Citas sobre conocimiento — 317 citas

Sobre conocimiento

Se extraviaron en sus pensamientos, y su corazón sin inteligencia se sumió en las tinieblas. Jactándose de ser sabios se volvieron locos, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por imágenes que representaban al hombre corruptible, a pájaros, cuadrúpedos y reptiles

Pablo Apóstol Rom 1, 21-23

A Dios nadie lo ha visto nunca; el Hijo único, que está en el seno del Padre, nos lo ha manifestado

Juan el Evangelista Jn 1, 18

Por haber cometido una falta contra el Logos, el hombre es considerado naturalmente como privado de logos [es decir, de razón] y similar a los animales

Clemente de Alejandría Clemente de Alejandría, El pedagogo, I, XIII, 101,3-102, 1

Hay dos clases de ojos: unos se abrieron por el pecado, los otros les servían a Adán y a Eva para ver antes de que aquellos se abrieran

Orígenes Orígenes, Homilías sobre los Números, XVII

Quien se conoce a sí mismo, conoce a las otras criaturas... Quien sabe amarse a sí mismo, ama también a los demás

Antonio el Grande Antonio el Grande, Cartas, IV, 7

[El alma humana] ha sido hecha para ver a Dios y para ser iluminada por Él

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Contra los paganos, 7

Si queréis creer lo que es más claro -añade, con la intención de reconducir a los pecadores a quienes se dirige al camino del conocimiento verdadero-, debéis creer más a las cosas invisibles que a aquellas que veis con vuestros ojos. Esto parece una paradoja y, sin embargo, es una verdad

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, XLV, 5; cf. 1

¿Quieres llegar a ser un día teólogo y digno de la divinidad? Guarda los mandamientos y progresa mediante la observancia de los preceptos, pues la praxis es el medio de acercarse a la contemplación

Gregorio Nacianceno Gregorio Nacianceno, Discursos ascéticos, XX, 12

Para aquel que se estudia con inteligencia, el cielo y la tierra son menos aptos para hacerle conocer a Dios que su propia constitución. Lo dice el profeta: Admirable el conocimiento de ti que he sacado de mí’ (Sal 138, 6)

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Homilías sobre el Hexamerón, IX, 6

La carne es una niebla y un velo

Gregorio de Nisa

La ignorancia (de Dios) es la enfermedad del alma

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Capítulos gnósticos, II, 8

Igual que aquellos que están en las tinieblas ignoran la naturaleza de las cosas, del mismo modo aquellos que viven en el pecado no distinguen las cosas y corren hacia las sombras como si fueran la realidad

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Homilías sobre los

Uno de los profetas expresó bien su grandeza, cuando dijo: ‘Las riquezas de la salvación son la sabiduría y la ciencia; pero el temor de Dios es su tesoro’ (Is 33, 6). No podía recalcar con más evidencia su dignidad ni su valor, sino diciendo que las riquezas de nuestra salvación, que consisten en la verdadera sabiduría y la ciencia de Dios, no se conservan más que mediante él

Juan Casiano Juan Casiano, Conferencias, XI, 13

(La ignorancia es) la causa de todos los vicios

Marcos el Monje Marcos el Monje, A Nicolás, 3, 10; 13

La sabiduría y el conocimiento son dones de un único y mismo Espíritu

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 9

Él [san Benito] vio una luz... En esta visión... el mundo entero, como si se hubiera juntado bajo un solo rayo de sol, se presentó ante sus ojos

Gregorio Magno Gregorio Magno, Vida de san Benito, 35

La pureza perfecta es el fundamento de la teología

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXX, 21

Lo que la salud [es] al cuerpo vivo... lo es el conocimiento con relación al espíritu

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, IV, 46

[El conocimiento espiritual es] la salud del alma

Talasio el Libio Talasio, Centurias sobre la caridad, la templanza y la conducta del espíritu, II, 2

