La impasibilidad no es no sentir las pasiones, sino no acogerlas. Las pasiones se agotan bajo el número y la variedad de las virtudes manifiestas y ocultas que han adquirido los ascetas. No pueden sublevarse fácilmente contra el alma... Cuando llegan las pasiones, la reflexión se sustrae inmediatamente a su contacto por medio de una conciencia atenta que se halla en el corazón de la inteligencia. Entonces las pasiones la abandonan y no pueden hacerle nada, como dijo el bienaventurado Marcos. La inteligencia que, por la gracia de Dios, realiza las acciones de las virtudes y se ha acercado al conocimiento, no siente apenas lo que procede del mal y de la sinrazón del alma
Traducido del siríaco