar su tesoro. Y si descuida estas condiciones, cae enfermo y le roban su tesoro

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 38

Si nos fiamos solo de nuestra vigilancia o de nuestra atención, pronto seremos derribados y caeremos. Nos enredaremos cada vez más en sus redes: los malos pensamientos

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 22; 26

Cuando [el alma] empiece a rezar a Dios y a velar gracias a la oración, entonces, gracias a la oración, se verá libre de las tinieblas. Es imposible liberarse de otro modo. Pues entonces el alma puede reconocer que dentro del corazón existe otra lucha, otra oposición escondida, otra guerra contra los pensamientos de los espíritus del mal

Filoteo el Sinaíta Filoteo el Sinaíta, Cuarenta capítulos népticos, 19; 24

Hay que sofocar la ira desde que nace

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Homilías, X, Sobre la ira

La cenodoxia... embauca más cruelmente a aquellos que no se la esperan y no están sobre aviso

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, XI, 7; 9

La impasibilidad no es no sentir las pasiones, sino no acogerlas. Las pasiones se agotan bajo el número y la variedad de las virtudes manifiestas y ocultas que han adquirido los ascetas. No pueden sublevarse fácilmente contra el alma... Cuando llegan las pasiones, la reflexión se sustrae inmediatamente a su contacto por medio de una conciencia atenta que se halla en el corazón de la inteligencia. Entonces las pasiones la abandonan y no pueden hacerle nada, como dijo el bienaventurado Marcos. La inteligencia que, por la gracia de Dios, realiza las acciones de las virtudes y se ha acercado al conocimiento, no siente apenas lo que procede del mal y de la sinrazón del alma

Isaac de Nínive

[Mediante la oración de Jesús unida a la vigilancia,] curamos... la casa de nuestro corazón

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 152

La vigilancia ilumina y purifica primero la conciencia. Después, cuando la conciencia ha sido purificada, como una gran luz escondida que de pronto estalla, expulsa las grandes tinieblas. Y cuando las tinieblas han sido expulsadas por medio de una continua y verdadera vigilancia, la conciencia revela de nuevo lo que estaba oculto

Filoteo el Sinaíta Filoteo el Sinaíta, Cuarenta capítulos népticos, 19; 24

Podremos salir totalmente indemnes de esta enfermedad mortal si no esperamos para mantenernos en guardia que sus peligrosos asaltos le hayan dado ya poder sobre nosotros; pero necesitamos que un sabio y prudente discernimiento prevenga lo que podríamos llamar sus avanzadillas

Juan Casiano Juan Casiano, Instituciones cenobíticas, XII, 29

La oración establece en el espíritu la vigilancia

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 94; 182 (cf. 183)

Hemos recibido la ley de la purificación del corazón solo por esta razón: cuando las nubes de la malicia hayan abandonado el espacio del corazón y hayan sido disipadas por una atención continuada, podremos con toda pureza, como en un cielo sereno, ver a Jesús, el Sol de Justicia

Filoteo el Sinaíta Filoteo el Sinaíta, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, 8

Si quieres... conocer fácilmente la vigilancia del corazón, que la oración de Jesús se pegue a tu aliento

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 94; 182 (cf. 183)

Si van juntas a lo largo de los días, la atención y la oración son semejantes al carro de fuego de Elías: elevan a lo alto del cielo a aquel a quien llevan... Si con un corazón dichoso él lleva a cabo o se esfuerza por llevar a cabo la vigilancia..., en el orden de la contemplación y de la elevación místicas, se convierte en el espacio de Dios que nada puede contener

Filoteo el Sinaíta Filoteo el Sinaíta, Cuarenta capítulos népticos, 27

Si observamos como es debido la pureza del corazón, es decir, la vigilancia y el cuidado de la mente..., ella extirpa del corazón todas las pasiones y todo el mal hasta la raíz

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 113 (cf. 137); 1

[La vigilancia es] un método espiritual que, con la ayuda de Dios, libra por completo al hombre de los pensamientos y las palabras apasionados así como de las malas acciones, si se prosigue largo tiempo y ardientemente

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 113 (cf. 137); 1

[La vigilancia] es propiamente la pureza del corazón

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 113 (cf. 137); 1

La vigilancia es el camino de todas las virtudes y de todos los mandamientos de Dios

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 3. Cf. Doroteo de Gaza, Instrucciones espirituales, X, 105

[La vigilancia] libera por entero al hombre de los pensamientos apasionados y de las malas acciones, si se persigue larga y ardientemente..., proporciona, en la medida de lo posible, un conocimiento seguro de lo Incomprensible, y... abre los misterios divinos y ocultos

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 1 (cf. 104; 175)

Preserva tu corazón de todo pensamiento, incluso aunque parezca bueno

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 49; 20

Que se llame a la custodia del espíritu con sus nombres propios, que le dan todo sus sentido: fuente de luz, fuente de los resplandores, efusión luminosa, portadora de fuego... Por estas luces llameantes que nacen de ella, hay que... llamar a esta virtud con nombres preciosos... Quienes la aman pueden... contemplar los misterios y convertirse en teólogos. Al volverse contemplativos, nadan en esta luz totalmente pura e infinita, la tocan con roces inefables, permanecen y viven con ella, pues al fin han gustado qué bueno es el Señor

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 171 (cf. 160)

La virtud de la atención hace que abunde todo bien en [el] corazón

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 89; 117

[La atención permite al hombre ver] claramente en espíritu a Cristo... con su Padre consustancial y el Espíritu Santo adorable

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 89; 117