Igual que el sentido corporal, cuando está dañado por una u otra razón, está privado de la visión, así también, si la inteligencia que hay en la naturaleza no está sana, el co- Marcos el Monje, A Nicolás, 3, 10; 13. Cf. Juan Damasceno, Discurso útil al illuni. Cf. Atanasio de Alejandría, Contra los paganos, 8; Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa, II, 10; Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo. Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 85. Cf. Marcos el Monje, A Nicolás, 3; 10; cf. Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 57. Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 85. Cf. Antonio, Cartas, V, 1; Juan Crisóstomo, Homilías sobre la Epístola a los efesios, XIII, 1; Marcos el Monje, A Nicolás, 10; 12. La afirmación de que, por el pecado, el hombre ha entrado en las tinieblas es constante en las Sagradas Escrituras: Is 9, l; Mt 4, 16; Le 1, 79; 1 1, 34-36; tu 1,5; 3, 19; 8, 12; 12, 35; Hch 26,18; Rom 1,21; 2, 19; 13, 12; Ef4, 18; 5, 8; 5, 11; Col 1, 13; 1 Tes 5,4; 1 Pe 2, 9. Cf. Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, IV, 5; XI, 2, 2; Discurso catequético, 8; Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 26; Evagrio Póntico, Tratado de la oración, 50; Orígenes, Comentario a san Juan, II, VII, 57; Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 56; Juan Casiano, Conferencias, IX, 5; 6. Cf. Juan Crisóstomo, Comentario a san Juan, V, 4; Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 26; Calisto e Ignacio Xanthopouloi, Centuria, 41. Cf. Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad, III, 20; IV, 65; Juan Ginnico, Escala, XV, 83; Doroteo de Gaza, Cartas, 2; Juan Crisóstomo, Homilías sobre los Calendas, 3; Comentario al salmo 142, 3; Homilías sobre I Corintios, XI, 4; Homilías sobra la Epístola a los efesios, XIII, 1; Comentario a san Juan, V, 4; Nicolás Cabasilas, La vida en Cristo, VII, 46. nocimiento no actúa en ella

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 26;

El conocimiento más verdadero es la praxis

Juan de Cárpatos Juan de Cárpatos, Capítulos sobre la vigilancia, 17

(La ignorancia, el olvido y la desatención de Dios son) las tres potencias gigantescas del diablo

Juan Damasceno Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa, II, 10

[La vigilancia] libera por entero al hombre de los pensamientos apasionados y de las malas acciones, si se persigue larga y ardientemente..., proporciona, en la medida de lo posible, un conocimiento seguro de lo Incomprensible, y... abre los misterios divinos y ocultos

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 1 (cf. 104; 175)

Hemos recibido la ley de la purificación del corazón solo por esta razón: cuando las nubes de la malicia hayan abandonado el espacio del corazón y hayan sido disipadas por una atención continuada, podremos con toda pureza, como en un cielo sereno, ver a Jesús, el Sol de Justicia

Filoteo el Sinaíta Filoteo el Sinaíta, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, 8

En lugar del conocimiento divino y espiritual, (el hombre) recibió el conocimiento carnal. En efecto, cegados los ojos de su alma, caído de la vida imperecedera, se puso a mirar con los ojos del cuerpo

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo. Catequesis, XV, 14-15; Tratados éticos, XIII, 54-56

(El hombre caído) se ha comportado de modo antinatural y no razonablemente (ούλογικώς), vive de forma contraria a la razón, se somete a las sensaciones violentando así su dignidad... Ha perdido la actividad natural de la inteligencia, se ha asimilado a los seres sin razón por esta conducta, porque la razón ha muerto en él y la parte menos razonable del alma lo ha arrastrado por culpa de esta conducta

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Del alma, 34

Dice el Apóstol: la letra mata, pero el espíritu vivifica. Están muertos por la letra los que sólo desean saber las palabras, para ser tenidos por más sabios entre los demás y poder adquirir grandes riquezas para dar a sus parientes y amigos.

Francisco de Asís Admoniciones, 7

Con el concurso de la oración, desprecia cualquier representación sensible o intelectual que surja de tu corazón

Gregorio el Sinaíta Gregorio el Sinaíta, Sobre la hesiquía y los dos modos de la oración, 9; 2. Cf. también Cómo debe comportarse el hesicasta en la oración

¿Cómo va a tener salud el alma racional, cuando está enferma en su facultad de conocer?

