la construcción del cuerpo de Cristo, al término de la cual debemos llegar, todos juntos, a no ser sino uno en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, y a constituir ese Hombre perfecto, fuerte y maduro, que realiza la plenitud de Cristo. De modo que no seamos niños..., sino que, viviendo según la verdad y en fa caridad, crezcamos en todos los aspectos hacia Aquel que es la cabeza, Cristo
Sabemos que cuando [Dios] se manifieste, seremos semejantes a Él, porque lo veremos tal cual es
(En el paraíso) el hombre era muy pequeño, pues era niño, y debía desarrollarse para llegar a la edad adulta
Cristo es para nosotros la imagen sin tacha. Hemos de intentar con todas nuestras fuerzas que nuestra imagen se vuelva semejante a Él
El alma... cuando vuelve en sí, como al salir de la borrachera, o del sueño, o de una enfermedad, y se halla en su estado normal de salud, nombra a Dios solo con este Nombre, porque es el nombre propio del verdadero Dios
Buscar a Dios y servirlo sigue siendo para el hombre una búsqueda natural
Al no haber nada que le impidiera (a Adán) conocer lo divino, su pureza le permitía contemplar sin cesar la imagen del Padre, el Verbo de Dios
[El hombre ha sido creado] a imagen del Espíritu
Cuando el Hijo inmortal... fue creado hombre, le concedió por fin ser dios él mismo
La caridad torna al alma sana
El hombre es una criatura que ha recibido el mandato de llegar a ser dios
Decir que el hombre ha sido hecho a imagen de Dios equivale a afirmar que [Dios] ha hecho que la naturaleza humana participe de todo bien... Por tanto, en nosotros reside toda clase de bien, toda virtud, toda sabiduría y todo lo mejor que se puede pensar
Las numerosas virtudes que ponemos en práctica las ejercitamos en conformidad con la naturaleza
Gracias a la humildad [el alma] se mantiene sana
(Adán) no tenía que temer ninguna enfermedad interior: en su carne, una perfecta salud; en su alma, una perfecta serenidad
Porque hemos sido llamados a ser hijos de Dios, nos es tan necesario llegar a ser a imagen del Hijo, para adecuarnos a la marca de la filiación
La gracia de Dios, cuando ve que aspiramos con toda nuestra voluntad a la belleza de la semejanza..., entonces, haciendo florecer virtud sobre virtud y elevando la belleza del alma de esplendor en esplendor, le proporciona la marca de la semejanza... Pero la perfección de esta no la conoceremos más que por la iluminación
[El hombre en el Paraíso] tenía unas facultades sanas y estables, en su estado natural
(cuando el hombre vuelve su alma por las virtudes) se mantiene en el orden de su naturaleza integral
[Cristo] nos ha dado la gran cataplasma que aprieta todos los miembros, que cura toda enfermedad y toda dolencia (cf. Mt 4, 23), a saber, la caridad
Dios ha hecho al hombre a su imagen, es decir..., lo ha adornado con toda virtud
Cuando nuestro pensamiento deja de elevarse a propósito de los bienes naturales, es señal de que comienza a recobrar la salud
Las virtudes son inherentes al alma desde la creación
[El conocimiento espiritual es] la salud del alma
El amor libera al alma de las enfermedades
La virtud está por naturaleza en el alma
Dios ha creado al hombre... adornado con toda virtud y provisto de todo bien
[Quien avanza en la vía de la unión con Cristo] aumenta cada día su crecimiento espiritual, eliminando toda huella de infantilismo y progresando hacia la perfección acabada del hombre. Por eso, según la medida de su edad (espiritual), ve cambiar las facultades y operaciones de su alma, y gana en madurez y en vigor
El alma se inclina por naturaleza hacia los bienes divinos... su propia tendencia se dirige a las cosas inmortales
Aléjate de [tu enfermedad] usando medicinas eficaces -las medicinas del amor y de la compasión- si te preocupas de cuidar de la salud de tu alma
Desde el principio el hombre, creado a imagen de Dios, fue formado con vistas a Cristo, a fin de que pudiera, en el tiempo terminado, asumir en él al Arquetipo; igualmente el mandamiento fue dado en el Paraíso para esto
Solo el Salvador es el primero que ha realizado el hombre auténtico y perfecto
[Cristo] es la imagen del Dios invisible
Dios se hace hombre para que el hombre pueda llegar a ser dios
El hombre verdadero que hay en nosotros es el hombre espiritual
El amor que os tengo me hace suplicar a Dios que os lleve a considerar lo invisible como vuestra herencia. Ciertamente eso no sobrepasa nuestra naturaleza, sino que la corona normalmente
(Adán) al poseer los dones de Dios y el poder propio que le llega del Verbo del Padre... vivía una vida sin preocupación
el alma poseerá el objeto de su esperanza como precio de su virtud
