[El hombre] ha nacido para contemplar el cielo
Al no haber nada que le impidiera (a Adán) conocer lo divino, su pureza le permitía contemplar sin cesar la imagen del Padre, el Verbo de Dios
en la bienaventurada contemplación de la imagen, la indecible belleza del Arquetipo
Cuando la naturaleza racional reciba la contemplación que le concierne, toda la potencia del espíritu estará sana también
[El conocimiento cura al hombre de] esta enfermedad que es la ignorancia de la causa de los seres
La contemplación mística se revela al espíritu después que el alma ha recobrado la salud
[El hombre] ha sido creado para contemplar la naturaleza visible y para ser iniciado en el mundo inteligible
Cuando la naturaleza racional reciba la contemplación que la concierne, entonces toda la potencia de la inteligencia estará sana también
Lo que la salud y la enfermedad son al cuerpo vivo..., el conocimiento y la ignorancia lo son al espíritu
El espíritu que ve los misterios ocultos del Espíritu, si ha conservado en él la salud de su naturaleza, contempla perfectamente la gloria de Cristo
¿Quién conoce la eficacia de los mandamientos de Dios y quién comprende las potencias del alma, y cómo aquellos curan a éstas y las conducen a la contemplación verdadera?
El espíritu posee en él la potencia natural de tender hacia la contemplación divina
Cuando la naturaleza racional reciba la contemplación que la concierne, entonces toda la potencia del espíritu estará sana también
[La contemplación de la Divinidad] no se da con la naturaleza, sino por la gracia
ni el espíritu humano ni el espíritu angélico son capaces por su naturaleza de llegar a la contemplación de la Divinidad
Antes de la Encarnación de Cristo no había ni esta contemplación del espíritu ni esta visión
La verdadera contemplación de la Santa Trinidad se le da, pues, al corazón por la revelación de Cristo. Él es quien lo ha enseñado y mostrado a los hombres, primero cuando ha renovado en su propia hipóstasis la naturaleza humana, luego cuando nos ha trazado en Él mismo un camino para que, por medio de sus mandamientos vivificadores, podamos llegar a la verdad