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, ll, 3, 17. Hablan también de «inteligencia enferma» Isaac de Ninive, Discursos ascéticos, 30

[Hay que aplicar la atención a la oración] permaneciendo sin imágenes ni figuras, sin imaginar ni pensar en nada, ni sensible ni intelectual, ni exterior ni interior, ni aun cuando se trate de algo bueno. Pues Dios está fuera de todo lo sensible y lo inteligible, por encima de todo ello; por lo tanto, el espíritu que quiere unirse a Dios por medio de la oración debe salir a la vez de lo sensible y de lo inteligible, superar todo esto para obtener la unión divina

Nicodemo el Hagiorita Nicodemo el Hagiorita, Enchiridion, 10

[Dios quiere] que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad

Pablo Apóstol 1 Tim 2, 4

En esto sabemos que le conocemos: si guardamos sus mandamientos. Quien dice: ‘Yo lo conozco’ y no guarda sus mandamientos es un mentiroso y la verdad no está en él

Juan el Evangelista 1 Jn 2, 3-4

Por tanto, ni unos son ‘gnósticos’, ni los otros serían ‘psíquicos’, pues en el Logos mismo todos aquellos que han abandonado los deseos de la carne son iguales, todos son ‘pneumáticos’ a los ojos del Señor

Clemente de Alejandría Clemente de Alejandría, El Pedagogo, I, VI, 31, 2

Los pecadores no ven con los ojos buenos, sino con aquellos que se denominan ‘inteligencia de la carne’ (Col 2, 8)

Orígenes Orígenes, Homilía sobre los Números, XVII

[El conocimiento de uno mismo es el conocimiento] de lo que él es según su naturaleza espiritual

Antonio el Grande Antonio el Grande, Cartas, I, 1. Cf. Ibid., IV, 7; Nicetas Stéthatos, Centurias, II, 37

Se dieron cuenta [Adán y Eva] de que estaban desnudos porque habían sido despojados de la contemplación de Dios y habían vuelto su pensamiento en dirección opuesta

Atanasio de Alejandría Atanasio, Contra los paganos,3

A causa de la transgresión del mandamiento, el alma se ha vuelto un juguete de todas las potencias adversas. En efecto, estas le han hecho abandonar su sensatez, han embotado su inteligencia de las cosas celestiales hasta el punto... de que cree que esto ha sido así desde el principio

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, XLV, 5; cf. 1

Sólo la pureza puede abordar a Aquel que es puro

Gregorio Nacianceno Gregorio Nacianceno, Discursos, II, 39

Igual que el poder de ver se halla en el ojo sano, así también la energía del Espíritu se encuentra en el alma purificada

Basilio de Cesarea Basilio de Cesarea, Sobre el Espíritu Santo, XXVI, 61

[El alma,] si se libera de la agitación de las pasiones, vuelve a sí misma y se conoce en su verdadera naturaleza

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Sobre el alma y la resurrección, 73; Homilías sobre las bienaventuranzas, VI, 4

Estoy convencido de que tu mansedumbre ha sido para ti causa de un gran conocimiento. No hay, en efecto, ninguna virtud que engendre la sabiduría como esta mansedumbre por la que Moisés fue alabado como más manso de los hombres

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Cartas, 36 (cf. 41). Cf. Juan Clímaco, Escala, XXIV, 10

(La acción del diablo) perturba de un modo tan desgraciado nuestro Espíritu y hace que nuestro juicio yerre sobre la acertada apreciación de las cosas

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Consolación a Eslagiro, II, 2

(La ignorancia de Dios es) la madre y nodriza de todos los males

Marcos el Monje Marcos el Monje, A Nicolás, 10

La gracia de Dios, cuando ve que aspiramos con toda nuestra voluntad a la belleza de la semejanza..., entonces, haciendo florecer virtud sobre virtud y elevando la belleza del alma de esplendor en esplendor, le proporciona la marca de la semejanza... Pero la perfección de esta no la conoceremos más que por la iluminación

Diádoco de Fótice Diádoco de Fótice, Cien Capítulos gnósticos, 89

[La perfección de la oración es] el arrobamiento en el Señor

Juan Clímaco Juan Clímaco, Escala, XXVIII, 19

[La enfermedad de Adán] consistió en ignorar a Aquel que es la causa del hombre

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo; Ibid., 52: «Estábamos enfermos de ignorancia, como no debía ser»; Centurias sobre la caridad, VI, 46

el conocimiento es la salud del alma

Talasio el Libio Talasio, Centurias, II, 2. Cf. Evagrio Póntico, Capítulos gnósticos, II, 8

(Por haberse) dejado atar al conocimiento mundano, (el hombre no puede) escapar de las trampas del error, (y produce) pensamientos enfermos

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 69

Esforzaos, entonces, por dar a conocer mediante las obras la fe y el conocimiento. Pues aquel que se ha quedado ciego por haberse entregado solo al conocimiento, se oirá decir: ‘Confiesan que conocen a Dios, pero lo niegan con sus obras’ (Tit 1, 16)