[Cristo] es la fuente de la santificación
Antiguamente, el género humano, tal como puede concebirse, disfrutaba de salud, porque sus elementos, quiero decir los movimientos del alma, estaban equilibrados en nosotros según las leyes de la virtud
Cuando la naturaleza racional reciba la contemplación que le concierne, toda la potencia del espíritu estará sana también
La justicia será completa cuando sea completa la salud: la salud será completa cuando sea completa la caridad
Si el hombre es creado a imagen del Hijo, lo será también en este caso a imagen de Dios, pues en él brillan las características de toda la Trinidad consustancial, ya que la Divinidad es una por naturaleza en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo
Por naturaleza poseemos las virtudes, que nos han sido dadas por Dios. Dios las puso en el hombre al crearlo
Este es el fin bienaventurado con vistas al cual fue constituido todo. Este el proyecto que Dios concibió antes incluso de la creación de los seres... Con este fin creó Dios las esencias de los seres. De este modo, la recapitulación en Dios de toda criatura resulta ser el término tanto de la acción providente de Dios, como de los seres que se benefician de ella. El Verbo, Dios por esencia, se hizo hombre y se convirtió en el anunciador de esta voluntad divina. Hizo aparecer el fondo más íntimo del amor del Padre e hizo ver en Él el fin para el que todas las criaturas fueron creadas. Además, con vistas a Cristo, o dicho de otra manera, para el misterio crístico el tiempo y lo que éste contiene recibieron, en Cristo, su comienzo y su fin
de abandonar el bien e ir al mal, separándose de Dios mediante una opción deliberada
Nuestros Padres... para llegar a la perfección y a la semejanza [con Dios], no dejaban de acoger en ellos la vida entera del Señor Jesucristo
Las virtudes son connaturales al hombre
Cuando Él (el Espíritu Santo) viene, expulsa toda enfermedad y toda debilidad de nuestra alma. Por eso se le llama salud, ya que nos concede la salud del alma
Quien ha librado a sus miembros de la esclavitud de las pasiones y los ha puesto al servicio de la justicia, ha entrado en la santificación del Espíritu Santo
Sabemos que el cumplimiento de los mandamientos de Dios proporciona conocimiento, y un conocimiento verdadero, pues solo por él adquiere el alma la salud
La naturaleza humana ha sido creada desde el origen con vistas al Hombre Nuevo; la inteligencia y el deseo del hombre han sido creados para Cristo: hemos recibido la inteligencia para conocer a Cristo; el deseo, para ser atraídos hacia Él, y la memoria, para llevarlo en nosotros, tanto más cuanto que Él ha servido de modelo para nuestra creación. En efecto, no es el viejo Adán el que ha sido el modelo (jv ieáóec/ua) del nuevo, sino el nuevo del antiguo (cf. Rom 5,1,4). Para nosotros, que lo reconocíamos como nuestro antepasado, el primer Adán pasa por ser el arquetipo de la naturaleza humana; pero para Aquel que tiene ante los ojos todos los seres antes incluso de que existan, el antepasado no es sino la imitación del nuevo Adán. Aquel ha sido creado a imagen y semejanza de este último
La verdad de todo esto apareció cuando el Verbo de Dios se hizo hombre, volviéndose semejante al hombre y volviendo al hombre semejante a Él, para que, por la semejanza con el Hijo, el hombre se vuelva precioso a los ojos del Padre. En efecto, en los tiempos anteriores se decía con razón que el hombre había sido hecho a imagen de Dios, pero esto no se manifestaba, pues el Verbo era aún invisible, Él, a cuya imagen ha sido hecho el hombre. Además, este es el motivo por el que la semejanza se perdió fácilmente. Pero cuando el Verbo se hizo carne confirmó una y otra; hizo que reapareciera la imagen en su verdad plena al convertirse Él mismo en aquello que era su imagen, y restableció la semejanza de forma estable al volver al hombre completamente semejante al Padre invisible por medio del Verbo, visible de ahora en adelante
[El hombre es] auténtica planta celestial
El Padre ha creado todo por el Verbo en el Espíritu, pues allí donde está el Verbo, también está el Espíritu, y lo que el Padre produce recibe su existencia por el Verbo en el Espíritu
Por medio de Cristo es restaurada la integridad de nuestra naturaleza
en la bienaventurada contemplación de la imagen, la indecible belleza del Arquetipo
La asimilación a Cristo, es decir, la salud y la perfección del alma
La impasibilidad es la salud del alma
Dios nos ha dado las virtudes junto con la naturaleza
El Hijo restituye la naturaleza a sí misma
La salud del alma es la impasibilidad