Juan de Cárpatos Juan de Cárpatos, Capítulos sobre la vigilancia, 17

(El mal es una) invención del diablo, de su libertad

Juan Damasceno Cf. Juan Damasceno, Exposición exacta de la fe ortodoxa, II, 30;

Procura no tener en tu corazón ningún pensamiento, ni irracional ni racional

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 49; 20

Si van juntas a lo largo de los días, la atención y la oración son semejantes al carro de fuego de Elías: elevan a lo alto del cielo a aquel a quien llevan... Si con un corazón dichoso él lleva a cabo o se esfuerza por llevar a cabo la vigilancia..., en el orden de la contemplación y de la elevación místicas, se convierte en el espacio de Dios que nada puede contener

Filoteo el Sinaíta Filoteo el Sinaíta, Cuarenta capítulos népticos, 27

Si el hombre no hubiera caído del conocimiento y de la contemplación de Dios, no habría descendido hasta este otro conocimiento

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XV, 22-24

La ignorancia (de Dios) es una calamidad, y más que una calamidad. Es verdaderamente las tinieblas palpables (cf. Ex 10, 21). Oscurece las almas en las que se encuentra. Divide profundamente el pensamiento e impide al alma unirse a Dios. Todo lo que se junta con ella es desorden y sinrazón. Pues ella vuelve al hombre entero irracional e insensible... Cuando se expande y se espesa, se convierte para el alma que se le somete en un abismo infernal en el que están todos los tormentos, todos los dolores, todas las tristezas, todos los gemidos

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Centurias, III, 19

Aunque se presenten ante ti unos conceptos buenos de las cosas, no les prestes atención

Gregorio el Sinaíta Gregorio el Sinaíta, Sobre la hesiquía y los dos modos de la oración, 9; 2. Cf. también Cómo debe comportarse el hesicasta en la oración

[Ese conocimiento no se produce más que] cuando cesa toda actividad intelectual

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, I, 3, 17; 18. Cf. Dionisio Areopagita, Sobre los nombres divinos, I, 5, en PG 3, 593BC

[Las perfecciones invisibles de Dios, su poder eterno y su divinidad] se ven a simple vista, desde la creación del mundo, cuando se las considera en sus obras

Pablo Apóstol Rom 1, 20

Sabemos que cuando [Dios] se manifieste, seremos semejantes a Él, porque lo veremos tal cual es

Juan el Evangelista 1 Jn 3, 2

Está escrito: a quien tiene, se le añadirá más...; al conocimiento, la caridad

Clemente de Alejandría Clemente de Alejandría, Stromata, VII, 10, en PG 9, 480A; 481A

[Teniendo un conocimiento justo de su estado, el hombre] conoce también las demás criaturas que Dios ha sacado de la nada

Antonio el Grande Antonio el Grande, Cartas, I, 4; IV, 7; I, 1; 4

El mal no viene de Dios, no está en Dios, no existía al principio

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Discurso Contra los paganos, 7

Todo el esfuerzo y el trabajo de los Padres, y el del mismo Señor, tienden a esto: que todos los hombres conozcan a Dios

Macario de Egipto

[El alma] entonces contemplará al Modelo por su propia belleza como en un espejo y una imagen

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Sobre el alma y la resurrección, 73; Homilías sobre las bienaventuranzas, VI, 4

[Muchos no son sino] ignorantes en el conocimiento

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Cartas, 62

(Los hombres pecadores) Son realmente insensatos..., pues no han aprendido nunca a conocer la verdadera naturaleza de las cosas

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Consolación a Eslagiro, II, 2

(La ignorancia y el olvido de Dios) entenebrecen al alma con una terrible e inestable curiosidad

Marcos el Monje Marcos el Monje, A Nicolás, 10

Lo que la salud y la enfermedad son en relación al cuerpo vivo..., el conocimiento y la ignorancia lo son en relación al espíritu

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo; Ibid., 52: «Estábamos enfermos de ignorancia, como no debía ser»; Centurias sobre la caridad, VI, 46

La sabiduría divina es la única que concede la gracia de la teología mística

Talasio el Libio Cuestiones a Talasio, 63, Escolio 17, en PG 90, 689A = Escolio 4, en CCSG 22, 18