La virtud es por naturaleza la salud del alma
(Adán) moraba en Dios, que moraba en él
[El hombre] ha sido creado para contemplar la naturaleza visible y para ser iniciado en el mundo inteligible
[El cuerpo humano debe ser apto para] las actividades del Espíritu, que se realizan por medio del cuerpo
El hombre tiende hacia Cristo no solo a causa de la divinidad de nuestro Señor, sino también a causa de esta otra naturaleza [la humana] que Él posee
Imitando sus acciones y poniendo en práctica sus palabras estamos en comunión con Él, y de este modo somos creados de nuevo; de Aquel que es perfecto desde antes de la creación recibimos el crecimiento; del único que es bueno y excelente, la semejanza con Él
[El hombre] ha nacido para contemplar el cielo
Él (Cristo) es nuestra perfección
[Por Cristo] los que progresan llegan a ser perfectos
Igual que el enfermo recupera la salud, así el alma recupera su reposo
[Las virtudes] permiten recobrarse y volver al estado de naturaleza por la práctica de los santos mandamientos de Cristo
Si la esencia de la virtud en cada hombre es indiscutiblemente nuestro Señor Jesucristo mismo -como está escrito: ‘Ha sido hecho para nosotros sabiduría y justicia, santificación y redención’ (1 Cor 1, 30), y evidentemente estas cosas se dijeron de Él de forma absoluta, por cuanto Él es la Sabiduría, la Justicia y la Santidad mismas-, todo hombre que participa de la virtud según una conducta estable, participa sin duda de Dios, Esencia de las virtudes, por cuanto ha cultivado con voluntad sincera la simiente natural del bien, y ha vuelto el fin idéntico al principio y el comienzo idéntico al fin, o más bien ha mostrado la identidad real tanto del comienzo como del fin, en perfecto acuerdo con Dios. Pues el comienzo y el fin de cualquier cosa es la intención de Dios acerca de ella: es el comienzo porque añade al ser el bien natural, por participación; es el fin porque, según esta participación, por una decisión del libre albedrío, termina el loable camino que conduce a él, camino gracias al cual se convierte en dios al recibir de Dios ser dios, porque al bien natural según la imagen él ha añadido por libre voluntad la semejanza constituida por las virtudes, que opera, según el deseo de la naturaleza, el regreso a su principio y la intimidad con Él
La salud del alma es... el conocimiento
La paz es la perfecta salud de la conciencia
Allí donde permanecemos en la naturaleza. estamos en la virtud
Entonces se realiza lo que dijo el profeta David: ‘Dije: Todos vosotros sois dioses, e hijos del Altísimo’ (Sal 81,6). Hijos del Altísimo, es decir, a imagen y semejanza del Altísimo
La unión sobrenatural con la luz más que resplandeciente... tiene por efecto establecer y hacer que las potencias interiores del alma y del cuerpo se muevan conforme a la naturaleza
Cristo es el único y el primero que ha realizado el hombre genuino y perfecto en cuanto al comportamiento, en cuanto a la vida y en todos los aspectos
[El Hijo y el Espíritu son las] Manos del Padre
[La caridad es uno de los] lazos indisolubles de la salud y de la salvación
Hemos recibido de Dios la tendencia natural a hacer lo que Él manda... Al usar... de modo conveniente estas fuerzas, vivirnos santamente en la virtud... Tal es, por tanto, la definición de la virtud qué Dios exige de nosotros: el uso concienzudo de estas facultades según la orden del Señor
Cuando la naturaleza racional reciba la contemplación que la concierne, entonces toda la potencia de la inteligencia estará sana también
El mal es la enfermedad del alma, privada de su salud natural, es decir, de la virtud
Lo que la salud es al cuerpo vivo, lo es la virtud con relación al alma
La contemplación mística se revela al espíritu después que el alma ha recobrado la salud
Era necesario que el hombre fuera probado primero. Sin ser probado ni tentado, el hombre no es en absoluto digno
Dice el apóstol: ‘Hablamos de sabiduría entre los perfectos’(1 Cor 2, 6). Con el término ‘perfectos’ designa a aquellos que han recibido el Espíritu de Dios... A esos los llama también el Apóstol ‘espirituales’; son espirituales porque participan del Espíritu... Cuando el Espíritu, al mezclarse con el alma, se une a la obra modelada, gracias a esta efusión del Espíritu se realiza el hombre espiritual y perfecto, y este es el que ha sido hecho a imagen y semejanza de Dios.
las virtudes tienen mucha más afinidad con el alma que la salud con el cuerpo
¿Quién conoce la eficacia de los mandamientos de Dios y quién comprende las potencias del alma, y cómo aquellos curan a éstas y las conducen a la contemplación verdadera?
[La humildad propicia que el hombre] se recupere y regrese a su estado natural
Lo que la salud [es] al cuerpo vivo... lo es el conocimiento con relación al espíritu
El espíritu que ve los misterios ocultos del Espíritu, si ha conservado en él la salud de su naturaleza, contempla perfectamente la gloria de Cristo
Cuando, por el contrario, al alma le falta el Espíritu, ese hombre, al permanecer psíquico y carnal, será imperfecto, y poseerá la imagen de Dios en la obra modelada, pero no habrá recibido la semejanza por medio del Espíritu... Pues la carne modelada por sí sola no es el hombre perfecto; no es más que el cuerpo del hombre y, por tanto, una parte del hombre.
[La templanza] procura la salud
El conocimiento cura al espíritu (νούς)
[Cuando alcanza la impasibilidad,] el alma toma conciencia de su buena salud
El conocimiento nace de la salud del alma
Son perfectos quienes poseen el Espíritu de Dios que permanece siempre con ellos y, al mismo tiempo, se mantienen irreprochables en lo referente a sus almas y a sus cuerpos, es decir, conservan la fe en Dios y observan la justicia para con el prójimo
Por su misma naturaleza un alma sana experimenta tal sentimiento [el amor a Dios]
Cuando la naturaleza racional reciba la contemplación que la concierne, entonces toda la potencia del espíritu estará sana también
[El conocimiento cura al hombre de] esta enfermedad que es la ignorancia de la causa de los seres
La salud del alma es una fuerza que proviene de una larga paciencia
Tres cosas constituyen al hombre perfecto: la carne, el alma y el Espíritu
[La caridad constituye para el hombre] una regla de salud
Del hecho de que seamos capaces de recibir algo, no se sigue de ninguna manera que tengamos la potencia de ello (δύναµις)
Lo que la salud y la enfermedad son al cuerpo vivo..., el conocimiento y la ignorancia lo son al espíritu
El espíritu posee en él la potencia natural de tender hacia la contemplación divina
Los que temen a Dios, los que creen en el advenimiento de su Hijo y, por la fe, permiten que more en su corazón el Espíritu de Dios, ésos serán llamados con justicia hombres ‘puros’, ‘espirituales’ y ‘que viven para Dios’, porque poseen el Espíritu del Padre, que purifica al hombre y lo eleva a la vida de Dios
Igual que el poder de ver se halla en el ojo sano, así también la energía del Espíritu se encuentra en el alma purificada
ni el espíritu humano ni el espíritu angélico son capaces por su naturaleza de llegar a la contemplación de la Divinidad
La naturaleza humana posee por esencia las facultades de investigación y de búsqueda de las cosas divinas; el Creador le ha dotado de ellas en el momento de su paso a la vida. En cuanto a la revelación de las cosas divinas, la realiza por gracia el poder del Espíritu Santísimo, cuando viene a habitar en nosotros. Pero al principio, por el pecado, el Maligno dejó clavadas estas facultades a la naturaleza de las cosas visibles. De este modo, no había ni un solo hombre para escuchar y buscar a Dios, pues todo lo que participaba de la naturaleza mantenía encerrado el poder de su inteligencia y de su razón en la manifestación de las cosas sensibles, y no poseía ninguna noción de las cosas superiores a los sentidos. Con todo motivo, por tanto, la gracia del Espíritu Santísimo, en aquellos que no se habían sometido deliberadamente al error en su vida interior, restableció el poder que había sido amarrado a las cosas materiales, tras haberlo desatado de ellas. Dotados de esta facultad en su estado original de pureza, estos hombres primero rezaron y buscaron descubrir y conocer con ayuda de la gracia. En consecuencia, pudieron buscar y conocer más profundamente, por la gracia misma del Espíritu
[La contemplación de la Divinidad] no se da con la naturaleza, sino por la gracia
Sin el Espíritu de Dios la carne está muerta y es incapaz de heredar el Reino de Dios... Pero allí donde está el Espíritu del Padre, está el hombre vivo; la carne, poseída en herencia por el Espíritu, olvida lo que ella es, para adquirir la cualidad del Espíritu y llegar a ser conforme al Verbo de Dios
La luz del sol atrae al ojo sano. Así también el conocimiento de Dios atrae de modo natural hacia él, por la caridad, al espíritu purificado
Antes de la Encarnación de Cristo no había ni esta contemplación del espíritu ni esta visión
El espíritu es perfecto cuando... posee en la super-ignorancia el super- conocimiento del super-incognoscible
La verdadera contemplación de la Santa Trinidad se le da, pues, al corazón por la revelación de Cristo. Él es quien lo ha enseñado y mostrado a los hombres, primero cuando ha renovado en su propia hipóstasis la naturaleza humana, luego cuando nos ha trazado en Él mismo un camino para que, por medio de sus mandamientos vivificadores, podamos llegar a la verdad