El conocimiento espiritual sigue por naturaleza a la obra de las virtudes. Pero el temor y el amor preceden a los dos. Y el temor mismo precede al amor. Cualquiera que afirme descaradamente que es posible adquirir los últimos sin haber ejercitado los primeros, asegura sin ninguna duda la perdición de su alma. Pues esta es la vía del Señor: la obra de las virtudes y el conocimiento espiritual nacen del temor y del amor

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 44

Preserva tu corazón de todo pensamiento, incluso aunque parezca bueno

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 49; 20

Al hacerse transgresor e ignorante de Dios, el hombre acopló toda su potencia intelectual a la sensación

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Catequesis, XV, 22-24. i

Quien mediante la pureza ha alcanzado el conocimiento de los seres, se conoce a sí mismo... Pero el que aún no ha alcanzado los logoi mismos de la creación, de las cosas divinas y humanas, conoce lo que hay a su alrededor y fuera de él, y no se conoce en absoluto

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Centurias, II, 36. Cf. Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 67

Si queremos descubrir y conocer la verdad sin temor a equivocarnos, procuremos no tener más que la operación del corazón absolutamente sin forma ni figura, no reflejar en nuestra imaginación ni forma ni impresión de las llamadas cosas santas, no contemplar ninguna luz, pues el error, sobre todo al principio, acostumbra a confundir la mente de los menos experimentados con estas fantasías engañosas

Gregorio el Sinaíta Gregorio el Sinaíta, Sobre la hesiquía y la oración; Cómo debe el hesicasta comportarse en la oración

La negación por sí sola no le basta a la inteligencia (νούς) para alcanzar las cosas supra-inteligibles; la elevación mediante la negación... produce únicamente la imagen de la contemplación inexpresable y de la realización plena del espíritu en esta contemplación; pero ella misma no es esta realización

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, I, 3,19

[Dios ha puesto en los seres] la sabiduría variadísima

Pablo Apóstol Ef 3, 10

El conocimiento termina en la caridad

Clemente de Alejandría Clemente de Alejandría, Stromata, VII, 10, en PG 9, 480A; 481A

[El hombre] conoce la economía de la salvación realizada por el Creador y todo lo que Este ha hecho por las criaturas

Antonio el Grande Antonio el Grande, Cartas, I, 4; IV, 7; I, 1; 4

Los hombres, al negarse a pensar en el bien, se han puesto a concebir y a imaginar cosas que no existen

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Discurso Contra los paganos, 7-8

[El hombre impasible] concibe pensamientos puros sobre todas las cosas

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, LIII, 15

El hombre interior, el corazón..., una vez desembarazado de la herrumbre que manchaba su belleza, recuperará su imagen primera. De este modo el hombre, al mirarse, verá en él a Aquel que busca. Esta es la alegría suprema que llena su corazón purificado: contempla su propia pureza y descubre en la imagen al Modelo. Cuando miramos al sol en un espejo, aun sin levantar los ojos al cielo, vemos el sol en el resplandor del espejo lo mismo que si miráramos al propio disco solar. No podéis contemplar la luz en sí misma, pero, si recuperáis la gracia de la imagen depositada en vosotros desde el principio, poseeréis en vosotros el objeto de vuestros deseos

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Sobre el alma y la resurrección, 73; Homilías sobre las bienaventuranzas, VI, 4

El cristianismo es la doctrina de Cristo, nuestro Salvador, que se compone de la praxis, de la física y de la teología

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, 1

El que es virtuoso y teme al Señor es el más sabio de los hombres

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Juan, XLI, 3

El conocimiento, aunque sea real, no está asegurado si no se concreta en obras propias, porque la praxis es la consolidación de todo

Marcos el Monje Marcos el Monje, De quienes piensan que están justificados por sus obras, 12

El mal uso de la facultad racional es la ignorancia y la demencia (άφροσύνη)

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Centurias sobre la caridad. III, 3. Cf. Juan Damasceno, Discurso útil al alma

La caridad... engendra la iluminación del conocimiento

Talasio el Libio Talasio, Centurias, IV, 60

De la fe nace el temor de Dios. Pues bien, cuando este acompaña a las obras y se eleva por poco que sea hacia el cumplimiento, engendra el conocimiento espiritual... La fe suscita en nosotros el temor, y el temor nos fuerza a arrepentirnos y a poner manos a la obra. Así se le da al hombre el conocimiento espiritual, que es la sensación de los misterios, la cual engendra la fe de la verdadera contemplación. Sin embargo, el conocimiento espiritual no nace sencillamente de la fe pura, sino que la fe engendra el temor de Dios; y en el temor de Dios, cuando empezamos a actuar por él, de la energía de este temor nace el conocimiento espiritual, como dijo san Juan Crisóstomo: ‘Cuando alguien adquiere la voluntad de seguir el temor de Dios y la recta sabiduría, recibe rápidamente la revelación de los misterios’

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 18

Que se llame a la custodia del espíritu con sus nombres propios, que le dan todo sus sentido: fuente de luz, fuente de los resplandores, efusión luminosa, portadora de fuego... Por estas luces llameantes que nacen de ella, hay que... llamar a esta virtud con nombres preciosos... Quienes la aman pueden... contemplar los misterios y convertirse en teólogos. Al volverse contemplativos, nadan en esta luz totalmente pura e infinita, la tocan con roces inefables, permanecen y viven con ella, pues al fin han gustado qué bueno es el Señor

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 171 (cf. 160)

Dios mío, yo no puedo decir lo que son las cosas visibles... todos hemos caído en la vanidad y somos incapaces de hacer un juicio verdadero sobre los seres

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Himnos, IV, 68-70

El conocimiento de Dios, del que podemos decir que es una fuente radiante e infinita de luz, vuelve divinamente luminosas a las almas en las que se encuentra por la pureza

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Centurias, II, 67; III, 19-20

Si practicas como es debido la hesiquía a la espera de la unión con Dios, no dejes nunca que un objeto sensible o inteligible, exterior o interior, aunque sea la imagen de Cristo, o la forma pretendida de un ángel, o de santos, o una luz, se inscriba o se dibuje en tu mente

Gregorio el Sinaíta Gregorio el Sinaíta, Sobre la hesiquía y la oración; Cómo debe el hesicasta comportarse en la oración

Dios no solo está por encima del conocimiento, sino por encima del desconocimiento

Gregorio Palamas Ibid., 4

Si alguno cree saber algo, todavía no ha conocido como hay que conocer

Pablo Apóstol 1 Cor 8, 2

Quien se conoce, conoce a Dios

Antonio el Grande Antonio el Grande, Cartas, VII

Apartada del bien, y olvidando que ella es a imagen del Dios bueno, la potencia que está [en el alma] deja de ver al Dios Verbo, a semejanza del cual ha sido hecha; saliendo de ella misma, no piensa ni imagina más que la nada

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Discurso Contra los paganos, 7-8

Sin el Señor Jesús y la actuación de la potencia divina, nadie puede conocer la sabiduría y los misterios de Dios

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, XVII, 10

No es posible que se una nunca a la luz aquel que no brilla con el reflejo de esta luz

Gregorio de Nisa Gregorio de Nisa, Sobre la meta que conseguir según Dios. Cf. Gregorio Nacianceno, Discursos, XLV, 3

La ciencia de nuestra salvación está constituida por estas tres cosas [la praxis, la física y la teología]

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Capítulos gnósticos, I, 10

El que teme a Dios posee la sabiduría

Juan Crisóstomo Juan Crisóstomo, Comentario a san Juan, XLI, 3

[Adán estaba destinado a] un conocimiento y una información semejantes a las de Dios, pues gracias a la deificación de su inteligencia y a la mutación de sus sentidos, el hombre ya no habría sido un mero hombre, sino un dios

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio. prólogo, en PG 90, 257D-260A

La salud del alma es... el conocimiento

Talasio el Libio Talasio, Centurias, II, 2

Lo que engendra este conocimiento espiritual no es el temor de Dios..., sino que este conocimiento se ofrece como un don, desde el momento en que se pone por obra el temor de Dios

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, 18

Cuando el espíritu se ha despojado por completo de todos los pensamientos y de las formas que estos le imponen, entonces lo ilumina la bienaventurada luz de la Divinidad si es que, gracias al vacío de todos los pensamientos, este resplandor se revela de pronto a la inteligencia pura

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 89; 117

[Solo] por medio de la praxis y los santos combates [de la ascesis se puede] adquirir el conocimiento [espiritual]

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, II, 10

El conocimiento de Dios significa que Dios conoce a quien se edifica en él por la humildad

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Centurias, III, 80

Y estos hombres que veneran únicamente la contemplación apofática, que no creen en la existencia de ninguna actividad ni de ninguna visión que esté por encima de ella... no ven propiamente, pues no conocen nada y carecen de conocimiento y de visión

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, II, 3, 53

El conocimiento será abolido

Pablo Apóstol 1 Cor 8, 8

Cuando el sol brilla e ilumina toda la tierra con su luz, si un hombre se tapara los ojos y se imaginara que está en la Oscuridad, cuando la oscuridad no existe, y luego caminara al azar como si vagara en la oscuridad, cayendo sin cesar y rodando por precipicios, pensaría que no es de día, sino que él está en la oscuridad; creería mirar, pero no vería nada en absoluto. Lo mismo del alma humana, tapándose los ojos que le permitían ver a Dios, ha concebido el mal y, al moverse por él; cree que hace algo cuando no hace nada, pues es la nada lo que imagina. No ha permanecido tal como fue hecha, sino que se muestra como ella misma se ha moldeado. Pues ha sido hecha para ved a Dios y para ser iluminada por él; pero, en lugar de a Dios, lo que ha buscado son las cosas corruptibles y las tinieblas

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Discurso Contra los paganos, 7-8. Hallaremos una comparación análoga en Gregorio de Nisa, Tratado de la virginidad, XII, 2

[Aquel que es digno del conocimiento de Dios se hace partícipe] de la inteligencia que no es de este mundo

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, XVII, 10

La caridad es la puerta del conocimiento natural

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Tratado práctico, prólogo, 8

[La creación] contemplada espiritualmente, es el árbol del conocimiento del bien; considerada bajo su aspecto material, el del conocimiento del mal. En efecto, se vuelve un maestro que enseña las pasiones y conduce al olvido de Dios a quienes no mantienen con ella más que relaciones corporales

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo, en PG 90, 257D-260A

Un hombre que ha llegado a conocer la medida de su debilidad ha alcanzado la perfección de la humildad

Isaac de Nínive Isaac de Nínive, Discursos ascéticos, Ti

La virtud de la atención hace que abunde todo bien en [el] corazón

Hesiquio de Batos Hesiquio de Batos, Capítulos sobre la vigilancia, 89; 117

[Es necedad y ceguera suponer que el conocimiento espiritual] es idéntico a la elaboración de conceptos que realiza su pensamiento

Simeón el Nuevo Teólogo Simeón el Nuevo Teólogo, Tratados éticos, IX, 28s. Cf. Capítulos teológicos, gnósticos y prácticos, I, 100

El que ama a Dios, el que considera que no hay nada preferible a su amor y al amor al prójimo, ese conoce también las profundidades de Dios y los misterios de su Reino, como debe conocer aquel que es conducido por el Espíritu divino

Nicetas Stéthatos Nicetas Stéthatos, Centurias, III, 80

La contemplación no es sólo desprendimiento y negación; es una unión y una divinización que sobrevienen... tras el desprendimiento

Gregorio Palamas Gregorio Palamas, Triadas, I, 3, 17

Entonces conoceré como he sido conocido

Pablo Apóstol 1 Cor 13, 12

Los hombres, en su locura, despreciaron el don que se les había hecho, se apartaron de Dios y ensuciaron de tal manera su alma que no solo olvidaron la idea de Dios, sino que se forjaron otros dioses en su lugar. Se hicieron ídolos en vez de la verdad, y prefirieron la nada al verdadero Dios, adorando a la criatura en lugar de al Creador

Atanasio de Alejandría Atanasio de Alejandría, Sobre la encarnación del Verbo, 11

[Aquel que es digno del conocimiento de Dios difiere] en todo de todos los hombres que tienen el espíritu del mundo

Macario de Egipto Macario de Egipto, Homilías, colección II, XVII, 10

El espíritu que se ha despojado de las pasiones y ve las intelecciones de los seres, no recibe verdaderamente los simulacros que (llegan) por los sentidos; es como si su conocimiento creara otro mundo

Evagrio Póntico Evagrio Póntico, Capítulos gnósticos, V, 12

El mal consiste en ignorar al benéfico Autor de las criaturas. Esta ignorancia, por una parte, encogió el espíritu; por otra, abrió ampliamente el camino a los sentidos, alejando al hombre por completo del conocimiento divino, para no llenar su existencia más que del conocimiento apasionado de las cosas sensibles

Máximo el Confesor Máximo el Confesor, Cuestiones a Talasio, prólogo, en PG 90, 257D-260A
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